Mandado: Mar Sep 29, 2009 7:53 pm Asunto del mensaje: Recopilatorio de Historias y Cuentos v2.1
Recopilatorio de Historias Cortas de la Taberna v2.1
¡Saludos, queridos parroquianos! Tengo dos noticias, una buena y una mala. Bueno, dos malas.
-El Recopilatorio 2 desapareció tras meses de inactividad. Eso es malo.
-Las historias publicadas desaparecieron. Eso también es malo (o regular si las tiene el nerubian).
-Hemos descubierto que el prunning son 6 meses. Eso es... algo parecido a bueno.
Como el Recopilatorio 1, este post es exclusivo para la recopilación de cuentos, historietas, poemas, microrrelatos, garabatos, notas al margen... de cualquier relato considerado corto. Todo lo que quede englobado en la anterior clasificación, va en este tema.
Gracias por contribuir a disfrutar de una Taberna más espaciosa.
Mandado: Mar Sep 29, 2009 9:21 pm Asunto del mensaje:
-- El Pastel de carne -- Relato autoconclusivo
- ¡Noticias de Papá, noticias de Papá! – los gritos de una pequeña elfa abrieron las cortinas de la casa, mientras su madre salía con el rostro arrebolado, mezcla de sorpresa y alegría.
- Tranquila, Lindo – la madre alzó a la niña en brazos, cogiéndole de entre las manos un paquete grande envuelto en lino. Dejó a la niña sobre una mesa, y sonrió. La pequeña jadeaba feliz, mirando a sus hermanos.
Otros tres elfos pequeños dejaron rápidamente sus tareas: un juego de madera por allí, la mesa para la cena por allá. Los cuatro sin’dorei se acercaron a su madre, en una carrera liviana, como si no les pesara ni su propio cuerpo. Incluso la pequeña casa, construida de forma circular según las costumbres, pareció recogerse en torno a la familia, abrigándola con sus tonos granates y sus cálidos paños.
"Almarë,
Te escribo desde Rémol, en tierras de Lordaeron. El negocio de pieles va viento en popa, ya no tengo problemas con el sr John Collins, ese Renegado que me hacía la competencia. Hemos llegado a un fino acuerdo gracias a un mediador, y ahora nos repartimos el mercado. Todavía entreno la disciplina aprendida como Errante en Quel’thalas, y con eso consigo algunos excedentes que tal vez nos permitan con el tiempo volver a estar juntos. Os echo mucho de menos, Almarë, no os mando aún el dinero porque confío reunir una gran cantidad estos días que quedan, y sé que aún os resta suficiente, siempre has sabido administrarlo bien.
Sí que os mando un pequeño detalle, una parte de mí. Disfrutadlo."
Almarë miró el paquete, llevándolo hacia la mesa. Un hilo de cabecitas le seguía, con ojos inquietos como gotas de agua tintineando. La elfa abrió el paquete, y después la caja de papel que cubría la sorpresa. Las vocecillas de sus hijos corearon con entusiasmo mientras ella se giraba, mostrándoles un pastel horneado ya frío por el viaje.
- ¡Papá nos envía uno de sus platos! – exclamó a los hijos, animándoles. – Extraño, nunca ha sabido cocinar muy bien – pensó para sí misma.
Los chiquillos terminaron de poner la mesa, y la madre añadió el regalo, una vez calentado en las brasas que aún ardían, al menú habitual: algo de carne sazonada y un poco de verdura fresca del mercado. A pesar de su situación actual, Almarë intentaba mantener un nivel de vida propio de una familia de mercaderes.
Con habilidad partió el pastel en varios pedazos, y sirvió a sus hijos porciones más grandes que a sí misma. Se sentó, y permitió a los niños empezar la cena, mientras en su mente las últimas palabras se repetían enigmáticas:" una parte de mí. Disfrutadlo."
*************************************************
Huorë entró en la casa. Era una casa adecuada, simple, pero adecuada. Lejos del núcleo del pueblo, le permitía mantenerse alejada del hedor a podredumbre; pero estaba lo suficientemente cerca como para recibir la protección de la guardia. Dejó el saco de pieles sobre la mesa, había sido un buen día. Parece que Collins no volvía a interponerse entre él y sus beneficios, parece que finalmente el Renegado había aceptado su derrota y comenzaba a ceder en los precios, a no rebajarlos con arriesgada insistencia. Parecía que incluso sus reservas comenzaban a escasear, dejando al elfo que llenara los vacíos con su propia mercancía. Unas ricas ganancias que conseguiría enviar en cuanto terminara la semana, como solía hacer.
El sin’dorei se desperezó suspirando, echaba de menos a Almarë. En ese pueblo no había muchos elfos, aunque últimamente comenzaban a aparecer más, fruto de una extraña migración que aún no entendía. En cualquier caso, suponía que tendrían causas similares a él. Aún recordaba el día en que llegó, cómo estrechó la mano de la posadera, y cómo tuvo que devolvérsela después, absolutamente avergonzado, intentando recolocarle los huesos del antebrazo después de habérselo arrancado.
En ese momento miró a la puerta. Se acababa de cerrar de golpe. El viento, pensó el elfo: convenía cerrar las ventanas. Sin embargo, un rápido vistazo le reveló que también estaban cerradas. Inquieto, miró alrededor: tal vez un golpe de aire pudiese cerrar una madera, pero no podía con los marcos de hierro de ninguna manera.
El corazón le latía acelerado, se acercó a su habitación para coger la vieja espada, pero de pronto lo sintió: un sonido agudo y afilado, como si sus oídos estuviesen siendo arrancandos con tenazas. Se giró desconcertado, cayendo de rodillas, con las manos tapándose las orejas. No acertó a ver nada, tan sólo sintió un latigazo en los ojos, y un profundo escozor. Una de las manos, involuntaria, se obligó a buscar la causa, mientras la tierra lanzada aún caía por su rostro. Después sólo siguieron gateos desesperados hacia donde recordaba la puerta, y un pinchazo intenso en el costado, y un líquido caliente que se vertía. Y la puerta abierta, y un último tropiezo con el escalón.
*************************************************
- Oh, así que es usted el mensajero de John Collins, perfecto, pase. Permítame presentarme, sí, Sorrowful, así le ha dicho su amo. Pero llámeme Rosemary – la Renegada frotó sus secas palmas sobre el delantal, quitándose la harina sobrante; acto seguido estrechó la mano del joven elfo.- Así que John contrata elfos para sus trabajos en Quel’thalas, muy apropiado, sí, jejeje – la voz de la mujer sonaba como tablas arrancadas de un suelo carcomido.
- ¿Sabe? Sí, en efecto es extraño que una artesana como yo contrate a un mensajero de un conocido. Sí, no parece muy apropiado para mi trabajo, ¿verdad? Pero bueno, a mi edad… Jejeje, o a mi estado mejor dicho, una tiene ciertas manías, usted lo entenderá, ¿a que sí, querido? Sí, muy bien, siéntese. Aquí tengo su paquete – señaló con su larga uña, decorada con una dosis ingente de mugre, el molde recién sacado del horno. Después se acercó para empacarlo. – Como le digo, una tiene sus manías. En mi caso son cuatro:
La primera es no contratar un mensajero propio, sino siempre uno del contratista con el que acabo de trabajar. Es interesante, porque eso me permite tener con él cierta confianza, pero al mismo tiempo, me da la distancia necesaria como para poder engañarle en todo cuanto quiera. Oh, no, querido, no me mires así, a ti no te voy a engañar. Tú eres demasiado bonito.
La segunda es no pensar en el asesinato como una rutina, sino analizar cada víctima como un mundo aparte. Aparte de las indicaciones del contratante, como el señor Collins, que me pidió explícitamente: “que parezca un asesinato”, hay que añadirle un toque personal. ¿Sabes? Es extraño, habitualmente suelen pedirme lo contrario, que no parezca un asesinato. Creo que ese señor tuyo quiere ganarse una reputación, ¿me coges? En fin, volvamos a mi regla: digo que es especialmente apropiada, porque no se puede atacar a un orco con armas contundentes, porque no servirán de mucho, y evidentemente, no se puede atacar a un elfo aprovechando el silencio. Si quisiera matarte ahora, tendría que hacer mucho ruido, ¿no? Tendría que anular esa ventaja tan preciada que tienes. Oh, no, querido, no me mires así, a ti no te voy a matar ahora. Tú eres demasiado bonito
La tercera es añadir a cada trabajo un toque personal. Un aderezo que sea mitad mío, mitad de la víctima. No siempre se mata por trabajo, a veces por gusto, ¿verdad? Cada caso tiene que ser particular, delicioso, apreciable como un postre después de una gran comida. ¿Sabes? Yo antes era pastelera, así que suelo aprovecharlo. Ésa es mi parte, pero oh, qué listo eres, pequeño. Ya estás esperando la mitad de la víctima. Bien, te pondré un caso particular, el ingrediente sorpresa de este plato. – La Renegada sonrió limpiando un cuchillo de cocina, y con el filo, volvió a señalar. Esta vez mostraba un objeto en semipenumbra, mojado por algo espeso y oscuro. Parecía un homínido recostado, sin pantalones, con los muslos abiertos y un gran agujero. Algo faltaba allí, algo que hizo al mensajero llevarse la mano a la entrepierna y rezar a todos sus dioses.
- Oh, no, querido, no me mires así, a ti no te voy a hacer eso. Tú eres demasiado bonito.
*************************************************
El alarido de la pequeña Lindo fue tal, que varias copas del Bosque de Canción Eterna vieron a sus pájaros escapar asustados. El grito se mantuvo durante varios segundos desgarrando el cielo púrpura de Quel’thalas, hasta que fue sustituido por un llanto más calmo, más grave, más adulto, que cerró el día en la pequeña casa. Un sollozo amargo que abrió una noche mucho más larga de lo acostumbrado.
*************************************************
Me encanta cómo eres, querido, has vuelto a averiguar mi cuarta regla, ¿verdad? Oh, sí, y también a por esto – La Renegada le entregó una bolsa de cuero llena de monedas, a modo de pago - ¿Ves? Aún no estás satisfecho, veo en tus ojos esa curiosidad de tu raza, esas ganas de saber. Ah, me encantan – Rosemary se relamía con su lengua seca y agrietada.- Bien, te diré que la cuarta regla que sigo es sencilla, y complementa a la primera. No confiar a nadie mis dos identidades, sólo una. ¿Sabes, querido? Sí, no pongas esa cara, eso quiere decir lo quiere decir. No sería muy inteligente ir desvelándolo todo a los mensajeros de mis clientes, ¿verdad? ¿Que qué es esto? ¿Que no es un cuchillo “de cocina”? No, mi amor, claro que no lo es. Es algo mucho más divertido…
Mandado: Mie Sep 30, 2009 6:37 am Asunto del mensaje:
Esta muy bueno el relato, te deja una sensacion como de... Ugh, si, ese tipo de sensacion te queda.
Ibay24.es - Tarjetas prepago (2 meses de WoW) por sólo 19,99€! World of Warcraft por sólo 9,99€, The Burning Crusade 9,99€, Wrath of the Lich King 19,99€ y más … Pulsa aquí y aprovéchate ahora!
Mandado: Lun Oct 12, 2009 9:47 am Asunto del mensaje:
Pretor_Khas escribió:
-Las historias publicadas desaparecieron. Eso también es malo (o regular si las tiene el nerubian).
He recuperado el tema del caché de Google. Tengo guardado hasta el relato 112, RELATO V1, por whitri, que creo fue el último publicado, pero no estoy realmente seguro. Si alguno se acuerda, le agradecería mucho si lo confirmase.
Una cosa más: durante el proceso descubrí que Internet Archive: Wayback Machine ha actualizado con algunas capturas de nuestra página su base de datos.
Mandado: Dom Ene 31, 2010 5:31 pm Asunto del mensaje:
Ya que se borró el primero, a ver si llegamos con este, como mínimo, hasta donde aquél!
Exiliado
Gobernaba con mano de hierro hasta donde la vista le alcanzaba. Era el rey exiliado en un palacio acogedor. No podía sino pensar en la verde extensión que dejó atrás, una mujer ahora muerta y un par de hijos a los que nunca vería más. Atrapado en su vida pasaba, cada risa que escuchaba perdido en su memoria le acuchillaba como si de un puñal se tratara, ya no debía quedar hueco alguno en su corazón sin atravesar. Pero cuando menos se lo esperaba, otra carcajada serpenteaba presta abriéndose paso hendiéndolo una vez más.
Algo le toca la mano. La única compañía que le queda, Max, aunque inferior a él, es el último retazo que le ata a su vida pasada. Nunca lo había considerado un sirviente y en cierto modo ya no lo era. Libre de ir donde quisiera, Max eligió quedarse junto a su amo, el rey exiliado en su palacio acogedor. Rodeado por doquier de otros como él, paseaba mirándolos con desdén, todavía no estaba acostumbrado a su nueva situación. Una y otra vez se preguntaba: ¿Cómo había podido acabar durmiendo entre unas sucias cajas de cartón?
El dinero da la felicidad, propicia el amor y en cierta medida puede curar ciertos males del cuerpo. Cuando la guadaña espera para cosechar lo que más quieres, todo el dinero es poco para pagar el soborno. Por esta vez está calmada, aunque el coste de la vida incrementará cada vez más. Es el precio que hay que pagar, normalmente la gente lo acepta. Pero ¿Y si se tienta a la mano que sostiene la segadora, retándola a no cortar? La reina parecía dormida en su féretro de cristal, llorada por un par de enanitos que todavía pensaban que podría despertar. Pero nadie llegó a lomos de un corcel blanco. Todos aguardaban la llegada de un rey que nunca aparecería. Éste buscaba consuelo en el fondo de un vaso con un par de hielos. Ajeno a todo lo que no fuese aquello, manos invisibles le iban despojando de su reino. La madre de Blancanieves se llevó a los enanitos sin que él pudiera hacer nada, la espada de Damocles pendía sobre su cabeza. Y cayó .Con toda la fuerza con la que puede caer un Dios.
Todo aquello le producía dolor de cabeza. Detalles de una vida pasada que nunca recuperaría, ahora la espada la sostenía él y amenazaba a cualquier incauto que entrara en sus dominios. Después de todo seguía siendo un rey, era el rey del palacio de cajas de cartón, cuyo reino se extendía vasto y grande hasta el final del callejón. _________________
Mandado: Vie Abr 09, 2010 1:58 pm Asunto del mensaje:
Hola a todos los que tal vez recuerden que esto aun existe (en teoría).
Cuelgo un relato, que esta zona está bastante... bueno, totalmente muerta.
Nota: Si no queréis leer algo cutre, hecho por un aficionado, con faltas y con un contenido totalmente típico y personajes de los de siempre, largo .
En el banco: Cuando nadie escucha al viento susurrar mentiras
Hace sol, es sin duda uno de esos días normales de enero, al menos en la zona geográfica donde se sitúa la gran urbe claro está. Como he mencionado pocos segundos atrás estamos en una urbe, localizada en costa mediterránea. Al sur de Mónaco, mucho más al sur de Marsella, pero no tanto como para llegar al fin del antiguo mundo griego, Gibraltar. Arriba de Málaga, pasamos Alicante, Valencia y Tarragona, pero no llegamos a la costa brava. Tan solo una gran urbe se encuentra en la descripción, Barcelona.
Es un lugar abierto, pero rodeado de edficios. No es evidentemente el puerto ni la playa, ni ninguno de los parques de famoso nombre. Aún menos el zoo, pues no hay mucha variedad animal o vegetal.
Es una plaza, y una muy conocida; Plaza Cataluña. Redonda, con un mirador entre fuentes, lugar de gran paso humano. Como si se tratara del corazón para la sangre, rodeado de pulmones, tejidos y huesos, en este caso edificios: Fnac, Corte Inglés, BBVA, etc.
Cuando digo gran urbe me refiero claramente como ya sabréis o imaginéis a urbe en comparación a su posición geográfica, pues no es Londres o Moscú, no vayamos a mencionar Nueva York o Tokio.
No nos vayamos a desviar. Es un día soleado de enero en la capital catalana, la gente va y viene metida en sus asuntos. No es que no les preocupe el mundo, pero piensan en sus problemas habituales, que para ellos seguramente sean cosa especial, como si fueran parte de un circuito eléctrico.
Todos serían átomos chocando entre sí, y jamás pensarían -si los átomos pensasen. -en otra cosa que no fuera chocar entre sí.
En esta situación nos imaginamos que el movimiento humano, sea físico o psíquico, es de un color rojizo, carmesí más bien. Todo está impregnado de ese color; sea suelo, edificios y el espacio relativo entre ellos.
Menos el banco de piedra que es parte de la pared-muralla decorativa de la plaza. Nadie se fijaría -porque son parte del sistema sanguíneo, aunque cada uno y una piense que es único- pero entre esa eterna tormenta de arena roja hay un grano gris; una chica, rondando la mayoría de edad, sentada y quieta en el banco grisáceo de sólida roca. Nosotros nos fijamos, ya que no somos parte del colectivo carmesí -ni de ese puntito gris, ni de esa mancha negra que siempre ha estado allí, esperando, pero a la cual no habíamos divisado porque aún no actuaba en la obra que es tal situación-.
En realidad es un punto negro, minúsculo, insignificante. Pero su aura se expande como si fueran hilos, pequeñas garras afiladas que pueden atrapar a cualquiera, pero no lo hacen.
Se mueve por medio del suelo -de la plaza-, hasta el banco, y entra en contacto con la existencia gris.
-Perdona. -Es su primera palabra, su entrada. -¿Te importa? -Dice cortésmente señalando el banco a la chica. Ella niega con la cabeza y lo inspecciona.
Es un chico, de su misma edad, cabello normal; ni largo ni corto, negro, con cierto estilo. Ojos normales, castaños. Lleva unos tejanos azules, como ella, una camiseta verde y una chaqueta fina negra. Unas bambas de deporte desgastadas y una mochila ligera completan su look.
Ella también lleva una camiseta, naranja en su caso, y una sudadera con capucha sin lucir, con una tonalidad entre el blanco y el negro. Lleva un simple bolso marrón y unos zapatos negros.
Sin prestar mucha atención a la chica, el joven se queda mirando la plaza, dirigiendo su mirada a posibles lugares concretos de interés. Al minuto bosteza. Apoya la espalda en la pétrea barrera que sirve de respaldo y se pone a ojear de nuevo. Ella, en cambio, tiene la cabeza gacha, inmersa en sus pensamientos. Seguramente tristes por lo que podemos observar gracias a su expresión, que se vislumbra entre sus cabellos de color ónice, teñidos de roble.
Pasan los minutos y mientras el mundo entero ha cambiado, en ese banco la situación sigue igual.
El chico tiene la cabeza sujetada por la barbilla con una mano, el codo de la cual se apoya en diagonal respecto al tronco en un saliente de piedra.
La chica mira algo en el stándar móvil que ha sacado del bolso cuando de repente el muchacho alza los brazos al aire para desperezarse y hurgando en su mochila saca dos objetos envueltos en plástico transparente; sándwiches vegetales.
No parecen ser caseros, más bien de esos a la venta en cualquier panadería de la ciudad por 2 euros.
Tienen forma triangular y juntos harían un perfecto cuadrado blanco de pan de molde.
Por lo que podemos observar, y la chica distraída por la acción también, llevan lechuga, tomate y demás ingredientes sin identificación posible en su estado actual.
El chico desenvuelve uno y mientras fija su vista de nuevo en la gente que circula por la plaza empieza a comérselo, con absoluta paciencia y dedicación.
Ella, en un acto reflejo, imita a su acompañante de banco y observa a los transeúntes, pero mira de nuevo ese sándwich y recuerda que hoy aún no ha comido nada, y ya son las 11 de la mañana. No sería alarmante si hubiera cenado, pero estuvo ocupada con el Treball de Recerca y se le pasó.
Cada vez que él da un mordisco, ella desvía la mirada hacia el sándwich y, aunque no lo parezca, él lo nota.
Se acaba el sándwich y ella suspira de aburrimiento, él tal vez lo malinterpreta, ya que al desenvolver el segundo se la mira y abre la boca por unos segundos, dubitativo, finalmente se decide.
-Perdona. -Atrae su atención, ella se gira y lo mira, tiene un rostro de espera, él una sonrisa como de si fuera a fastidiarla. -Ya sé que es una chorrada, pero te veo con hambre, o eso me parece, ¿quieres? -le explica, destacando el sándwich a medio desenvolver que tiene en mano.
Lo sabemos todo y por ello también sabemos el pensamiento de la chica, el cual es “Ni que fuera un perro abandonado”.
Eso dice su orgullo, pero su faceta cambia, por cortesía, y responde.
-No gracias. -Dice agitando levemente las dos manos a lado y lado.
El chico asiente y pega el primer bocado al sándwich.
Pasan de nuevo los minutos y lo único que se altera en ese cuadro es el pobre sándwich, ya casi extinto.
De repente el chico se levanta con algo de pereza y, dejando la mochila en el banco, se va andando tranquilamente. La chica, que se da cuenta, se levanta rápidamente y, tras dudar entre si correr hacia él o gritarle, muestra su elección.
-¡Eey! ¡chico! -Grita sin elevar demasiado el tono, ya que aun se encuentra relativamente cerca.
El chico baja la cabeza como en señal de cansancio y se gira. Ella le señala la mochila y él abre los ojos, aparentemente sorprendido.
Se acerca y toma la mochila, poniéndosela al hombro izquierdo.
-Gracias. -dice con un leve y casi imperceptible asentimiento de cabeza.
Ella le responde un “de nada” y él retoma su marcha por el mismo lugar que hacía unos segundos.
Y así desde nuestro punto de vista superior vemos como el punto negro se desvanece poco a poco de la plaza, con sus garras rodeando cada insignificante corriente carmesí, pero sin tocarlas, sin entrar en contacto con ellas.
Volvemos a mirar desde esa vista tan único, ahora a la chica. Sigue siendo un punto gris entre la multitud rojiza, y las garras ónices no la han atrapado, de momento.
Pues pasa el tiempo, para algunos más rápido, para otros más lentamente, pero pasa.
Y la chica sigue en ese banco, mirando de vez en cuando el móvil y observando muy casualmente a los transeúntes.
En el móvil se ilumina algo, suena un alegre politono, la chica lo coge, un mensaje de texto.
Lo abre:
“¿Qué tal los exámenes de invierno? ¿Te apetece salir a dar una vuelta?”
De una amiga de la infancia suya al parecer, por lo que podemos averigüar en sus revueltas pensamientos momentáneos.
“Muy bien. No, gracias.” Responde escribiendo con rapidez.
Le da a enviar, guarda el móvil de nuevo y vuelve a la rutina, hasta aproximadamente 5 minutos, cuando de repente notamos de nuevo esa presencia, ese punto negro, esas garras con la capacidad de devorar a quien quieran. Es el chico, obviamente, que ha vuelto. Sigue con la misma ropa, la misma mochila, pero en las manos lleva algo, dos sándwiches nuevos.
Se para delante del banco y mira a la chica, la cual le estaba mirando desde que le había visto por una de las entradas al círculo que rodea al círculo central de la plaza. Extiende un brazo, con un sándwich, y sonríe.
-Tienes hambre, se te ve, para ti. -Explica, manteniendo esa faceta.
La chica pone cara de confundida, para sus adentros pensando algo como “¿Qué demonios hace éste?” y al fin abre la boca.
-Lo siento, pero no puedo aceptarlo. No sé quien eres ni te he pedido eso, perdón si te he ocasionado alguna pérdida de tiempo. -Con su tono cortés habitual, algo más fuerte.
-2 euros me he gastado en esto, al menos acéptalo. -Se lo tira al regazo. -La verdad es que me importa poco si vas y lo tiras a la papelera más cercana o si decides esperar a que me vaya para levantarte y hacerlo. -Y se sienta a un metro de ella, a su derecha.
La chica se queda callada y de mientras él desenvuelve el otro que tiene y tras fijar por un segundo la mirada en la gente que pasa por la plaza empieza a comer, parecen gustarle los sándwiches.
Tras debatir durantes unos segundos si comerse el regalo del chico la joven decide empezar a desenvolver el sándwich. Tal vez lo hace porque verdaderamente está hambrienta y le da igual su orgullo. Tal vez porque supera su orgullo y tiene que agradecer al chico de alguna manera.
Tal vez porque no tiene nada mejor que hacer en ese día tan cutre para su vida.
Empieza a comer el sándwich cuando él casi ha acabado con el suyo y le mira, él mientras tanto se dedica a, como de costumbre en aquel banco, mirar a la gente que atraviesa la plaza.
-Gracias. -Se limita a decir, el chico no se gira, parece estar centrado en algo. Ella dirige sus ojos hacia el lugar que aparentemente visualiza el muchacho, pero no ve nada inusual, tan solo gente yendo de un lugar a otro, como siempre.
Al cabo de pocos segundos el chico se respalda en la barandilla de piedra yecha la cabeza para atrás, cerrando los ojos.
La chica sigue mirándolo, mientras da otro bocado a la mezcla de alimentos.
Él abre los ojos y tras lo que dura un parpadeo decide hablar.
-En la plaza, hace 1 minuto, un tipo acaba de robarle la cartera a un señor con traje y corbata que llevaba bien aferrado un maletín negro. El tipo se ha sentado por allí, al lado de la estatua del león ese. -Y alarga la mano señalando la dirección.
Ella mira hacia el lugar y ve en efecto a un chico, algo mayor que ellos, con una gabardina marrón algo sucia, de aspecto normal, mirando a la gente.
-¿Vas a hacer algo? -Le respondé poniendo su vista de nuevo en él.
El chico se incorpora hacia delante y la mira con cara pensativa.
-Cuando se levante, supongo. -Y estira los brazos de nuevo.
-¿Y qué harás? -Pregunta, invadida por la curiosidad.
-Lo que haría cualquier persona lo suficientemente loca a un ladrón de guante blanco en mitad de un lugar así. -Y suspira mirando de nuevo al hombre de cabello castaño, largo.
-¿Y eso es? -Dice. Se le cruzan varias ideas por la cabeza, pero ninguna lo suficientemente firme como para que podamos captarla.
-Ya lo verás. ¿Te gusta verdad? -Dice mirando al pobre sándwich casi devorado. Ella mordisquea de nuevo y asiente un poco con la cabeza, mirándolo de nuevo.
Abre los ojos y se levanta. -Lo sabía. -Dice. -Ahora vuelvo. -Y empieza a andar. Ella mira al lugar adonde se dirige y ve que el supuesto ladrón se ha levantado escasos segundos antes y ha empezado a lo que parece ser dar una vuelta a la plaza.
Ella ve como su compañero de banco, el chico el cual le ha regalado un sándwich, se pone discretamente detrás del ladrón, con toda la naturalidad del mundo, con las manos en los bolsillos de la chaqueta negra.
Pasa un minuto y el hombre se sienta en otro banco diferente. El chico ladea la cabeza a los lados y se pone delante del hombre. Desde el punto de vista de la chica no ocurre nada, pero nosotros, que podemos movernos con libertad, vemos como del bolsillo derecho asoma el borde cortante de una navaja y le exige la cartera que hace unos minutos ha robado al seguramente empresario.
Al principio parece negarse, pero el chico pone una expresión de satisfacción, una sonrisa de saber lo que pasará, y eso le hace dudar. Vemos en nuestro plano de vista como el punto negro se expande momentáneamente y las garras rodean al usurpador de carteras, un simple punto rojo, que, poco a poco, mengua y se vuelve de una tonalidad más blanquecina.
Le dice, en voz baja, “¿Y bien?”. El hombre, incapaz de escapar, sin un arma a mano y viendo la mueca de de atrevimiento del chaval cede y saca de su propia bolsillo una cartera de piel, bastante llena, y se la alarga. El muchacho la coge con la otra mano, deslizándola lenta y cautelosamente a su propio bolsillo. Le dice al parecer “Un placer” y ladea la cabeza para que se largue.
Una vez el tipo ya se ha alejado un poco andando el ahora también ladrón vuelve al banco, en la otra punta de la plaza, cartera en mano.
Una vez en el banco y sin decirle nada a la chica abre la cartera y la inspecciona. Carnet, varias tarjetas de crédito, varios billetes de diferente valor y pocas monedas. Alguna que otra tarjeta de visita, parece ser un representante de algo que no llegamos a descubrir nunca.
La chica, interesada, mira todo lo que hace. Se sorprende al verle coger tres billetes de veinte y ponérselos en un bolsillo de los tejanos.
-¿¡Qué haces!? Deberías devolver la cartera. -Dice exaltada.
-Ya bueno, el mundo es cruel. Y devolveré la cartera, solamente tomo el pago por mi acción solidaria. Si no hiciera el bien me hubiera quedado la cartera con todo lo que tiene dentro, y te aseguro que hay muchísimo dinero. Si no la hubiera cogido ese tipejo ahora no tendría que preocuparse de robar a más gente, pero parece que fue estúpido y no reviso lo que había mangado, de ahí que siguiera con su rutina criminal. Además, nadie te ha dicho que yo sea bueno. ¿O acaso el sándwich que ya te has comido lo demuestra? Tan solo equilibro la balanza entre el mal y el bien con mis acciones. -Explica razonadamente cerrando la cartera y ojeando para ver si ve a algún policia.
-Pero... está mal. Quiero decir, eres tan ladrón como él, ¿no te parece repugnante? -Intenta debatir.
-Ayudar a un tipo a recoger papeles que se le han caído al suelo, coger un perro que se iba a escapar y morir atropellado por cualquier carril de por la ciudad, saciar tu hambre y hacerte compañía en este miserable día solitaria de tu triste vida juvenil. Ah, y devolver una cartera con varios miles de euros en ella a modo de tarjetas a su dueño original. 60 euros por todo ello y un aumento de mi ego al hacer palidecer al aficionado ese. ¿No te parece justo? -Comenta, mirándola de frente.
Ahora tiene un rostro como el que tenía con el ladrón, seguro de si mismo, decidido, creedor de la razón absoluta.
-Pero está mal, no debes tomar algo a cambio de hacer el bien. -Intenta justificar la chica, la cual parece estar cabreada. Se levanta, él la sigue mirando a la cara.
-Ojalá el mundo fuera tan bonito como todo el mundo lo pinta. Algunos hacen el mal, la mayoría no hacen nada y los dos o tres que salen en las notícias haciendo el bien o son falsos mesías o mártires.
¿Te parece mal desde este punto de vista que yo tome una pequeña cantidad de mal por el bien de todas las acciones cometidas hoy? Deberías hacértelo mirar. -Y ríe haciendo ver que lo intenta disimular.
Ella, sin el deseo de calentarse la cabeza, niega con la cabeza y permanece callada.
-Bien, tomaré eso como que aceptas mi punto de vista o te da igual. Como con el sándwich. Ahora me voy a esa esquina de la plaza a darle esto. -Levanta la mano en que tiene la cartera marrón de piel. -Al policia que hay allí. Sin comentarle nada de mis pequeños honorarios claro está.
Ella asiente con la cabeza y él también. Luego se levanta y empieza a andar hacia donde ha dicho.
Al rato vuelve,con las manos en los bolsillos de la chaqueta.
Ella ha estado el rato en que él llevaba la cartera pensando en como le había robado al ladrón.
-¿Como lo has hecho? Robarle al hombre ese. -Pregunta, curiosa.
-Se lo he pedido amablemente. -Dice con naturalidad en lo que dice. Ella se extraña. -Es broma, le he amenazado con esta navaja. -Y del bolsillo muestra media navaja. Ella se aleja sentada de él por reflejo. Él la guarda de nuevo. -También intentaba dejar la bolsa aquí para cometer un atentado, por si te interesa. De ahí lo de antes, en unos minutos será la hora. -Ella se levanta alarmada y lo mira.
-¿¡Qué!? ¿¡estás loco!? -Grita, dándole igual quien la oiga. Él mueve su mano derecha arriba y abajo repetidas veces, en señal de quitarle importancia al comentario.
-Es broma, si llevara una bomba aquí ya me habría ido hace un tiempo. Además, jamás destruiría estas piezas. -Dice, mirando a la barandilla de piedra y las estátuas.
-¿Entonces por qué dejaste la mochila? -Pregunta, aliviada en parte por la broma pesada de su interlocutor.
-Quería que me avisaras de que me la dejaba, es obvio. Nadie en su sano juicio y con la tranquilidad que yo mostraba se dejaría una mochila colgada al hombro en un banco de esta plaza. Tan solo lo hice para ver como reaccionabas. -Explica con franqueza, mientras se descuelga la mochila y la abre. Se lo muestra a la chica.
Una libreta pequeña de color azul marino, un bolígrafo, un libro de tapa negra con un título en inglés y lo que parece ser una botella de aquarius, la bebida.
Mientras ella observa la mochila él coge la libreta, la abre por una de las páginas finales y arranca un trozo de la parte inferior de la hoja. Después alcanza el bolígrafo, lo destapa y escribe algo que ella no consigue ver, es un número de móvil.
Se lo alarga sujetándolo con una mano y sonriendo levemente. Esa sonrisa que tanto ha mostrado hoy ante ella, ante el ladrón, ante él mismo. Esa sonrisa que expresa confianza y buen rollo. Esa sonrisa de la que nadie se debería fiar, pues tal vez esconde algo malo.
-¿Eh? -Expresa a modo de duda, y se sienta en el banco de nuevo.
-Mi móvil, por si necesitas algo o simplemente quieres verme otra vez. -Y deja caer el papel sobre su regazo, como con el sándwich, pero sin tirarlo.
Ella, extraña, coge el papel y lo mira, comprueba lo que ya sabíamos, es un número de celular.
-¿Te dedicas a ligar con estas actuaciones? -Es lo primero que le viene a la cabeza.
-Me dedico a ayudar a la gente con estas actuaciones. Llámalo como quieras y creéte lo que quieras que te voy a decir, pero me pareces interesante. Una chica solitaria que se queda sentada en un banco durante horas, sin nada que hacer aparentemente. Tan solo te he hecho un poco de compañía en este día de enero y, aunque no te hayas dado cuenta, te has pasado la última media hora bastante activa. -Y sonríe más abiertamente. -No sé a que se debe tu soledad, pero no he estado aquí para averiguar eso.
Ella no sabe que decir, él se levanta y alza la mano que tenía en el bolsillo de la navaja con la palma abierta.
-Ya sabes, si quieres volver a ver a un ladrón de guante blanco que roba a ladrones de guante blanco pero que en verdad no es un ladrón de guante blanco y tiene un extraño concepto del bien y el mal, llámame, tal vez podamos charlar en mejores condiciones de algo interesante. -Mira arriba, al cielo ahora despejado. -De palomas tal vez. -Agita un poco el brazo alzado de lado a lado mientras se gira y se pone en marcha. A una distancia baja el brazo y sigue andando, alejándose del banco.
Ella, sorprendida, no se ha podido despedir. Aunque no es que tuviese que hacerlo, o eso piensa ella.
Y pasa medio minuto cuando se da cuenta, ¡la mochila! Aún la tiene ella.
Se levanta deprisa y mira por toda la plaza, pero no lo ve.
Se pone a andar de manera apresurada en círculos para ver al extraño chico y, cuando ya ha dado media vuelta, un tono conocido suelta un “eeyy” desde detrás.
Se gira y ve al chico, apoyado en una de las caras de la base de una estátua, base la cual le esconde perfectamente y cara la cual está en sentido contrario al banco.
Le alarga la mochila y él la coge, sonriendo de nuevo, esta vez diferente. Como de diversión.
-¿Intentas restar puntos a que pueda llamarte con esta actuación? -Dice, indignada ante la broma.
-¿Restar puntos? Creía que los estaba ganando. -Y arquea las cejas hacia arriba.
Se despiden de nuevo, esta vez ella también levantando una mano en el aire de lado a lado.
Una vez se queda sola de nuevo, piensa en que hacer. Se mira a si misma interiormente, está cansada. Ese chico la ha cansado, entre lo de la mochila, lo del robo. Parece peligroso, pero a la vez sincero, aunque sabe que no hay que fiarse de gente así, pero no puede saber a que lado se inclina el muchacho. En ese momento le viene a la cabeza un comentario suyo, “Tan solo equilibro la balanza entre el mal y el bien con mis acciones”, sonríe sola en mitad de la plaza.
Nos metemos de nuevo en su mente y vemos como, de la nada, surge algo, una corriente de pensamiento, un simple razonamiento. Le ha entretenido ese joven.
Nos retiramos poco a poco, ascendiendo, hasta el punto en que ya no distinguimos a la chica y tan solo vemos la corriente carmesí que jamás acaba. Parece ser que, al final, el triste día de un punto gris se ha animado, volviendo ese punto grisáceo de una tonalidad amarillenta.
Y de camino a su hogar ese punto negro sigue rodeando las corrientes carmesíes con sus garras de curiosidad, de autosatisfacción. _________________ 87451232549087. 6.
,1.
Mandado: Dom May 23, 2010 6:07 pm Asunto del mensaje:
Publicado originalmente el 23 de Enero de 2010
Bueno, bueno, mis queridos lectores .
La cuestión es que me ha sucedido algo muy curioso. Como todos saben, me puse a volver a subir las Doce Historias Cortas originales, y en ese proceso que estaba, me encontré algunas fichas que me habían mandado los usuarios mucho tiempo atrás, con la esperanza de que les escribiera una historia y que por alguna razón u otra no utilicé.
Lo curioso es que entre esas fichas encontré una muy interesante que me mandó Alvar (este chico tiene buenas ideas) y con solo que la leí, ¡ZAZ!, me vino la inspiración de golpe.
Y la cosa es que escribí la historia de un tirón. Sí, sí, aunque no me crean, la escribí enterita ayer por la noche, así que ya tiene final y todo, y no corre peligro de que la deje a medio camino.
El asunto es que, en principio, la ficha era para una historia corta, pero como el mismo Alvar me decía en su mensaje, el tema da para escribir una historia larga. La cuestión es que me ha quedado una historia ni corta ni larga. Como no me he aguantado las ganas, la he puesto toda y me dicen qué opinan. Además, creo que se lee fácil.
Bueno, ya sin más dilación, los dejo con la historia. Espero que les guste y de una vez le agradezco a Alvar, donde quiera que esté, por haberme activado las neuronas de una forma tan peculiar.
Saludos.
__________
-- El Imp --
------------------------------------------------------
03 de Mayo, el día después de la Luna Llena.
------------------------------------------------------
Lo he conseguido…
Ha sido con gran dolor, pero el maestro tenía razón. Así como la parturienta sufre dolores indecibles en el momento anterior al nacimiento, así los olvida luego de que nace el que espera. Algo similar me ha pasado a mí, salvando las diferencias. Una agonía profunda, y luego, el éxtasis sublime, la consagración.
Que haya ocurrido el día mismo de la Luna Llena es una sensación de orgullo y a la vez, una cruel burla del destino. Durante dos meses lo planee cuidadosamente, intentando pasar desapercibido. Incluso, continué asistiendo a las clases del Ancestro de la Sabiduría, esperando engañarle, mientras secretamente planeaba mi triunfo a la luz del día, cuando todos mis otros hermanos y hermanas duermen, y los crueles haces del sol se enseñorean del cielo. En cierto modo, temía que al acercarse peligrosamente la fecha del plenilunio, la presencia cada vez mayor de Elune sobre nuestra gente pusiera sobre advertencia a las Hermanas, y de algún modo, descubrieran mis intenciones y me detuvieran.
No ha sido así. El Maestro, una vez más, tenía razón también en ello. Mi causa prevaleció hasta el final y mi victoria ha sido absoluta. Como dije antes, no la he concebido sin gran dolor. He perdido a alguien especial, a alguien que amaba, pero así tenía que ser. Lo hice sobre la misma cama donde acababa de hacer el amor con ella. Si hubiesen conocido su sonrisa, la luz de plata de las estrellas brillar en sus ojos, y luego, cómo éstos se deformaron ante la sorpresa, como el dolor se manifestó en toda su magnificencia al sentir el cuchillo sobre su abdomen, cómo suplicó por su vida, llamándome por mi nombre de pila, y por el nombre con que con cariño tantas veces me llamó mi madre. Y luego verla allí, desangrarse, verla como la vida se le iba por la herida, sin remedio, mientras se ponía fría, mientras Él le succionaba el alma y todo lo que yo amaba de ella se desvanecía para no volver jamás.
Y el poder… El poder que se iba manifestando sobre el pentagrama de tiza azul dibujado en el salón especialmente para la ceremonia. ¡Si lo hubiesen visto, me entenderían! Las velas, los cirios rituales… que iban cambiando, agitándose, danzando con el hechizo que ascendía en medio de flamas verdes y rojas. ¡Y las runas! Las runas que aparecían de la nada, pronunciando nombres profanos, sacrílegos sortilegios de otro tiempo, hasta que finalmente, con el último aliento de ella, la última gota de sangre derramada, y mi última lágrima, él apareció…
No es más grande que un cachorro de tigre dientes de sable, pero sus colmillos relucen igual que uno de ellos. Su piel es oscura, como si la noche misma se manifestase en ella, y absorbe toda luz, sin proyectar sombra. Un aura verde y sospechosa le rodea, y a pesar de todo mi esfuerzo, es imposible observar su rostro debajo de aquellas dos puntiagudas orejas y sus enormes cuernos. Y su sonrisa… la blancura maléfica de aquellos dientes sonriéndome desde aquella cara sarcástica y traicionera. Esa sonrisa que se eterniza como una maldición en mi mente y que aún dormido, puedo ver.
He invocado mi primer Imp. Soy feliz, inmensamente feliz…
---------------------
06 de Mayo
---------------------
No he salido del gran salón desde anoche. Los criados han venido a tocar la puerta, pero no les he atendido. El cuerpo de Nínive yace en el suelo, sobre el pentagrama, desangrado y pálido. Tiene una expresión curiosa en el rostro. Incluso, parece que duerme, como si nada la perturbase.
Yo estoy echado sobre el gran sillón, mis manos juntas descansando sobre mi mentón, reflexionando. He matado a mi amante. He invocado a un demonio. El pequeño ser se esconde en una sombra que se forma en ángulo entre mi asiento y un rincón del cuarto. Parece que tiembla, como si estuviese asustado. Es tan pequeño. Sin embargo, nunca se borra su sonrisa. Está allí, sempiternamente encendida como una pequeña flama verdosa que baila sobre la tumba de un recién muerto.
Me estremezco con mis pensamientos. Debo pensar rápido, recobrar el dominio. Debo… debo deshacerme del cuerpo.
Pero, ¿cómo? Soy un tipo importante, un noble. Si dejo que mis plebeyos sirvientes se enteren, correrá la noticia en cuestión de horas por toda la ciudad. Debo pensar rápido, ser listo.
La invocación de la criatura me ha denotado un gran esfuerzo. La he planeado por entero durante casi todo el último mes, dedicándome con ahínco en aprender los rituales necesarios para llevarla a cabo con éxito. Ahora que lo he conseguido, en mi mente, no dejo de resarcirme por ello, pero el precio que he pagado ha sido grande.
Cuando el Maestro mencionó por primera vez el sacrificio, no podía creerlo. Era realmente imposible siquiera considerar que tuviese que utilizar a alguien cercano a mí en el ritual. Fue entonces cuando apareció Nínive. Era una chica joven e ingenua, que había venido a la gran ciudad en busca de fortuna. Nadie la conocía aquí y eso me sirvió. Como yo, asistía a las clases de filosofía del viejo Olmo. Allí la conquisté y secretamente comenzamos a vernos, hasta que finalmente logré hacerla mi amante. No es que no disfrutara con ella, pero es que su destino estaba sellado desde el principio.
Con este logro, es seguro que subiré del noveno al octavo círculo, por lo menos. Nuestra sociedad es secreta. Somos un grupo de Altos Nacidos que ha sido reunido para servir a un propósito mayor que no se nos ha revelado todavía. Sin embargo, el Maestro nos ha prometido que un gran poder nos sería otorgado, que blandiríamos una magia todavía más impresionante que la que ya controlamos gracias al Pozo de la Eternidad en cuyas orillas está construido el palacio de nuestra bienamada reina.
El Maestro nos ha advertido que debemos, por ahora, ser precavidos con nuestros progresos, pues el populacho no entendería. “¿Qué saben ellos?”, repite continuamente, “¿de la grandeza a la que estamos destinados?”. Yo, por mi parte, no he podido evitar la excitación del momento y esta misma mañana he empezado una carta para comunicarle de mi éxito. Estoy seguro que he sido el primero. Todos los demás se morirán de envidia. En cierto modo, sabía que así era. Siempre he buscado ser el mejor en todo lo que hago, y no será la excepción en este caso. Pero hay algo que debo hacer…
Alguien hala de la manga de mi toga. Saliendo de mis pensamientos, me vuelvo, distraído. Es el imp. Lo había olvidado mientras me sumergía en mis pensamientos de gloria. El pequeño ser me hace una seña, como indicándome que me agache. Lo hago y… y me dice algo al oído. Ha hablado una lengua extraña, irreconocible para mí. Él parece entender que no le he comprendido, y entonces, señala el cuerpo.
“¿Tú puedes…?”, pero no he terminado de decirlo y ya está en movimiento. A pesar de su pequeño tamaño, se mueve con soltura y gracia. Toma el cuerpo de Nínive y lo levanta como si fuese de trapo, con una fuerza que no creí pudiese tener. Abre la ventana de una patada y se lanza a través de ella con el cuerpo a rastras, saltando desde el piso superior donde nos encontramos.
Corro a la ventana y me asomo. Con cara de asombro, le veo saltar entre los árboles con el cuerpo de Nínive al hombro, hasta que finalmente llega al suelo abajo. Se vuelve y me sonríe. Yo le devuelvo la sonrisa, aunque no sé por qué lo hago. Y desaparece entre las sombras de los árboles, dejando tras de sí tan un ácido olor a azufre y unas pequeñas huellas ardientes en la hierba.
----------------------
07 de Mayo.
----------------------
Estoy sentado en el pórtico de la casa que da al este, esperando que suba la Luna Llena, con mi diario sobre la mesa de cristal en la que descansan también el tintero y un taza de té humeante.
Estoy preocupado. El Imp no volvió anoche. El Maestro ha dicho que no debí haberlo dejado ir, pues un demonio tan pequeño y nuevo en este plano es débil, y que fácilmente podría ser descubierto por una sacerdotisa o simplemente desvanecerse ante la ausencia de su amo. Le he enterado de mi éxito por carta, pero también por esto me ha amonestado, pues dice que no deben quedar pruebas de nuestros actos, no hasta que llegue el momento.
Tal vez no deba decirle que tengo un diario…
Escucho un ruido en el patio. Me levanto y miro hacia fuera. Y… ¡allí está! Está tirado sobre su torso, respirando dificultosamente, sucio y con su aura muy apagada. ¡Está muriendo! Debo salvarle. Sin pensar me lanzo hacia él y le tomo entre mis brazos, como si se tratase de mi propio hijo (¿lo es?). Y trato de consolarle, acariciándole la calva cabeza. Él aún sonríe, con una extraña nobleza que no le he visto nunca a uno de los de mi raza. “¿Qué puedo hacer?”, le digo. Responde algo en su lenguaje extraño. “No entiendo”, digo. “Por favor, ayúdame a salvarte”.
Y levantando su manecilla callosa y afilada, toma mi mano y se la lleva a la boca.
Pego un salto sorpresivamente. ¡Me ha mordido! Una negra gota de sangre resbala por mi dedo pulgar. El Imp la mira con rostro sediento. Aquello no puede ser. Tomo la gota y se la hecho en la boca, dudando. El Imp parece saborearla. Repentinamente, sus orejas se levantan animadas, su rostro se ilumina. ¡Y sonríe! Parece querer más. Aún dudando, permito que tome mi pulgar. Se lo lleva a la boca. Y bebe. Bebe. Entonces, conforme bebe, parece recobrar fuerzas. ¡Hasta se ve más grande! Me alegro, pero, al mismo tiempo… Y entonces, comienzo a marearme. “Es suficiente”, digo, pero él no suelta. “¡Es suficiente!”, y halo mi mano hacia atrás. El Imp me suelta y se incorpora. Parece fuerte, totalmente recuperado. Es increíble. Le miro con desconfianza, pero él sonríe, salta y parece estar bien, y eso me tranquiliza un poco. Parece tan inocente. Y sin embargo... Mi mano está pálido, adolorida, como si se hubiese quemado. Le miro de nuevo, contrariado, pero entonces, el Imp se acerca, y con aire de confianza, toma mi mano entre las suyas y dice algo en ese idioma suyo, retirándose luego.
¡Es… es increíble! Mi mano… está totalmente recuperada…
------------------
08 de Mayo.
------------------
Es increíble este ser. Al principio no hablaba mi idioma, ni me obedecía, pero en cuestión de tres días ha aprendido nuestra lengua, y ahora es casi imposible hacerle callar. He tenido que hacer ingentes esfuerzos para dominarlo, pues tiene mucha energía y una fuerza inexplicable para su pequeño tamaño. Es desordenado y bullicioso, y su maléfica risa se escucha por toda la casa mientras hace sus travesuras. La última noche destruyó una de las estatuas más preciadas de mi casa, un busto de mi ancestro Antares, el gran general. La mutiló por completo, dejándola sin cabeza, y haciendo un gran escándalo por ello, como si se tratase de una gran obra. He tenido que despedir a los criados para evitar revelar su presencia en la casa, aunque esta crece continuamente, creando en mi propio ser una sensación de claustrofobia y vacío. Ni siquiera he podido interrogarle sobre qué ha hecho con el cuerpo de Nínive.
No importa. De todos modos, estoy orgulloso de mi obra. Con el tiempo, aprenderé a dominarlo y me servirá. Un sirviente fiel, poderoso e inmortal. Es parte de la promesa del Maestro.
Serene ha venido a verme. Cuando el ujier la ha anunciado, casi he tenido un ataque. Estaba en mi cuarto, encerrado, estudiando al Imp. He logrado algunos progresos desde ayer, aunque casi no he logrado hacerle hablar. A veces pienso que es él más bien quien me interroga y saca información de mí.
“La señorita Serene le espera abajo”, ha dicho, y casi he estado a punto de preguntarle a quién se refiere. Es justo en el momento en que he recordado a mi prometida. Sí, llámenme bastardo, me lo merezco. He matado a mi amante, he invocado un demonio y le huyo a mi prometida. Me he arreglado lo más rápido posible, mientras el Imp no ha dejado de saltar de la cama al espejo, del espejo al sillón, del sillón a la cómoda, riendo alegremente. ¿Se ríe de mí este hijo de puta? Casi me lo ha parecido. Le ordeno que se quede en la habitación y que por nada del mundo se aparezca abajo. Salgo y lo dejo encerrado, por si acaso, aunque después de ver cómo levantaba el cuerpo de Nínive sin sudar, me pregunto si tendrá la fuerza también de romper una puerta.
Salgo de mi cuarto y bajo las escaleras. Ella está esperando en la sala. “Lo has olvidado, ¿no es cierto?”, ha sido lo primero que me ha dicho. Le miro confundido. Lleva un vestido plateado brillante, transparente en algunas partes, mostrando los finos brazos y los generosos muslos. Y entonces recuerdo de golpe. La Fiesta de la Consagración. ¡Es hoy! Le sonrío nerviosamente y niego haber olvidado, pero ya está hecha la trampa. Ella me mira y me acaricia el rostro con su mano clara, comprensiva y negando con la cabeza, como si estuviese viendo a un niño que miente.
Serene es novicia desde hace un año. Y esta es la noche en la que será consagrada finalmente como una hermana de Elune. Será sacerdotisa y después, nos casaremos. Será sacerdotisa y yo tengo un imp encerrado en mi habitación.
--------------------------------------
10 de Mayo, Cuarto Menguante…
--------------------------------------
Olmo, el Ancestro de la Sabiduría, me ha llamado la atención por mis continuas ausencias. Tengo cinco días de no asistir al Santuario de Cenarius, pero el Maestro me ha dicho que es más conveniente que no vuelva más, ya que haber logrado el éxito en la invocación de mi imp ha aumentado mi poder y es posible que otros que no pertenecen a nuestra secreta organización lo reconozcan y me interroguen.
Olmo es alto y poderoso, y ya era viejo cuando los Kaldorei le vieron por primera vez. Muchos espíritus de los bosques acuden a él y en su compañía, he sido capaz de conocer a las dríades, las ninfas hijas de Cenarius, que le visitan y hacen danzas en su honor. En ocasiones, he visto azules esferas que emergen del vetusto bosque y bailan alrededor de su tronco y entre sus ramas. Son esos espíritus que llaman wisp, y que dicen los viejos que son los espíritus de nuestros ancestros que han partido ya. A veces me da miedo que Nínive se manifiesto como uno de ellos, y que viniendo delante de Olmo, le confiese todo lo que he hecho, y así, descubierto en mi mentira, sea castigado horriblemente. El Maestro dice que no tengo nada que temer, que nunca serán ellos más poderosos de lo que puede ser nuestra clase.
Hoy, el inmenso árbol de verdes hojas se ha aparecido repentinamente en el Palacio de Zin-Aszhari, y me ha visto por casualidad. Estaba yo conversando con algunos de mi propio círculo interno de acólitos, pues de todos, yo he sido el único que ha podido invocar al imp, tal como el Maestro nos ordenó. Todos ellos son muchachos jóvenes, de edad parecida a la mía, y claro, igual que yo, son Altos Nacidos. Insistentemente me han pedido que invoque al pequeño ser, y aunque la tentación de llamarlo ha sido grande, no era conveniente hacerlo en ese lugar, pues había Hermanas de Elune cerca de nosotros. Hay, además, otra poderosa razón para no hacerlo…
De todos modos, me ufanaba de mi éxito con ellos cuando repentinamente, la sombra del inmenso árbol cubrió el arco de la entrada al tercer patio, donde estábamos, y me llamó por mi nombre.
“Astari”, dijo, “con gran alegría te encuentro, y a la vez, mi preocupación es grande, porque hace ya cinco noches en que la Diosa cabalga por el cielo en su carruaje de estrellas, alejándose hacia el Poniente, y he aquí que no he vuelto a verte entre mis discípulos”.
Me he alejado un poco de los otros para que no me escuchen. Son Quel’dorei orgullosos y muchos de ellos nunca han hablado antes con un ser de estos, por lo que no le tienen temor ni respeto. El Maestro mismo nos ha dicho que muchas cosas van a cambiar en los días venideros, y que pronto estos seres dejarán de ser una molestia del todo para nosotros, los de la mejor clase.
Me ha preguntado por Nínive, ya que ella también asistía a sus clases y no he sabido qué decirle. Alguna historia he inventado sobre un viaje a Suramar, pero creo que ha pillado la mentira, pues no he podido evitar sonrojarme. Acerca de mí, le he dicho que he estado enfermo, y en verdad en esto último no he mentido: la invocación me ha dejado exhausto, pues cada vez que llamo al imp, debo derramar un poco de mi propia sangre sobre el pentagrama. Esa ha sido la otra razón de mis continuas ausencias. Ese ser. El Imp.
Como sabréis, la otra noche fue la Fiesta de la Consagración de Serene, mi prometida. Tras un breve momento incómodo, motivado por mi total olvido de la festividad, nos dispusimos a salir, no sin antes advertir encarecidamente a mis criados que, por nada del mundo, permitieran que nada ni nadie entrase o saliese de mi habitación.
La fiesta transcurrió tal y como era: se entonarían cantos cuando la Luna ascendiese hasta lo más alto, y después de, se irían llamando las novicias para ser consagradas. Serene fue casi la última y eso me exasperó bastante, pues estaba realmente preocupado por el Imp. Tras eso, fuimos a su casa y hubo una fiesta donde tuve que compartir con mis suegros y demás Altos Nobles de la ciudad que se hicieron presentes a la misma. Por todos los medios evité saludarme con la Alta Sacerdotisa del Templo, Dehjana, que no dejó de mirarme durante toda la ceremonia. Era casi como si sospechara algo. Lamentablemente, me la topé intempestivamente en uno de los balcones de la mansión, mientras salía a tomar aire. Me tomó por un brazo y me alejó de la fiesta, para cambiar unas palabras conmigo.
“Confío en que sepáis lo que estáis haciendo”, dijo, y no pude evitar un corto estremecimiento. “Debe saber que Serene es una de nuestras más queridas hermanas. Respétela o me veré forzado a obligarlo”.
Respiré hondamente. Asentí con la cabeza, me solté de su garfio y me perdí entre los huéspedes. Era evidente que sabía de mis encuentros con Nínive, aunque no sabía hasta qué punto, pero no me importaba. No sabía nada del Imp, y eso bastaba para mí.
El verdadero problema surgió al volver a casa. Encontré a todos mis criados alterados y la mayoría de los muebles en desorden. Un par de columnas se tambaleaban, y otras tantas estatuas habían sido partidas. Era como si un gran terremoto hubiese pasado por allí. Mi mayordomo estaba sumamente alarmado y hablaba de una violenta criatura en mi habitación.
“¡El Imp!”, grité sin pensar lo que decía, y subí corriendo las escaleras preso de una ira y una preocupación tremendas, jurándole a mi mayordomo que si algo le había ocurrido al Imp, él pagaría con su cabeza.
Lo encontré acurrucado cerca del sillón, hecho un puño, temblando. Al verme, saltó a mis brazos, como si fuera un gato, y comenzó a hablarme en una mezcla de su idioma y el mío, mientras gritaba y señalaba al ujier y a los criados, amenazándolos con el puño en alto y gritando, entre lo que le pude entender, que mi mayordomo lo había golpeado con una vara. Le acaricie y le dije palabras tranquilizadoras, como si fuese un niño asustado, y se fue calmando, mientras echaba a mis sirvientes con duros reproches, y cerrándoles la puerta en la cara. Luego he hablado con el mayordomo y me ha confirmado la agresión hacia el pequeño. Le he regañado duramente y creo que se ha ofendido, pero no me importa: lleva años al servicio de mi casa y es el más fiel de los empleados. Me disculparé con él más tarde.
------------------
13 de Mayo.
------------------
Estoy exhausto. Llevo tres días encerrado en mi cuarto y no he podido controlar por completo al Imp. A pesar de que el pequeño demonio se muestra afable y de buen humor, continúa con su recia actitud de no hacer absolutamente nada de lo que yo le ordeno. A pesar de todo, he hecho bastantes progresos con mi aprendizaje de la brujería. Ahora soy capaz de realizar diversos hechizos y maldiciones que el imp me ha ayudado a completar, aunque no sin gran trabajo. Aprendí un encantamiento especial llamado “Hechizo de Atadura”, que es sumamente útil para deshacerse de gente molesta.
A propósito de esto, durante la mañana tuve una visita indeseable. Alguien tocó a mi puerta, y el ujier me anunció alguien se había presentado preguntando… ¡por Nínive!
Era una burla del destino. La había elegido precisamente porque no tenía ningún contacto ni conocía a nadie importante en Zin-Aszhari. Era una simple chica pueblerina, de las afueras de Suramar, que había venido a la capital a conocer a un noble al cual enamorar y casarse con él. Y la muy desdichada me había conocido a mí. Le dije a mi ujier que le dijera al extraño que estaba equivocado y que aquí no conocía a ninguna Nínive, a pesar de que el ujier sabía perfectamente quién era la chica y lo que venía a hacer aquí.
El extraño se fue sin hacer más preguntas, sin embargo, me preocupó el hecho de que viniera directamente a tocar mi puerta. Alguien le había pasado información. Alguien que sabía mis correrías. Alguien de la casa. Debo andar con cuidado.
Fue entonces que me di cuenta que mi Imp podía ser más útil de lo que yo pensaba.
Me levanté con cierto entusiasmo y me le acerqué. Estaba sentado en el suelo, destrozando un libro, arrancándole las páginas, y logré que me pusiera atención después de un par de gritos. Entonces, le hablé del cuerpo que él había hecho desaparecer. Sonrió malignamente, como acordándose de algo que había hecho que le había causado placer. Le dije que habían venido a preguntar por la persona que poseía ese cuerpo, y le dije que tenía que averiguar quién era el extraño, porque si, por ventura, encontraban el cuerpo (por alguna extraña razón, se echó a reír estruendosamente), seguramente vendría por mí y por él.
No pareció importarle mucho, aunque al final acordamos que él averiguaría quién era el inoportuno visitante. Se levantó y se lanzó nuevamente por la ventana, desapareciendo de nuevo entre el bosque. Esta vez, esperaba que tuviese mejor suerte y que no volviera agonizante.
O algo peor.
-----------------
14 de Mayo.
-----------------
Esta noche tengo reunión con mi “grupo especial”. Todavía tengo pendiente contarles qué sucedió anoche con mi imp y el extraño forastero, pero eso lo dejaré para después, porque debo contarles algo demasiado importante que me tiene muy excitado.
¡He sido ascendido del noveno al octavo círculo, tal como lo esperaba! Debéis saber que nuestra sociedad secreta está organizada en diez círculos, llamados así porque esa es la disposición geométrica en la que se colocan cada uno de los asistentes. Se supone que los miembros más nuevos van al décimo círculo, y que conforme progresas en tus conocimientos, vas avanzando a círculos cada vez menores, donde se encuentran los miembros más cercanos al Maestro, y por tanto, los que tienen acceso a los conocimientos más profundos.
Durante las reuniones, normalmente los miembros de los círculos más grandes van siendo despachados conforme se van discutiendo temas cada vez más importantes y secretos. De ese modo, los del décimo círculo se van antes de que se toque temas que solamente pueden escuchar los primeros nueve, y los nueve se van antes de que se hablen de cosas que solo pueden atender los ocho, y así sucesivamente. Como ahora soy del octavo, he podido quedarme aún hasta más tarde en la reunión, aunque he lamentado cuando el Maestro nos ha retirado para tocar los temas que competen a los primeros siete círculos. ¡Juro por mi sangre que llegaré hasta el primer círculo, donde están los más poderosos, y que nunca más seré echado de ninguna reunión!
Cuando he llegado a casa, me he llevado una sorpresa desagradable. Al llamar, nadie ha atendido la puerta y tenido que dar la vuelta para ingresar por el jardín de atrás. Mi ujier, el mayordomo que hace muchos años sirve en la casa, ha desaparecido sin dejar rastro.
------------------------
15 de Mayo
------------------------
He decidido no volver a las clases de Olmo. Simplemente no podía escucharle más, pues lo que antes me parecían sabias palabras, ahora no son más que palabras vacías y sin sentido, en comparación con lo mucho que he aprendido asistiendo a las reuniones secretas del círculo.
Al fin, creo que he dominado a mi Imp. Ahora está más centrado, más balanceado en sus acciones, y me pone más atención. En cierto modo, he recobrado el ánimo. El Maestro tenía razón en lo que decía con respecto al control: eventualmente, aprendería a invocarlo sin necesidad de derramar mi sangre.
Me alegro por eso. Empezaba a sentirme débil. A veces, durante las invocaciones, un profundo mareo me atacaba, y sentía un aturdimiento atroz, como si fuera a desmayarme. Todos los demás lo notaban, incluso en mi casa. Estaba pálido, ojeroso y comía poco. Increíblemente, mi Imp parecía incluso más alto, más robusto en todas sus formas. Eso era un alivio, porque al principio creí que no lograría sostenerlo en este plano. En cierto modo, el Imp ha compensado mi debilidad, porque cuando me siento agotado y le llamo, él acude presuroso y cumple mis órdenes al pie de la letra, sin cuestionamientos. Y aún cuando me falla, le grito y hasta le maldigo, pero él parece no inmutarse, pues su sonrisa malvada no se borra nunca de su negro rostro.
A veces, me cansa su continua perorata. Me habla continuamente de cosas ocultas que son casi imposibles de creer. Macabras historias de mundos devastados, de poblaciones enteras aniquiladas, y las dice con una naturalidad espeluznante, hablando de eso como si me estuviese contando una historia para dormir. En ocasiones, mientras habla, siento como su voz enervante y chirriante va penetrando lentamente mi cabeza, como si se tratase de una espada, y mi corazón se angustia. “Es una prueba”, ha dicho el Maestro, “para ver si eres merecedor de tan fiel sirviente”, y yo trato de hacerme el fuerte, de confrontar la realidad, pero a veces me agoto y le mando callar con furia. Él obedece y calla, sin embargo, le escucho reírse por lo bajo, como si se mofara, mientras desaparece entre las sombras del cuarto, dejando su blanca sonrisa como el último recuerdo de su presencia.
Por cierto, no les he contado de lo que aconteció con el extraño que preguntó por Nínive. Recordarán que mi Imp salió en su cacería, pero por alguna extraña razón, no logró dar con él. Volvió a casa al día siguiente, y en realidad, se le veía sorprendentemente bien, sin problemas. Caí en la cuenta de que era probable que yo mismo estuviese logrando hacer que lograse pasar más tiempo en este plano y hacer su presencia más fuerte.
La criatura habló de nuevo combinando sus dos idiomas, y por lo que pude entender, había seguido al visitante hasta la entrada del Santuario de Cenarius en las afueras de la ciudad, al que por razones obvias no pudo entrar. Eso era muy extraño, porque Cenarius es un dios que raramente se dejaba ver, y hasta donde sabía, sus presencias cerca de Zin-Aszhari eran cada vez más raras. Algo le ocurría la Hijo de la Luna que motivaba que no quisiera más tener relaciones cercanas con los Kaldorei.
El Imp dijo que el visitante era un tipo extraño, un Kaldorei alto, joven, de cabeza noble, pero que vestía extrañamente con harapos. Caminaba apoyándose en un bastón de madera con la forma de un cuervo, y se dejaba crecer la barba, la cual era verde, algo muy raro entre nuestra raza. Lo más extraño de todo, era que, de entre su larga cabellera verde, emergían un par de pequeñas astas, similares a los cuernos de un ciervo joven.
Me quedé meditando todo el día de los hallazgos de mi sirviente, mientras él destrozaba otro par de libros de mi biblioteca. ¿Verdaderamente era esto lo que había visto o me engañaba una vez más? Era un Kaldorei muy extraño. Su descripción casi concordaba con los de los Guardianes de los Bosques, hijos de Cenarius, a excepción de que estos tenían el torso del cuerpo como el cuerpo de un ciervo. Este, sin embargo, era diferente.
Por más que lo intenté, no pude hallar una respuesta, pero decidí que, si el visitante decidía presentarse de nuevo, estaría pendiente de él.
-------------------------
16 de Mayo
-------------------------
Hoy he despertado sobresaltado. He tenido una horrible pesadilla justo al anochecer. Estaba quedándome dormido cuando lo vi: un rostro horrible y deforme, gigantesco, con un nombre profano escrito en la frente. Sus ojos llameantes me han reconocido y me han llamado por mi nombre.
Por mi nuevo nombre…
Bajo aquel potente ser, vi arder un inmenso campo. Innumerables voces de dolor y angustia ascendían de ese campo, tantas y con tanto dolor, que tuve que taparme los oídos para no volverme loco. Caí de rodillas y solamente podía escuchar aquella risa demoníaca.
La tierra palidecía y se secaban los ríos. Y entre las almas que sufrían, creí reconocer una…
Desperté gritando en medio del día, sudando copiosamente y temblando. Lo primero que vi al despertar fue la cara sempiternamente sonriente de mi Imp, que estaba sobre mí. “¿Qué haces?”, grité, “¡Fuera!”. Una vez más, obedeció, pero su sonrisa maldita me decía que él sabía lo que había soñado. Un escalofrío me recorrió de pies a cabeza: la cara de mi sueño era la suya.
--------------------
17 de Mayo.
--------------------
El ujier no ha vuelto a aparecer. He sentido pena por su ausencia. Es probable que, ofendido por la regañina que le di la otra noche, haya decidido renunciar sin mediar palabra alguna. Es mi culpa. No debí tratarlo con tanta descortesía.
No he dejado de pensar en el sueño de anoche. He tratado de analizarlo, de razonarlo profundamente y hallar en él un significado, pero cada vez que me acuerdo, tiemblo y me estremezco.
He aprendido a invocar y desinvocar al imp a mi gusto. He descubierto que tiene la desagradable manía de hablarme al oído con esa vocecilla aguda y atiplada, que está comenzando a exasperarme, así que le ordeno que desaparezca cuando me tiene cansado. Es mejor así. No debo consentirlo demasiado, porque he notado que tiene cierta tendencia hacia el caos. Esto me preocupa grandemente, porque quiere decir que quizás no he hallado aún completo dominio sobre él.
Hoy han venido un par de discípulos nuevos del décimo círculo. El maestro me los ha encargado para su iniciación dentro de la sociedad, y han estado aprendiendo todo el día los rituales necesarios para una invocación. Como muestra, orgullosamente he invocado a mi imp, que ha aparecido dramáticamente en una cortina de flamas, lo que los ha hecho trastabillar y retroceder asombrados. Me he reído. He notado que soy más poderoso cuando el imp está conmigo. Los dos muchachos se han retirado luego, mascullando algo entre dientes. No me gustan esos cuchicheos. Quizás deba hacer algo al respecto.
Hoy he vuelto a soñar el mismo sueño. Se ha vuelto cada vez más recurrente, más nítido. He notado que esto es mayormente posible sobretodo cuando el imp está conmigo y me ha susurrado sus palabrillas maquiavélicas al oído. Le he ordenado que se detenga y como que se ha apartado, resentido.
Ante esto, me he sentado en mi biblioteca durante toda la noche a leer el gran libro negro de la secta, de modo que pueda aprender más sobre la naturaleza de este ser.
----------------------
18 de Mayo.
----------------------
Estoy preocupado. Ante todo, debo decirles que ya apareció mi anterior ujier, aunque no encuentro la manera de revelaros cómo ha acontecido.
Esta noche tuve reunión de la sociedad. El Maestro se ha enterado de mis progresos en el control de las plagas elementales, y por eso, me ha ascendido del octavo al séptimo círculo. He regresado a casa orgulloso, en medio de las felicitaciones de mis congéneres, y por qué no decirlo, la envidia de algunos, incluyendo al par de chicos nuevos del décimo círculo, que me han mirado de soslayo y he reconocido la envidia en sus ojos.
Cuando he llegado a casa, el nuevo ujier me ha abierto con cara de preocupación, diciéndome que arriba en mi cuarto hay un alboroto insoportable, pero que no se ha atrevido a entrar para no contravenir mis órdenes. También ha puesto su renuncia.
Sin hacerle mucho caso, subo las escaleras y abro la puerta del cuarto. He encontrado a mi imp jugando con un objeto esférico, pateándolo como si fuera un balón y haciendo un escándalo de madre y padre. Me he acercado y he tomado el objeto en mis manos y…
¡Por la Diosa! Es su cabeza… La cabeza de mi mayordomo desaparecido.
-----------------
19 de Mayo.
-----------------
No he logrado sacarle al imp donde encontró la cabeza de mi ex-sirviente. Es irónico que haya muerto exactamente como le dije que lo haría pagar si algo le sucedía a mi imp: con su cabeza. La misma parecía arrancada por la fuerza de encima de su tronco, como si alguien con unas enormes garras hubiese halado sin misericordia del pobre hombre. No he dicho mis sospechas a nadie, pero creo que él lo hizo. Él, el imp. Cómo y en qué momento, no tengo la menor idea, pero estoy seguro que lo hizo por venganza, porque el ujier lo había golpeado con una vara hacia varias noches.
Desde el hallazgo, he decidido invocarlo menos. Empiezo a temer que la criatura sea demasiado incontrolable para mí. No le he comunicado este temor al Maestro. Tengo miedo de que me degrade de círculo, y he hecho grandes avances en los últimos días.
Anoche volví a tener ese sueño. Es cada vez más temible, más real. Y siempre veo la cara sonriente del enorme demonio. Empiezo a desesperarme.
Gracias a la fortuna, Serene ha venido hoy a hacerme compañía. A su lado, me siento un poco más tranquilo. Hemos paseado por el parque y conversado a la sombra de los árboles. Nos hemos besado. Me dice que me nota preocupado, que qué me ocurre. Le miento. Ella lo sabe, es imposible mentirle a una Hermana de Elune, pero igual me perdona.
La he dejado en su casa y he vuelto tarde. Hoy no he invocado al imp en todo el día y tengo una extraña sensación de necesidad en el cuerpo. Dibujo el círculo y pronuncio sobre el pentagrama las palabras necesarias. En medio de un remolino de llamas impresionante, el pequeño ser se ha materializado. Ahora parece más alto y robusto de lo que recordaba. Su impertinente sonrisa me perturba, pero en cierto modo, estoy feliz de verlo de nuevo.
-----------------
20 de Mayo
-----------------
No he dejado de soñar con la destrucción desde que invoqué al pequeño demonio. Me estoy volviendo loco con tantas imágenes de destrucción. Mi Maestro me ha dicho que es algo normal, que a todos nos ocurre, puesto que todos los que aspiran a controlar estas fuerzas deben ser antes probados, de modo de que estemos seguros de que esta ha sido la senda elegida.
Escucho su voz y sé que miente, pero a él no le importa que me dé cuenta. Es tan distante como siempre y me ignora con facilidad. A veces pienso que me odia, que prefiere la compañía de los otros discípulos. Desde la otra noche, lo he visto muy de cerca con los dos muchachos nuevos que asisten a mi casa ¿Son ellos acaso mejores que yo? Yo fui el primero en invocar a uno de esos seres. ¡Yo sacrifiqué a Nínive en pos del poder! Y no me arrepiento…
Serene ha venido a verme nuevamente. Por extraño que parezca, ahora encuentro refrescante su presencia. Usa el atavío de las Hermanas de Elune, y eso no deja de molestarme, pero lo tolero solamente por el ansia de volver a verla, pues últimamente el imp consume casi todo mi tiempo. He llegado a controlarlo a niveles que no sospechaba, y ahora me es fiel y obediente en cada uno de mis mandatos, por más brutales que sean. Por probar, incluso lo hice bailar sobre las castañas calientes del fuego de la chimenea. Obedeció sin chistar y hasta parecía disfrutarlo.
Serene me ha dicho que está preocupada por mi salud. Me he molestado y he levantado la voz, algo que antes no era común en mí. En cierto modo, es como si ya nada me importase, como si el corazón se me hubiese puesto duro como una piedra. Y sin embargo, me siento fuerte, inmensamente fuerte, ¡poderoso! Mis criados me temen, lo he notado. Muchos de ellos prefieren retirarse o esconderse cuando me ven pasar. Entre cuchicheos, les he oído decir que ahora soy un hombre peligroso. ¡Y vaya que lo soy!
Serene, con su inmaculado rostro y su voz cándida como el agua clara, ha dicho que ha venido a invitarme al Festival de la Cosecha, con la esperanza de que salga de casa.
Después de pensarlo un poco. Le he dicho que sí. No sabe que esa misma noche tengo una reunión del Círculo, pero para calmarla, le he mentido.
----------------
21 de Mayo.
----------------
Ayer por la noche asistí, por cierto, a una de las reuniones del Círculo, y ha sucedido algo importante que me ha llenado de honor y orgullo. El Maestro se ha levantado en medio de la reunión y me ha promovido del sétimo al quinto círculo del Concejo. ¡Dos círculos de un golpe! Los demás acólitos se me han quedado viendo con envidia, pero han tenido que bajar la cara cuando les he mirado.
Cuando los demás se han retirado, el Maestro me ha llevado aparte junto con otros miembros del quinto círculo. Nos ha hablado cosas, cosas importantes. Luego, ha abierto una de las puertas secretas y hemos penetrado en unas catacumbas oscuras y malolientes, para después emerger a otra habitación iluminada, donde he podido reconocer uno de los salones del palacio de Zin-Aszhari. El Maestro nos ha hecho entrar en otra habitación fuertemente custodiada por sus más cercanos, y en ella, hemos encontrado una inmensa estructura con columnas y pilotes. Y en medio de ellas, brillando intensamente con un fulgor fantasmagórico, nos ha parecido ver una sombra inmensa que se mueve y que oculta las estrellas. Y en esa sombra, una presencia abrumadora y terrible, que me ha hecho estremecer hasta los huesos.
Entonces, recuerdo haber leído en el libro negro algo acerca de esta manifestación.
Ya sé lo que es. Un portal. Eso es. No tengo la menor duda.
---------------------------------------------
22 de Mayo, Festival de la Cosecha…
---------------------------------------------
Al anochecer, asistí al Festival de la Cosecha. No pude dejar de pensar toda la noche en mi sueño. De todos modos, mi temor me llevó a hacer algo que no deseaba: le dije al Imp que volviera a su dimensión. No le invocaré por unos días, pues su sola presencia angustia mis pensamientos. Además, creo que su continua charla es la que está provocando mis pesadillas.
No tuve paz durante toda la fiesta. No pude estar con Serene, a pesar de que mucho lo deseaba, pues mi cabeza estaba en otro lado. Ella pareció decepcionada, pues mucho me había dicho que tenía ganas de compartir conmigo aquella festividad especial, ya que hacía mucho que no me veía. Creí que separándome de mi Imp por unos instantes, tendría un poco de paz para olvidarme de ciertos asuntos, pero no fue así. En más de una ocasión me topé con dos o más acólitos, que me miraban insistentemente y con cara de pocos amigos. A veces sentía que me seguían, que repentinamente me los encontraría en una esquina y que querrían hacerme daño por alguna razón. Nada ocurrió, pero no tuve ni un minuto de reposo. Serene lo notó y me preguntó qué me pasaba. De mal humor le dije que no tenía nada, y antes de que me diera cuenta, estábamos discutiendo bruscamente. Ella acabó llorando y se fue a casa sola, mientras yo me quedaba ensimismado en mis propios temores.
Fue entonces cuando lo vi. ¡Maldita sea que lo vi! Era él, no puede haber equivocación. Su risa sardónica, su piel negra, su olor a maldad. Era él. El Imp. Mi Imp. La estaba siguiendo. Como una sombra, pasó entre la multitud y fue tras ella. Reaccioné violentamente y comencé a correr, a perseguirlos a ambos, chocando con los transeúntes que celebraban alegres.
Lo vi cuando se fue por el callejón del Salón de las Cazadoras, siguiéndola, con aquellos ojos luminosos y sedientos. Ya les alcanzaba. Ya podía tocar el hombro de mi esclavo demoníaco, que me las pagaría. Y entonces, como el humo llevado por la brisa, desaparecieron.
No había nadie, nada en absoluto. Ni rastro de Serene ni del Imp. Aquello parecía obra de brujos. ¿Me había confundido yo? Era imposible. El Imp dependía de mí. Yo era el único que podía invocarlo en este mundo, porque yo era su señor. El pacto era conmigo. ¡Yo tenía el poder!
Dos figuras han aparecido repentinamente cuando he intentado volverme. Son esos dos muchachos, los chicos nuevos del décimo círculo. Les he saludado de mal humor y he intentado seguir mi camino, pero me han cerrado bruscamente el paso.
Les he imperado que se aparten, pero ellos testarudamente se han negado. En eso, uno de ellos ha desenvainado una daga y ha intentado atravesarme. ¡Insensato! Le he tomado de la mano y he pronunciado una de los hechizos de putrefacción. La plaga se ha extendido en segundos sobre todo su cuerpo. Horribles yagas le han partido la piel y el muchacho ha salido huyendo en medio de un gran dolor.
El otro, asombrado, ha retrocedido, cayendo de rodillas e implorando perdón. Me acerco desafiante y le pregunto quién le ha enviado. Súbitamente y de la nada, para mi sorpresa, mi imp se ha materializado en mi hombro, ha saltado sobre el chico y le ha arrancado la cabeza de cuajo con sus garras.
Aterrado, retrocedo. ¿Le he invocado yo inadvertidamente? El imp juega con la cabeza del recién muerto como lo hiciera con la mi mayordomo desaparecido. Imperante, le ordeno que debe deshacerse del cuerpo, y el pequeño demonio, obedeciendo, levanta el cadáver junto con su cabeza y desaparece rápidamente entre el bosque.
He vuelto a casa sumamente preocupado. Me he sentado en mi sillón de la biblioteca, reflexionando profundamente sobre lo que he visto. ¿Por qué apareció el imp? ¿Por qué parece que puede manifestarse a voluntad sin que medie yo de alguna manera? ¿Por qué seguía a Serene? ¿Quién mandó a esos dos chicos a asesinarme?
A las tres de la mañana he llegado a la conclusión de que no se nada, pero que hay algo que no puedo postergar: quien sea que me halla mandado a matar, debe ser alguien del culto. Quizás alguno que me tiene envidia por mis grandes poderes. Es decir, el chico se pudrió en vida, literalmente, con solo que lo toqué. Eso es algo que solamente un mago de gran poder puede hacer. Por cierto, he invocado de nuevo al imp y le he ordenado que vaya por el muchacho que escapó. Ha ocurrido un asesinato y otro más está por ocurrir. No puedo permitir que le diga a nadie lo que le ocurrió a su compañero.
En eso, un gran revuelo en la calle me ha sacado bruscamente de mis pensamientos. Llamo al nuevo ujier que he contratado y este me ha dicho que un alboroto se ha armado en la gran plaza abajo, donde se lleva a cabo el festival.
Temiendo lo peor, me visto de nuevo y salgo a la calle. Llego a la plaza y me encuentro una multitud que habla sorprendida de algo que ha ocurrido. Le pregunto a uno de los más cercanos.
“El gran árbol”, me dice. “Se ha secado”.
Sin comprender sus palabras, me abro paso entre la multitud. Llego hasta el epicentro del alboroto y entonces, repentinamente, reconozco el mismo lugar donde fui atacado más temprano. Allí, clavado en medio de un prado, he reconocido un árbol grande y seco, al que se le han caído todas las hojas.
Es… ¡oh, dioses! Es Olmo.
----------------
23 de Mayo.
----------------
No he dormido, pero eso no importa. Igual dormido o despierto, el sueño es el mismo. Lo veo aún con los ojos abiertos.
Olmo… el pobre y viejo Olmo. Le reconocí al instante. Parecía como si alguien le hubiese succionado de golpe toda la vida, toda su vitalidad. Ahora parecía un tronco seco y muerto. Me le acerqué y le hablé, pero solamente escuché un sonido hueco en su interior. ¿Quién le podía haber hecho eso a un Ancestro?
Las dríades lo han llorado desde anoche. Las Hermanas de Elune lo han plantado en el lugar que murió y han rogado a la diosa toda la noche que le devuelva la vida. No ha escuchado. No he vuelto a ver a Serene, tampoco. He enviado a mis criados a buscarla, pero me han dicho que pasa sus noches en el Templo y que no desea hablar conmigo.
Yo por mi parte soy presa de profundas preocupaciones, porque cuando me le he acercado, en la parte más oculta del tronco, he reconocido la impronta de un par de pequeñas manos afiladas.
Ha sido él, de eso no hay duda.
Le he invocado nuevamente para preguntarle - ¡para exigirle hablar! – sobre el asunto. Se ha materializado de nuevo en su nube de llamas, y en medio de sonrisas chapuceras, lo ha negado todo.
Enfurecido, llamo a las fuerzas del Averno y lo levanto por el cuello en vilo. Todos mis poderes se han concentrado en ese momento, haciéndome parecer más grande y terrible de lo que soy.
El imp se ha derrumbado pidiéndome perdón, sollozando, pero no he conseguido que hable. Simplemente le pregunto algo y elude la pregunta con mil disculpas. Agotado de su presencia, le ordeno desaparecer, pero no se va sin que le perdone primero. Lo he hecho y me ha dado las gracias efusivamente, más de lo necesario. Luego, mientras se desvanece, le he visto sonreír.
----------------
24 de Mayo.
----------------
Un haz de luz de luna descendía silencioso sobre el prado, iluminando místicamente aquel sitio. Allí, en medio de aquel claro, descansando a la sombra de un inmenso olmo, había un Pozo Lunar, que no noté la última vez que estuve aquí. Con la cabeza atolondrada y casi al borde la locura, me dejé caer a los pies de aquel pozo sagrado y comencé a llorar. Mis lágrimas resbalaron por la superficie de aquella agua plateada, y en ese instante, le escuché hablar.
“Aún es tiempo”, dijo. “No es demasiado tarde para ti, ni para los otros”. Levanté la vista. Parecía… parecía como que el viento, meciéndose entre las ramas secas del olmo muerto, jugueteaba entre las copas del árbol y éste me hablaba con una voz conocida.
Me levanté y sequé mis lágrimas. “Astari”, susurró la voz.
“Mi nombre no es Astari”, dije. “Es Astaroth. Y no seré repudiado”.
Retrocedí dos pasos, sorprendido de aquella respuesta. No era yo quien hablaba. Era como si una fuerza superior se hubiese apoderado de mi ser y me hubiese obligado a responder de esa manera. En ese momento, pude notar que detrás del Olmo, emergía una sombra.
“¿Quién sois?”, pregunté, y el otro no pudo evitar notar que me llevaba mi mano al cinto, buscando una espada que no estaba allí. Había olvidado por completo que ahora, con mis grandes poderes para protegerme, andaba siempre desarmado.
“No soy tu enemigo”, dijo, y al salir a la luz, pude reconocer en mi interlocutor al extraño visitante de la otra noche, el que había estado preguntando por Nínive. No había duda. Era tal y como el imp me lo había descrito. Alto, joven, bien parecido, y con dos astas de ciervo en la cabeza.
“¿Quién sois?”, repetí, “Os juro que no estoy desamparado”. “Lo sé”, dijo el visitante. “No pienso haceros daño”.
Había algo en su tono. Era como si hubiese querido decir: “no pienso haceros daño… todavía”.
“He venido a ayudaros. Vuestro amigo Olmo…”
“Olmo no era amigo mío. Os habéis equivocado de persona”.
“Ciertamente no es así”, respondió. “Sé que sois Astari Shadowdancer. Sé lo que habéis hecho. Aún no es muy tarde para vos”.
Me volví, presa de una ira incontrolable. “No sabéis nada de mí”, dije. “No sois nadie para mí”.
No pude notarlo en ese momento, pero un aura mágica se había empezado a formar a mis pies. Sentía como un fuego interior comenzaba a ascender desde abajo hacia mi cabello, y una sed tremenda se apoderó de mí. No lo sé con exactitud, pero estoy seguro que mis ojos y mis puños brillaban con una energía oscura.
“Conocisteis a una amiga mía”, dijo el otro, todavía acercándose. “No lo digas”, pero no supe si aquello lo había gritado o lo había pensado, “no digas su nombre. “Su nombre es Nínive. Nínive Moonlightning, de Suramar”.
No supe más de mí en ese instante. Una ráfaga de ira se convirtió en una palabra de poder. Todos los hechizos y maleficios que había aprendido vinieron a mí de golpe, y al instante siguiente, una sombra oscura emergía de mis manos, y palabras en un lenguaje místico y profano salían de mis labios sin saber de dónde habían provenido.
El extraño permaneció imperturbable. “Sé lo que hay en el Palacio de Aszhara”, dijo, y eso hizo aumentar mi cólera. “Ella no quiere que los demás lo sepan, pero su maldad es tan alta, que incluso traspasa sus cerrados muros”.
No pudo decir más, porque fue ese el instante en que terminé de pronunciar mi hechizo. La energía que había invocado salió despedida de mi cuerpo y fue directo hacia él. Yo me sentía en éxtasis, pero a la vez un profundo dolor me punzaba en el fondo de mi pecho, como si estuviese a punto de estallar.
Y lo más impresionante de todo, fue que él levantó su mano derecha y detuvo el golpe sin siquiera retroceder, absorbiendo la energía como si nada.
“¿Quién… quién eres tú…?”, balbucee, aturdido ante aquella muestra de poder.
“Mi nombre”, respondió, “es Malfurion Stormrage”.
-----------------
26 de Mayo.
-----------------
Hay algo podrido en Zin-Aszhari. Me había sido imposible determinarlo, pero lo noté la noche en que salí al Festival de la Cosecha. Como recordarán, se suponía que esa noche tenia reunión del Círculo, pero mi paranoia con Serene y mi sorpresivo encuentro con el visitante Stormrage no hicieron más que fortalecer mis temores.
No os he contado lo que ocurrió con él, por cierto. La emoción de aquella noche había sido demasiado intensa, y no es posible describirla bien sin sentarse antes a pensar una y otra vez, lo extraño de ella.
Recordáis que las palabras del extranjero acerca de mi bien amada Nínive (no, no habéis leído mal), lo único que lograron fue hacerme enfurecer en grado sumo, al punto que mis propios poderes emergieron de mí y escaparon para alcanzarle y destruirlo. Y lo más increíble de todo fue que él no solo paró el ataque como si se tratase de nada, si no que ni siquiera se inmutó en tratar de responderlo de algún modo.
“Soy Malfurion Stormrage y no soy tu enemigo”, dijo a continuación, “pero has de saber que has elegido pasos que no son los vuestros. Estas tomando decisiones que solamente acabarán por destruirte, a ti y a los que amas”.
“¡No sabéis nada de mí!”
“¡Por Cenarius si lo sé!”, dijo, y su voz se ennegreció, y una sombra enorme pareció levantarse a sus espaldas. “Un poder oscuro se ha levantado y amenaza el mundo que conocemos. Olmo, tu verdadero amigo, lo sabe, y me ha rogado que hable con vos y os convenza de dejar esa senda del mal, antes de que sea demasiado tarde”.
“¡Tarde!... ¡¿para qué?!
“¡Para salvaros! Astari, Olmo sabía que vos todavía no habíais caído en la oscura maldad que gobierna el palacio de Aszhara. Hay esperanza para vos todavía. Si me dejáseis…”
Pero yo sudaba un sudor frío y un amargo y seco sabor anudaba mi lengua y mi garganta.
“¡Dejadme!”, grité, “Atrás”.
“¡Sois aún una buena persona!”
“¡No. Soy un maldito. Soy un asesino”, y caí de rodillas, llorando.
El extranjero había quedado sin palabras. Se acercó lentamente.
“Entonces”, dijo, “Nínive…”
“Muerta está”, respondí, levantando mi rostro avergonzado.
El extraño se llevó su mano a la cara y pareció sufrir con un gran dolor. Luego, levantó la vista y me miró. Algo en él había cambiado.
“He llegado demasiado tarde”, dijo. “No he podido salvarla, pero aún puedo vengar su muerte…”
Me levanté de súbito, mirándole. Entonces, se atrevería. ¿Dónde quedaban las palabras que me había dicho antes? En verdad es un mundo extraño en el que vivimos.
Entonces, Malfurion Stormrage se volvió hacia mí. Su rostro era una sombra dura y en verdad pudo sentir su poder. Era… era como si la tierra temblara, como si el cielo tronara con una tormenta lejana que se precipita furiosa sobre la tierra.
Levantó su mano. Yo intenté recordar los hechizos que había aprendido, pero repentinamente todo lo había olvidado. Mi mente estaba en blanco. Malfurion Stormrage pronunció una palabra de poder.
Y entonces, la tierra se estremeció y se conmovió, y abriéndose de par en par, una gruesa raíz emergió de entre las sombras y comenzó a reptar a una velocidad alucinante hacia mí, y rodeándome, se alejó.
Yo había temido lo peor, pero cuál no fue mi sorpresa cuando, al volverme, vi que las raíces habían atrapado en su interior… ¡a mi Imp!
Era él, lo juro por los dioses. Retorcido, estrangulándose en medio de aquellas poderosas raíces, estaba mi Imp. No pude evitar sentir cómo mi corazón se estrujaba y se hacía añicos al verlo asfixiarse y desintegrarse, mientras alzaba su mano hacia mí, llamándome “¡Astaroth! ¡Padre mío! ¡Ayúdame!”, y yo le veía, y estaba inmóvil, anonadado, tratando de entender aquello.
Y entonces comprendí que mi destino estaba sellado. Volviéndome, me encaré con el forastero y comencé a pronunciar el primer hechizo que me vino a la mente. Una ráfaga de sombras emergieron de mis dedos, pero en ese momento, Stormrage movió sus manos. Casi de inmediato comencé a asfixiarme yo también, atrapado por las mismas raíces, pero a los segundos pude notar que no quería matarme, solamente controlarme, mientras acababa con el Imp.
Le oí chillar y llamar y luego maldecir. Me volví lo mejor que pude, y finalmente, retorciéndose, me lanzó una última sonrisa macabra y se desvaneció.
Casi de inmediato, las raíces cedieron, y yo caí a tierra de hinojos. Stormrage me hablaba, pero yo no le escuchaba. Mi mirada estaba clavada en el sitio donde el imp se había desvanecido, y donde solo quedaba ahora un hilillo de humo donde había estado su corrupta personita.
Allí me quedé, inmóvil, hasta que el sol comenzó a emerger en el horizonte. No supe cuándo se había ido Stormrage sino hasta el mediodía, cuando las alegres voces de unas dríades que se acercaban al Pozo Lunar en busca de agua me sacaron de mi contemplación.
Volví a casa. Los tres días siguientes llamé, una y otra vez, a mi Imp, tratando de hacerlo volver de donde fuera la oscura dimensión en la que estaba, pero no hubo respuesta.
Una vez más, estoy solo. Por si acaso, he decidido dejar de acudir a las reuniones de la sociedad.
---------------------
30 de Mayo
---------------------
He despertado después de un largo sueño. En todo un mes no he dormido tan bien. Por primera vez en mucho tiempo, no he tenido pesadillas. Las imágenes del demonio, la destrucción y las almas atormentadas se han desvanecido. Los empleados parecen estar más felices que nunca. La casa, por primera vez en mucho tiempo, está silenciosa, en paz.
Y mi Imp no está.
A pesar de todo, a pesar de la tranquilidad, del buen dormir, de recuperar las fuerzas y comer bien, mi imp no está y eso me cabrea.
Como les conté, le he llamado, pero no me ha respondido. El maldito extranjero le destruyó, sin dejar el menor rastro de él. Estoy triste, deprimido. Y lo peor de todo, es que mis poderes han menguado terriblemente. No soy capaz siquiera de prender una lámpara con mi mente. He olvidado todos y cada uno de los hechizos que aprendiera. Soy presa de una profunda desazón.
Serene ha venido a buscarme un par de veces, pero la he rechazado. No quiero hablar con ella. Quizás y de alguna manera, la culpo por lo que ocurrió, pues al fin y al cabo, por seguirla a ella es que terminé peleando con ese Stormrage.
Me ha dejado un par de mensajes y se ha ido. Que recuerde que me ama. Que recuerde que está para mí en el momento en que la necesite.
En el momento en que la necesite…
Súbitamente han tocado a la puerta y me he sobresaltado. El ujier ha entrado anunciando que Lord Délanus Ravagast quiere hablar conmigo con urgencia. Le digo que le diga al mensajero que le lleve un mensaje de parte mía a Lord Délanus, pero me responde inmediatamente que el señor se encuentra abajo y que exige hablar conmigo.
“El Maestro”, digo para mí con voz apenas audible, “en mi casa”.
Me visto lo más rápido que puedo y bajo en seguida a recibirle. De pie en el salón principal de la casa, me espera un Quel´dorei alto, ancho de hombros, de porte ostentoso y mentón levantado. Sostiene un bastón enjoyado y sus ojos brillan con una malicia verdaderamente intimidante.
Ordeno al ujier que nos deje solos y le recibo en la terraza. El mayordomo trae té para mí y para él, pero ninguno de los dos bebe. Ravagast me escudriña de pies a cabeza con aquella mirada astuta que tiene.
“No habéis vuelto a las sesiones”, dice con su voz melosa de áspid. “Te hemos extrañado”.
Comienzo a contarle una serie de excusas que sé, no le convencen. Me escucha atentamente, con la educación digna de un lord, pero mientras hablo no se digna a apartar su mirada inquisidora de mí, mientras juega a darle vueltas al té con la cucharilla.
“Todo eso es muy interesante”, dice, “pero es evidente que mientes. Un mentiroso sabe cuando otro mentiroso no dice la verdad”.
Quedo atrapado en su juego de palabras. Me habla gravemente de mi falta de compromiso. Tengo deseos de mandarlo a la mierda, pero por alguna razón, no puedo dejar de pensar en el imp. Su mirada le brilla. Dice que si recuerdo la habitación que nos había enseñado la vez anterior. Recuerdo entonces el portal y la sombra. Afirmo con la cabeza.
Ahora me dice que me necesitan, que algo muy grande va a suceder, y que Lord Xavius, el mayor de los sirvientes de la reina, ha convocado solamente a los más poderosos y aptos, y que yo estoy entre ellos.
Tiemblo de pies a cabeza. No sé si decirle la verdad. Me pregunta por mi demonio. No hay manera de ocultarle nada.
“Lo he perdido”, digo. Me es imposible aceptar que lo perdí en una pelea con un plebeyo. “Es todo mi culpa”.
Délanus Ravagast me mira muy serio.
“Es un descuido imperdonable, Astaroth”, me dice, “el imp es el primer demonio que todo brujo debe aprender a controlar y cuidar”.
Las palabras “primer demonio” llaman mi atención. Entonces, Ravagast me cuenta, me lo cuenta todo: los otros demonios, la Legión, el Señor Oscuro.
Me estremezco ante cada palabra. Todo mi ser se siente conmovido hasta sus entrañas. Tengo miedo. Aquello parece mucho más grande de lo que alguien como yo pueda controlar. ¡Si apenas ayer podía manejar un imp!
Entonces, me cuenta de que esta noche habrá otra sesión, quizás la más importante. La reina ha cerrado el acceso a Palacio a los plebeyos. Solo los nobles podrán estar presentes y tener acceso al Pozo de la Eternidad. Me conmuevo de solo pensar que yo pueda quedarme fuera.
“Pero debes recuperar a tu imp”, me dice. “Te necesitamos entero”.
“No sé como hacerlo…” digo.
“Si lo sabes…”
“Lo he llamado, pero no responde”.
“Necesitas un nuevo pacto”, concluye, y una sonrisa maléfica se dibuja en su rostro.
Aquellas palabras terminan por destruir lo poco que queda de mí. Un nuevo pacto. Pero un nuevo pacto requeriría un nuevo sacrificio…
“…de sangre”.
Es como si me hubiese leído la mente. Le miro. Nuestras miradas se cruzan. Puedo leer algo terrible en su rostro.
“Sacrificios deben ser hechos si se quiere acceder al poder”, me dice. “¿O has olvidado acaso a los dos chicos que intentaron asesinarte la última noche?”
Le miro sorprendido. Él sonríe y asiente con la cabeza.
“Alguien les dijo que asesinando a un miembro más poderoso de la secta, ascenderían más fácilmente hacia un círculo más cercano. ¡Qué ingenuos!”
Me quedo mudo, sin palabras.
“Afortunadamente, tenías allí a tu imp para protegerte. ¿Qué ocurriría si alguien atentara contra ti ahora y no tuvieras a nadie para defenderte?”
Luego, me suelta un montón de otras cosas que no puedo creer. Finalmente, me promete que, si accedo a su petición, me ascenderá hasta el último círculo, donde solo entran los Grandes Maestros.
“Te estaremos esperando”, dice. No puedo evitar soltar el aliento que hasta ahora tenía contenido cuando finalmente se marcha, no sin antes decir que “el mundo como lo conocemos cambiará esta noche, para siempre”.
CONTINUA EN EL PROXIMO POST...
Last edited by Roderich on Dom May 23, 2010 6:10 pm, edited 1 time in total
Mandado: Dom May 23, 2010 6:09 pm Asunto del mensaje:
--------------------
31 de Mayo.
--------------------
Es medianoche.
El viento sopla frío desde el este y estremece los árboles furiosamente, produciendo un gemido aterrador, como si todos los fantasmas se levantasen esta noche para darle una estremecida al mundo.
Me encuentro de pie bajo la ventana del balcón de Serene. El vidrio está cerrado y las ramas secas de los árboles cercanos lo golpean una y otra vez. La casa parece desierta, pero yo sé que no es así. Todos los nobles han sido llamados al palacio, pero Serene es una Hermana de Elune, y a éstas, se les ha prohibido asistir a la ceremonia.
La puerta de la casa se abre y ella aparece en el pórtico, con su vestido blanco de novicia, tan hermosa como siempre. Se acerca al portón y entonces, le salgo al paso. Da un respingo y se lleva la mano al pecho.
“Me has asustado, Astari”.
Le sonrío tristemente. Debo tener un aspecto terriblemente demacrado, pues ella parece sobresaltada.
“Debo hablarte, prometida mía”, le digo, “de algo importante”.
“Voy al el Templo a orar”, dice, “la Sacerdotisa Dehjana dice que oscuras señales se acumulan en los cielos y que es preciso estar preparados”.
“Entonces, es cierto”, pienso. “Tal y como lo dijo el forastero. Tal y como lo confirmó Ravagast también”.
“Debes venir conmigo, querida”, insisto. “No puedo hacer esto sin ti”.
Ella me mira con sus ojos plateados e inocentes. Sonríe, con esa sonrisa nerviosa pero comprensiva que hacemos cuando algo no va bien.
“Está bien”, dice. “Prometí que estaría contigo cuando más me necesitases”.
Sus palabras son aguijón para mi alma. En un último momento de lucidez, intento detenerme, echarme para atrás y salvarla, pero ese momento pasa como la ráfaga del viento que agita sus hermosos cabellos.
La acaricio. Le doy hasta un beso. Ella confía en mí.
La tomo del brazo y la guío por oscuras callejuelas, alejándome de las grandes conglomeraciones. Una enorme multitud ha empezado a congregarse frente al palacio de la reina. Los Kaldorei exigen ver a su reina, que está, según ellos, secuestrada por los nobles. Ingenuos. No saben la terrible verdad. La reina que aman les ha abandonado, prefiriendo la inmortalidad al lado de un Dios Oscuro.
Me estremezco. Yo también soy Aszhara.
“Parece que hay una rebelión”, dice Serene con tono preocupado. No le hago caso y sigo caminando a marcha forzada. Por fin, dejamos atrás la plaza principal y ahora caminamos por una calle oscura y sola. Miro hacia el cielo. Es luna nueva. Elune no ha querido observar la caída de sus hijos.
Llegamos a la Plaza donde la otra noche hubo el Festival de la Cosecha. Donde hubo alegría, ahora hay silencio y abandono. La calle está desierta. Subimos una callejuela tras el Salón de las Cazadoras, y tras andar un poco, emergemos a un pequeño prado iluminado, con un Pozo Lunar arregostado al tronco de un viejo Olmo.
“Lo reconoces”, pregunto. “Estuvimos aquí la otra noche”.
“¿Qué dices?”, me responde. “Nunca he estado aquí”.
“Claro que sí. Reconoces ese sitio”.
Señalo hacia el suelo, donde he dibujado previamente un pentagrama con tiza azul, exactamente en el lugar donde el forastero destruyó a mi imp.
“Astari, ¿qué es este lugar?” Empieza a asustarse.
“No me llames Astari”, le digo, “mi nombre es Astaroth”.
Súbitamente he sacado una daga de algún lugar entre mis ropajes. Levanto la hoja con sangre vieja sobre mi cabeza, mirando con locos ojos desorbitados a mi víctima.
“¿Qué haces? ¡Astari!”. Ella no puede creerlo. Simplemente no puede creerlo.
“Debiste escuchar a Dehjana e ir al Templo a orar”.
“Estás loco, ¡suéltame! Te digo que NUNCA he estado aquí”.
“Es necesario que tú mueras para que él viva”, le digo con mi mirada de loco.
Y ella mira, mira para todas partes, tratando de ver el momento en que aparecerá el héroe que vendrá a salvarla.
Siente el frío del cuchillo cortando su carne. La realidad le da de golpe en el rostro. Llama a la diosa, pero la diosa no miró al mundo la noche en que cayó su imperio. Empieza a desangrarse, hasta que pierde la conciencia. Tarde, me doy cuenta de la barbarie que he cometido. Volviendo en mí, la tomo entre mis brazos y la llamo, desesperado. ¡¿Qué he hecho?! He destruido todo lo que amaba en la vida en pos del poder. Intento arrebatársela a la muerte, traerla nuevamente a la vida, pero ya es demasiado tarde. A lo lejos, escucho el sonido de trompetas y una conflagración que inicia. Hay gritos y llantos indecibles. Almas torturadas caen bajo las botas de hierro de un ejército impío que conmueve la tierra.
Y se le va la vida, y entonces, me doy cuenta que mi destino ha sido sellado, que ya no tengo otro remedio más que comenzar la invocación. Una grieta se abre en el suelo y una luz verdosa emerge de ella conforme las profanas palabras escapan de mi boca. Sonidos de locura y dolor se mezclan con un nauseabundo olor a azufre. Un rostro sonriente aparece en la oscuridad de la grieta. El humo verdoso asciende y una figura ciclópea emerge de él. Tiene dos enormes alas en forma de murciélago, una cabeza calva y enorme, con dos grandes cuernos de carnero, y patas de cabra en lugar de pies. Sus ojos brillan con un rojo infernal y tiene dos garras enormes en lugar de manos.
“¿Qui… quien eres tú…?”
La criatura suelta una carcajada que me hace temblar.
“Padre mío, Astaroth, no me reconoces”
“Eres… eres tú…”
Dejo caer el cadáver de Serene, que ahora debe estarle dando cuentas a su diosa, y me dejo caer de rodillas ante el ser.
“Has vuelto…”
“Más grande y poderoso que nunca. Gracias a ti, he sido recompensado”.
“Pero cómo…”
El terrorífico demonio levanta una de sus garras y la deja caer pesadamente sobre mí, dándome un golpe definitivo que me hace derrumbarme sin miramientos.
“Debiste escuchar al forastero”, dice. “Pero como has sido tan bueno conmigo, tengo para ti un último regalo”.
El Señor del Terror suelta otra carcajada y levanta una vez más su manaza terrible, dejándola caer cruda y salvajemente sobre mi cabeza.
Lentamente cierro mis ojos. Lo último que veo es la cara sonriente de Serene que se va desdibujando en una nube. A lo lejos, me parece que el viento llora entre las ramas del viejo olmo. Y luego…
Mandado: Mie Ago 11, 2010 8:45 pm Asunto del mensaje:
Bueno pongo aqui un pequeño relato que e utilizado en el foro de Lloyd como introduccion del personaje tanto para que lo lea alguien mas como para ver si os animo a participar en ese foro dedicado unicamente a un roleo.
Llevaba días buscando ese lugar, aparto con la mano la vegetación que cubría su camino, noto como las hiervas y ramas azotaban su elegante armadura y soltó un gruñido de enfado, odiaba cuando la tela se desgarraba por estupideces mientras que con un objeto metálico largo el cual parecía ser una lanza iba apartando las ramas mas pesadas que se entrometían en su camino.
Ahí estaba, espectacular, increíblemente hermoso, el Lago del Errante, la guarida de una de las criaturas mas conocidas por las historias y leyendas y a la vez una de las mas imposibles de encontrar. Sus ojos se posaron sobre la superficie del agua, iluminada por la luz de la luna, no se cansaba de observar como ese líquido sorprendentemente claro ondulaba por la suave brisa.
No podía esperar, tenia que buscarlo. Sin pensarlo ni un segundo más se zambullo en el lago, por fin estaba bajo el agua, no sabría explicarlo pero aunque no pudiese respirar, fuese difícil para la vista y su largo pelo no parase de molestar se sentía mejor que al aire libre.
Pasaron horas mientras hacia intentos buceando, tras varias pruebas decidió dejar parte de su armadura en la orilla y su pequeño escudo, ya que le dificultaban a la hora de nadar.
Noto como sus pulmones necesitaban aire nuevamente, tenia que volver a salir a la superficie pero estaba muy lejos, no sabía lo que podría encontrar. Despacio asomo la cabeza y tomo aire, no había nadie, su boca dejo salir un sus piro.- Uff…
No obstante enseguida se dio cuenta de que la situación no le favorecía, apenas pudo coger aire algo tiro de el con fuerza hacia abajo bruscamente, sumergiéndolo nuevamente, por unos instantes deseo que fuera la criatura que tanto ansiaba dar caza, pero enseguida reconoció otro monstruo marino de mucho menor tamaño y mas fácilmente localizable, no obstante no recordaba haber matado uno, le seria una buena presa.
La criatura le triplicaba en tamaño, y parecía cubierta por una dura concha, si tuviese que explicar a un desconocido su apariencia seguramente la compararía con la de un cangrejo gigante, solo que la piel de este asemejaba mas una rocosa montaña que la de el marisco que los mas ricos de la ciudad de Menlok podían permitirse comer.
Este, observaba al humano, Kunnka por su parte devolvía la mirada sin temor. Enseguida una de sus garras se lanzo contra el, no podía moverse tan rápido en el agua como el animal así que dio por supuesto que no podría evitarla y se limito a amortiguarla con su lanza, bloqueando el golpe.
La fuerte embestida le hizo desplazarse en el agua hacia unas paredes rocosas recibiendo un fuerte impacto el cual le forzó a soltar una gran cantidad de aire al pronunciar un ahogado gemido de dolor debajo del agua.
-Esto si es un buen motivo para que se desgarre mi armadura.- Pensó maldiciendo la elección de haber traído su ropa cara.
Noto como la roca firme de la pared marina apoyaba en su espalda, y decidió colocar sus pies, esperando la carga de su adversario. La criatura marina no tardo en abalanzarse nuevamente sobre el.
No obstante esta vez Kunnka tenia un punto de apoyo, se impulso fuertemente hacia la criatura, apartándose de la trayectoria de sus garras, el impulso de la bestia la llevaba de lleno contra la pared, así que el cazador decidió utilizar este impulso interponiendo su lanza entre la criatura y el.
Pese al fuerte golpe la concha del animal no se inmuto, noto como el peso del animal le hacia retroceder por el agua hacia la pared nuevamente, con los pies la busco para poder impulsarse y ejercer la fuerza suficiente como para traspasar al animal pero pese a que puso todas sus energías en el golpe apenas pudo notar como cedía un poco el caparazón de este.
La criatura le miro desafiante, como un ganador que descubre que su presa es incapaz de defenderse, pero para su sorpresa esta vez la presa no intento huir, dejando escapar la ultima bocanada de aire que le quedaba Kunnka dedico una sonrisa a su enemigo. Parecía que el depredador se iba a convertir en la presa.
Pese a estar bajo el agua un ligero click metálico se escucho, como el activar de un mecanismo… como el gatillo de un arma.
-Lo siento amigo, yo no quería hacerte daño, solo quería saber si podía matarte o no.- tras decir estas palabras y pese a que sabia que era totalmente imposible que nadie las entendiera debajo del agua un gran chorro de aire seguido por una bala salio de la punta de la lanza traspasando a la bestia marina. Enseguida una nube de sangre cubrió el agua.
Con fuerza introdujo la lanza por el agujero de la bala desgarrando la piel de la criatura, la cual perdió mucha sangre y una gran cantidad de aire, lo que hizo que el cadáver saliera a flote, el humano se agarro desesperado a el para facilitar su ascenso notando como los pulmones le ardían por la falta de oxigeno.
Veía la luz de la superficie, cuando saco la cabeza respiro con fuerza, echando el cráneo hacia atrás para que el pelo no le tapase los ojos, se apoyo boca arriba en el cadáver de la criatura, que ahora flotaba en el lecho del rió y recupero el aliento…
Lentamente bajo la vista de nuevo para observar el lago.
-Mierd…!
Se encontraba rodeado de muchas mas criaturas como la que acababa de matar, las cuales nadaban a su alrededor.
-Cuanto hijo de puta y tan pocas balas…-Comento observando la punta de su Lanza-Pistola la cual aun desprendía un pequeño hilo de humo. _________________
You cannot post new topics in this forum You cannot reply to topics in this forum You cannot edit your posts in this forum You cannot delete your posts in this forum You cannot vote in polls in this forum
WOW-ESP es una comunidad hispana de World of Warcraft, el contenido sobre World of Warcraft así como logos y nombres registrados son propiedad de Blizzard. El contenido de los comentarios de los usuarios por cualquier de introducci de datos como puede ser el foro u otros sistemas donde se pueda introducir información en la web son propiedad y responsabilidad del autor, en WOW-ESP no nos hacemos responsables de comentarios ofensivos entre usuarios del foro. Todo el resto de contenido de la web excluyendo los propietarios anteriormente mencionados son propiedad nuestra y no se autoriza su utilización fuera de esta web ni copia del contenido excepto autorización explícita de su propietario.