Mandado: Mar Sep 29, 2009 7:53 pm Asunto del mensaje: Recopilatorio de Historias y Cuentos v2.1
Recopilatorio de Historias Cortas de la Taberna v2.1
¡Saludos, queridos parroquianos! Tengo dos noticias, una buena y una mala. Bueno, dos malas.
-El Recopilatorio 2 desapareció tras meses de inactividad. Eso es malo.
-Las historias publicadas desaparecieron. Eso también es malo (o regular si las tiene el nerubian).
-Hemos descubierto que el prunning son 6 meses. Eso es... algo parecido a bueno.
Como el Recopilatorio 1, este post es exclusivo para la recopilación de cuentos, historietas, poemas, microrrelatos, garabatos, notas al margen... de cualquier relato considerado corto. Todo lo que quede englobado en la anterior clasificación, va en este tema.
Gracias por contribuir a disfrutar de una Taberna más espaciosa.
Mandado: Mar Sep 29, 2009 9:21 pm Asunto del mensaje:
-- El Pastel de carne -- Relato autoconclusivo
- ¡Noticias de Papá, noticias de Papá! – los gritos de una pequeña elfa abrieron las cortinas de la casa, mientras su madre salía con el rostro arrebolado, mezcla de sorpresa y alegría.
- Tranquila, Lindo – la madre alzó a la niña en brazos, cogiéndole de entre las manos un paquete grande envuelto en lino. Dejó a la niña sobre una mesa, y sonrió. La pequeña jadeaba feliz, mirando a sus hermanos.
Otros tres elfos pequeños dejaron rápidamente sus tareas: un juego de madera por allí, la mesa para la cena por allá. Los cuatro sin’dorei se acercaron a su madre, en una carrera liviana, como si no les pesara ni su propio cuerpo. Incluso la pequeña casa, construida de forma circular según las costumbres, pareció recogerse en torno a la familia, abrigándola con sus tonos granates y sus cálidos paños.
"Almarë,
Te escribo desde Rémol, en tierras de Lordaeron. El negocio de pieles va viento en popa, ya no tengo problemas con el sr John Collins, ese Renegado que me hacía la competencia. Hemos llegado a un fino acuerdo gracias a un mediador, y ahora nos repartimos el mercado. Todavía entreno la disciplina aprendida como Errante en Quel’thalas, y con eso consigo algunos excedentes que tal vez nos permitan con el tiempo volver a estar juntos. Os echo mucho de menos, Almarë, no os mando aún el dinero porque confío reunir una gran cantidad estos días que quedan, y sé que aún os resta suficiente, siempre has sabido administrarlo bien.
Sí que os mando un pequeño detalle, una parte de mí. Disfrutadlo."
Almarë miró el paquete, llevándolo hacia la mesa. Un hilo de cabecitas le seguía, con ojos inquietos como gotas de agua tintineando. La elfa abrió el paquete, y después la caja de papel que cubría la sorpresa. Las vocecillas de sus hijos corearon con entusiasmo mientras ella se giraba, mostrándoles un pastel horneado ya frío por el viaje.
- ¡Papá nos envía uno de sus platos! – exclamó a los hijos, animándoles. – Extraño, nunca ha sabido cocinar muy bien – pensó para sí misma.
Los chiquillos terminaron de poner la mesa, y la madre añadió el regalo, una vez calentado en las brasas que aún ardían, al menú habitual: algo de carne sazonada y un poco de verdura fresca del mercado. A pesar de su situación actual, Almarë intentaba mantener un nivel de vida propio de una familia de mercaderes.
Con habilidad partió el pastel en varios pedazos, y sirvió a sus hijos porciones más grandes que a sí misma. Se sentó, y permitió a los niños empezar la cena, mientras en su mente las últimas palabras se repetían enigmáticas:" una parte de mí. Disfrutadlo."
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Huorë entró en la casa. Era una casa adecuada, simple, pero adecuada. Lejos del núcleo del pueblo, le permitía mantenerse alejada del hedor a podredumbre; pero estaba lo suficientemente cerca como para recibir la protección de la guardia. Dejó el saco de pieles sobre la mesa, había sido un buen día. Parece que Collins no volvía a interponerse entre él y sus beneficios, parece que finalmente el Renegado había aceptado su derrota y comenzaba a ceder en los precios, a no rebajarlos con arriesgada insistencia. Parecía que incluso sus reservas comenzaban a escasear, dejando al elfo que llenara los vacíos con su propia mercancía. Unas ricas ganancias que conseguiría enviar en cuanto terminara la semana, como solía hacer.
El sin’dorei se desperezó suspirando, echaba de menos a Almarë. En ese pueblo no había muchos elfos, aunque últimamente comenzaban a aparecer más, fruto de una extraña migración que aún no entendía. En cualquier caso, suponía que tendrían causas similares a él. Aún recordaba el día en que llegó, cómo estrechó la mano de la posadera, y cómo tuvo que devolvérsela después, absolutamente avergonzado, intentando recolocarle los huesos del antebrazo después de habérselo arrancado.
En ese momento miró a la puerta. Se acababa de cerrar de golpe. El viento, pensó el elfo: convenía cerrar las ventanas. Sin embargo, un rápido vistazo le reveló que también estaban cerradas. Inquieto, miró alrededor: tal vez un golpe de aire pudiese cerrar una madera, pero no podía con los marcos de hierro de ninguna manera.
El corazón le latía acelerado, se acercó a su habitación para coger la vieja espada, pero de pronto lo sintió: un sonido agudo y afilado, como si sus oídos estuviesen siendo arrancandos con tenazas. Se giró desconcertado, cayendo de rodillas, con las manos tapándose las orejas. No acertó a ver nada, tan sólo sintió un latigazo en los ojos, y un profundo escozor. Una de las manos, involuntaria, se obligó a buscar la causa, mientras la tierra lanzada aún caía por su rostro. Después sólo siguieron gateos desesperados hacia donde recordaba la puerta, y un pinchazo intenso en el costado, y un líquido caliente que se vertía. Y la puerta abierta, y un último tropiezo con el escalón.
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- Oh, así que es usted el mensajero de John Collins, perfecto, pase. Permítame presentarme, sí, Sorrowful, así le ha dicho su amo. Pero llámeme Rosemary – la Renegada frotó sus secas palmas sobre el delantal, quitándose la harina sobrante; acto seguido estrechó la mano del joven elfo.- Así que John contrata elfos para sus trabajos en Quel’thalas, muy apropiado, sí, jejeje – la voz de la mujer sonaba como tablas arrancadas de un suelo carcomido.
- ¿Sabe? Sí, en efecto es extraño que una artesana como yo contrate a un mensajero de un conocido. Sí, no parece muy apropiado para mi trabajo, ¿verdad? Pero bueno, a mi edad… Jejeje, o a mi estado mejor dicho, una tiene ciertas manías, usted lo entenderá, ¿a que sí, querido? Sí, muy bien, siéntese. Aquí tengo su paquete – señaló con su larga uña, decorada con una dosis ingente de mugre, el molde recién sacado del horno. Después se acercó para empacarlo. – Como le digo, una tiene sus manías. En mi caso son cuatro:
La primera es no contratar un mensajero propio, sino siempre uno del contratista con el que acabo de trabajar. Es interesante, porque eso me permite tener con él cierta confianza, pero al mismo tiempo, me da la distancia necesaria como para poder engañarle en todo cuanto quiera. Oh, no, querido, no me mires así, a ti no te voy a engañar. Tú eres demasiado bonito.
La segunda es no pensar en el asesinato como una rutina, sino analizar cada víctima como un mundo aparte. Aparte de las indicaciones del contratante, como el señor Collins, que me pidió explícitamente: “que parezca un asesinato”, hay que añadirle un toque personal. ¿Sabes? Es extraño, habitualmente suelen pedirme lo contrario, que no parezca un asesinato. Creo que ese señor tuyo quiere ganarse una reputación, ¿me coges? En fin, volvamos a mi regla: digo que es especialmente apropiada, porque no se puede atacar a un orco con armas contundentes, porque no servirán de mucho, y evidentemente, no se puede atacar a un elfo aprovechando el silencio. Si quisiera matarte ahora, tendría que hacer mucho ruido, ¿no? Tendría que anular esa ventaja tan preciada que tienes. Oh, no, querido, no me mires así, a ti no te voy a matar ahora. Tú eres demasiado bonito
La tercera es añadir a cada trabajo un toque personal. Un aderezo que sea mitad mío, mitad de la víctima. No siempre se mata por trabajo, a veces por gusto, ¿verdad? Cada caso tiene que ser particular, delicioso, apreciable como un postre después de una gran comida. ¿Sabes? Yo antes era pastelera, así que suelo aprovecharlo. Ésa es mi parte, pero oh, qué listo eres, pequeño. Ya estás esperando la mitad de la víctima. Bien, te pondré un caso particular, el ingrediente sorpresa de este plato. – La Renegada sonrió limpiando un cuchillo de cocina, y con el filo, volvió a señalar. Esta vez mostraba un objeto en semipenumbra, mojado por algo espeso y oscuro. Parecía un homínido recostado, sin pantalones, con los muslos abiertos y un gran agujero. Algo faltaba allí, algo que hizo al mensajero llevarse la mano a la entrepierna y rezar a todos sus dioses.
- Oh, no, querido, no me mires así, a ti no te voy a hacer eso. Tú eres demasiado bonito.
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El alarido de la pequeña Lindo fue tal, que varias copas del Bosque de Canción Eterna vieron a sus pájaros escapar asustados. El grito se mantuvo durante varios segundos desgarrando el cielo púrpura de Quel’thalas, hasta que fue sustituido por un llanto más calmo, más grave, más adulto, que cerró el día en la pequeña casa. Un sollozo amargo que abrió una noche mucho más larga de lo acostumbrado.
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Me encanta cómo eres, querido, has vuelto a averiguar mi cuarta regla, ¿verdad? Oh, sí, y también a por esto – La Renegada le entregó una bolsa de cuero llena de monedas, a modo de pago - ¿Ves? Aún no estás satisfecho, veo en tus ojos esa curiosidad de tu raza, esas ganas de saber. Ah, me encantan – Rosemary se relamía con su lengua seca y agrietada.- Bien, te diré que la cuarta regla que sigo es sencilla, y complementa a la primera. No confiar a nadie mis dos identidades, sólo una. ¿Sabes, querido? Sí, no pongas esa cara, eso quiere decir lo quiere decir. No sería muy inteligente ir desvelándolo todo a los mensajeros de mis clientes, ¿verdad? ¿Que qué es esto? ¿Que no es un cuchillo “de cocina”? No, mi amor, claro que no lo es. Es algo mucho más divertido…
Mandado: Lun Oct 12, 2009 9:47 am Asunto del mensaje:
Pretor_Khas escribió:
-Las historias publicadas desaparecieron. Eso también es malo (o regular si las tiene el nerubian).
He recuperado el tema del caché de Google. Tengo guardado hasta el relato 112, RELATO V1, por whitri, que creo fue el último publicado, pero no estoy realmente seguro. Si alguno se acuerda, le agradecería mucho si lo confirmase.
Una cosa más: durante el proceso descubrí que Internet Archive: Wayback Machine ha actualizado con algunas capturas de nuestra página su base de datos.
Mandado: Dom Ene 31, 2010 5:31 pm Asunto del mensaje:
Ya que se borró el primero, a ver si llegamos con este, como mínimo, hasta donde aquél!
Exiliado
Gobernaba con mano de hierro hasta donde la vista le alcanzaba. Era el rey exiliado en un palacio acogedor. No podía sino pensar en la verde extensión que dejó atrás, una mujer ahora muerta y un par de hijos a los que nunca vería más. Atrapado en su vida pasaba, cada risa que escuchaba perdido en su memoria le acuchillaba como si de un puñal se tratara, ya no debía quedar hueco alguno en su corazón sin atravesar. Pero cuando menos se lo esperaba, otra carcajada serpenteaba presta abriéndose paso hendiéndolo una vez más.
Algo le toca la mano. La única compañía que le queda, Max, aunque inferior a él, es el último retazo que le ata a su vida pasada. Nunca lo había considerado un sirviente y en cierto modo ya no lo era. Libre de ir donde quisiera, Max eligió quedarse junto a su amo, el rey exiliado en su palacio acogedor. Rodeado por doquier de otros como él, paseaba mirándolos con desdén, todavía no estaba acostumbrado a su nueva situación. Una y otra vez se preguntaba: ¿Cómo había podido acabar durmiendo entre unas sucias cajas de cartón?
El dinero da la felicidad, propicia el amor y en cierta medida puede curar ciertos males del cuerpo. Cuando la guadaña espera para cosechar lo que más quieres, todo el dinero es poco para pagar el soborno. Por esta vez está calmada, aunque el coste de la vida incrementará cada vez más. Es el precio que hay que pagar, normalmente la gente lo acepta. Pero ¿Y si se tienta a la mano que sostiene la segadora, retándola a no cortar? La reina parecía dormida en su féretro de cristal, llorada por un par de enanitos que todavía pensaban que podría despertar. Pero nadie llegó a lomos de un corcel blanco. Todos aguardaban la llegada de un rey que nunca aparecería. Éste buscaba consuelo en el fondo de un vaso con un par de hielos. Ajeno a todo lo que no fuese aquello, manos invisibles le iban despojando de su reino. La madre de Blancanieves se llevó a los enanitos sin que él pudiera hacer nada, la espada de Damocles pendía sobre su cabeza. Y cayó .Con toda la fuerza con la que puede caer un Dios.
Todo aquello le producía dolor de cabeza. Detalles de una vida pasada que nunca recuperaría, ahora la espada la sostenía él y amenazaba a cualquier incauto que entrara en sus dominios. Después de todo seguía siendo un rey, era el rey del palacio de cajas de cartón, cuyo reino se extendía vasto y grande hasta el final del callejón. _________________
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