Crear una Cuenta - Viernes 3, Septiembre 2010

WOW-ESP :: Ver tema - -- La Leyenda --
Búsqueda personalizada
 BuscarBuscar   Grupo de usuariosGrupo de usuarios   FichaFicha   Identifícate para ver tus mensajes privadosIdentifícate para ver tus mensajes privados   IdentificarseIdentificarse 

-- La Leyenda --
Ir a la página Anterior  1, 2
 
Mandar nuevo asunto   Responder a tema    WOW-ESP Forum Index -> La Taberna
Ver tema anterior :: Ver siguiente tema  
Autor Mensaje
Roderich
Tabernero
Tabernero


Entrado: Dec 08, 2004
69%
Mensajes: 3136



MensajeMandado: Mar May 19, 2009 2:07 am    Asunto del mensaje: Responder citando

Gracias por el apoyo y por leer.

Con respecto a las dudas que se han planteado:

1 - No, no he cometido un error. Sé lo que estoy haciendo. Debo aclarar que yo no llevo la historia: la historia me lleva a mí.


2 - Sí, es cierto. Svala Sorrowgrave toma su nombre hasta la época actual, pero he decidido ponerlo así para que el personaje sea identificable. Si le hubiera puesto otro nombre, no me serviría para las intenciones que tengo más adelante.


_________________
Subir
View users profile Send private message MSN Messenger
rexxar_1986
Habitual
Habitual


Entrado: Nov 17, 2004
84%
Mensajes: 459



MensajeMandado: Mar May 19, 2009 9:19 am    Asunto del mensaje: Responder citando

Bua... pedazo de historia... como te lo currras tio... me la he tenido que tragar de un tirón, cada capítulo te enganchaba más.

Sigue así rode ^^

p.d: ¿La última frase que dice Tyr antes de morir la has sacado del guerrero número 13?
_________________
Los bosques serían demasiado silenciosos si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen...
Subir
View users profile Send private message Visit posters website
Roderich
Tabernero
Tabernero


Entrado: Dec 08, 2004
69%
Mensajes: 3136



MensajeMandado: Mar May 19, 2009 3:23 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

rexxar_1986 escribió:
Bua... pedazo de historia... como te lo currras tio... me la he tenido que tragar de un tirón, cada capítulo te enganchaba más.

Sigue así rode ^^

p.d: ¿La última frase que dice Tyr antes de morir la has sacado del guerrero número 13?


Sí, en efecto, sale en el Guerrero No13, pero tengo entendido que los vikingos históricos sí recitaban esta oración antes de entrar en batalla. De todos modos, las dos oraciones de los taunka del capítulo anterior corresponden a dos antiguas oraciones de los indios lakota de Norteamérica (con algunos cambios para adaptarlas al cuento). De hecho, la palabra lakota para bisonte es "tatanka".

Otra cosa que no he aclarado: las frases del idioma taunka están escritas en finlandés y las de los vrykul, en noruego (rudimentario, pero no creo que aquí nadie sepa mucho de ambos idiomas Very Happy ).
_________________
Subir
View users profile Send private message MSN Messenger
rexxar_1986
Habitual
Habitual


Entrado: Nov 17, 2004
84%
Mensajes: 459



MensajeMandado: Mie May 20, 2009 8:17 am    Asunto del mensaje: Responder citando

Pues te ha quedado muy bien, ¿que quieres que te diga? xD te lo curras mucho y documentas bastante... y eso se nota.

Por cierto, ¿contiua la historia o ya está acaba? es que joder... parece un final ya...

edit: vale... ponia "Continuará..."

Por cierto, supongo que la voz se tratará del dios antiguo. Aunque hay dos voces: una que seguramente será de yogg-saron (o como se escriba) y la otra se tratará de algún espíritu nórdico en plan ancestro o dios (elune y malorne) pues se corresponde con un "dios" de la muerte...

habrá que seguir leyendo...

y una teoría: serán los vrykul los ancestros de la humanidad? xD
_________________
Los bosques serían demasiado silenciosos si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen...
Subir
View users profile Send private message Visit posters website
Blaze_
WoW-ESP Elite
WoW-ESP Elite


Entrado: Jan 29, 2006
100%
Mensajes: 2494



MensajeMandado: Mie May 20, 2009 1:33 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

si lo son, lo descubres en una quest del wow vaya
Subir
View users profile Send private message
__Inine
Nuevo
Nuevo


Entrado: May 19, 2009
14%
Mensajes: 24



MensajeMandado: Mie May 20, 2009 4:29 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

rexxar_1986 escribió:
serán los vrykul los ancestros de la humanidad? xD

Sí, de hecho, creo que te lo dicen en una quest Shocked
Subir
View users profile Send private message
rexxar_1986
Habitual
Habitual


Entrado: Nov 17, 2004
84%
Mensajes: 459



MensajeMandado: Mie May 20, 2009 4:41 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

es que yo no juego a wow... xDDDD

pues si es así, queda totálmente descartado que una de las voces sea el rey lich.

un saludo ^^
_________________
Los bosques serían demasiado silenciosos si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen...
Subir
View users profile Send private message Visit posters website
Roderich
Tabernero
Tabernero


Entrado: Dec 08, 2004
69%
Mensajes: 3136



MensajeMandado: Mie May 20, 2009 4:42 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

__Inine escribió:
rexxar_1986 escribió:
serán los vrykul los ancestros de la humanidad? xD

Sí, de hecho, creo que te lo dicen en una quest Shocked


Exactamente. La quest se llama "La Angustia de Nifflevar". Por eso el primer capítulo de este cuento tiene ese nombre. Y una quest relacionada con esa se llama "El Eco de Ymiron", igual que el segundo capítulo. De hecho, la historia de Tyr y Tyrsa está basada en esa quest, donde dos padres vrykul discuten la forma que usarán para salvar a su hijo de la masacre que Ymiron planea hacer de los niños vrykul aberrantes (que son en realidad los primeros humanos).
_________________
Subir
View users profile Send private message MSN Messenger
Rabbit
WoW-ESP Amigo
WoW-ESP Amigo


Entrado: Oct 25, 2003
100%
Mensajes: 1664



MensajeMandado: Mie May 20, 2009 6:16 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

Gracias a esos detalles, historias como ésta consiguen meterte tanto en la trama, en los paisajes, en los personajes, que tienes la sensación de que te están cayendo los copos de nieve en la cara mientras lees.

La batalla de Tyr contra Ymiron, sencillamente épica, tal y como se merece un gran guerrero. Y cómo no, manteniendo en vilo al lector hasta el último momento...
_________________

La muerte nos sonrie a todos, asi que... devolvamosle la sonrisa
Subir
View users profile Send private message
Pretor_Khas
Tabernero
Tabernero


Entrado: Apr 03, 2004
100%
Mensajes: 3526



MensajeMandado: Sab May 23, 2009 10:36 am    Asunto del mensaje: Responder citando

Solo tengo una cosa que decirte:

Maldito seas, casi logras hacerme llorar.
_________________

Leviatanes Mecánicos: vendemos ironía
Subir
View users profile Send private message MSN Messenger
Roderich
Tabernero
Tabernero


Entrado: Dec 08, 2004
69%
Mensajes: 3136



MensajeMandado: Mie May 27, 2009 8:18 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

Capítulo 10
Un mundo en gestación.



Una ráfaga de viento se elevó desde el fiordo. Fría e indiferente, dibujó una figura invisible en el espacio, y luego, descendió a toda velocidad para murmurar una letanía a los oídos de Ma'Gusha GrimTotem. La chamana movió las orejas, olfateó el aire y escarbó en la nieve. Allí, en el hueco sobre el blanco manto que cubría la tierra, arrancó una hierba que, aún con el inclemente clima, había crecido verde.

- Se acerca el tiempo - dijo en voz baja, y llevándose la hierba a la boca, la masticó. - La tierra ya está madura.

Largo había sido el invierno, como si se hubiesen confabulado cinco de ellos en uno solo. Ver el sol sobre el horizonte aún era una esperanza lejana, pero por lo menos las nevadas habían cedido y el gris oscuro del cielo se había tornado en un perenne y mortecino blanco que confundía el paisaje. Allá arriba, en las montañas, las nieves perpetuas, ocultas tras los nubarrones, recordaban a los mortales que los dioses aún permanecían furiosos, pero que por lo menos les darían un par de meses de tregua antes de caer, de nuevo, sobre ellos como relámpagos.

Ma'Gusha GrimTotem sintió frío en la punta de los cuernos y en su pezuña derecha, como siempre ocurría todos los años, desde que era una niña. Levantó la mirada y la extendió en el extenso desierto de hielo, que colmaba hasta donde alcanzaba la vista, y repentinamente, algo como un cristal brilló en el horizonte. Entonces, se volvió y miró a los ojos de Korak de Cingala, Pezuñalarga, jefe del pueblo taunka.

- Es hora.

Korak de Cingala asintió con la cabeza. El gigantesco hombre-toro sentado se puso de pie, en toda la monumental magnificencia de su tamaño, e imponente, subió la colina y miró hacia la llanura detrás de él. Allá abajo, una multitud reunida de vetustas teztuces le esperaba estupefacta, ansiosa, de escuchar las palabras de su líder. Y entonces, Korak de Cingala les narró la leyenda que todos querían escuchar.

- ¡Pueblo Taunka'le! - y la voz del guerrero hizo eco en las paredes de hielo de las montañas, haciendo estremecer las nieves mismas - ¡Todos los años, una vez al año, la primavera y el invierno se rozan la punta de los dedos! Hace mucho tiempo, el mundo estaba congelado. Entonces, la Madre Tierra, abrió uno de sus ojos, An'shé, el Sol, para mirar sobre el mundo. Y el calor de An'shé comenzó a derretir el hielo, y de las gotas que caían, nació Audhumla, la madre de todos los taunka. Audhumla la Gran Madre lamió la sal de los hielos congelados y conforme lamía, del hielo salieron unos grandes mechones de pelo, luego el primer cuerno y el segundo cuerno. Al día siguiente surgió una cabeza y un rostro y al tercer día, la Gran Madre, finalmente, extrajo con sus lamidos un cuerpo entero…, y la primera pezuña, y la segunda pezuña, de Wanka Taunka, el Gran Misterio. Wanka Taunka emergió del hielo y la leche que salió de la ubre de Audhumla fue su primer alimento. La leche de Audhumla fluyó como un río blanco y congelado, que vertió sus aguas en la cuna de donde había surgido el Gran Misterio. Y Wanka Taunka mordió la ubre de su madre y de ella salió leche y sangre, que dio lugar a las estrellas. Wanka Taunka lloró y sus lágrimas se mezclaron con la leche de su madre. Entonces, la Madre Tierra abrió su otro ojo, Mu'sha, la Luna, para que le cantase. Allí donde su resplandor plateado cayó, el lago de leche mezclado con las lágrimas del niño quedó cristalizado para siempre.

Korak guardó silencio unos segundos mientras la multitud callaba, esperando el desenlace de la historia. Luego, levantó su inmensa mano y señaló el punto brillante en el horizonte.

- Allá, donde brilla eternamente el resplandor de Mu'sha, congelado para siempre por las aguas que emergen de la herida sangrante de la ubre de Audhumla, donde la niebla de hielo del hocico de Wanka Taunka, el Gran Misterio, se eleva hasta cubrir los cielos, ¡es el lugar donde nació el pueblo taunka'le!

Hubo un gran grito de júbilo, que se extendió largamente sobre el desierto de hielo. Korak de Cingala dio un respingo, levantó su pesada lanza de fresno y se lanzó el primero colina abajo en pos de aquel punto brillante en el horizonte. Ma'Gusha le siguió y luego Gesha su esposa, que llevaba a Bully de su mano, y en la espalda, colgado, un bulto envuelto en pieles. Luego, todo el pueblo taunka'le, extenso hasta colmar la vista, le siguieron, al sonido retumbante de miles y miles de pezuñas avanzando sobre el duro hielo, haciendo a la tierra estremecerse.




Todos los años, una vez al año, desde tiempos inmemoriales, el pueblo taunka'le realizaba esta misma ceremonia. Desperdigados en los cinco rincones del mundo, todas las tribus marchaban en una gran migración hacia el lugar mítico del nacimiento de Audhumla (para ellos, la representación misma de la Madre Tierra) y de Wanka Taunka, el Gran Misterio, el primer taunka. Ese lugar era el Lago Wintergrasp, una inmensa masa de agua congelada que yacía lejano, al noroeste, sobre las extensas y frías tierras de la Tundra Boreal. Los taunka creían que el cráter sobre el que reposaba el lago había sido la cuna de Wanka Taunka, la cual se había llenado de la leche de su madre Audhumla, la Gran Vaca, y se había mezclado con las lágrimas de Wanka Taunka, congelándolo para siempre. La superficie del lago congelado se podía observar desde muchos kilómetros, producto del extraño brillo plateado que se producía por el reflejo de la luz de la luna. El grande y poderoso río Icecrown lo alimentaba y a la vez era la causa de su congelamiento, pues este helado río nacía en las faldas de un inmenso glaciar en el verdadero norte, y vertía sus aguas en el lago.

Wintergrasp era considerado sagrado para los taunka'le. Aquí, los chamanes tenían mayor conexión con los espíritus del mundo y era más fácil interpretar sus designios. Aunque los taunka era un pueblo nómada, esparcido en varias partes del continente, siempre volvían a Wintergrasp para las celebraciones de la fertilidad y rogar al Gran Misterio por un buen año de caza y pesca. Sobre una colina, asentada mirando al lago, se encontraba Icemist, la primera villa, considerada la capital del pueblo taunka'le. A la tribu que la había fundado pertenecía la familia de Korak Pezuñalarga, que al contraer matrimonio con Gesha, hija del difunto jefe Hurm Montañalta - que había muerto sin descendientes varones - , había ascendido como jefe de aquella tribu - y a la razón, el jefe más joven que formaba parte del Concejo de Jefes. Los Montañalta eran una tribu nómada por excelencia, y su territorio de caza cubría una importante región que se extendía al este de la tierra de Galakrond, cerca de la frontera con el Imperio Vrykul de Ymiron. Eran, por tanto, los que más lejanamente tenían que viajar para asistir al festival, cruzando el estéril desierto de hielo donde habitaba la prole de Galakrond, padre de todos los dragones.

Era un viaje muy peligroso. Las leyendas decían que los grandes dragones que moraban en las lejanas montañas del sur viajaban hasta la ancestral tierra de Galakrond para morir. Por eso, no era extraño para los taunka encontrarse a lo largo de su viaje con las osamentas y los huesos de estos monumentales y bestiales reptiles, y a veces, con una que otra criatura moribunda, lista para dar una última pelea. En ocasiones, los taunka, aunque respetaban a los dragones, se veían forzados a usar sus huesos para fabricar sus herramientas, sus armas - la lanza de fresno de Korak, por ejemplo, cuya punta era un enorme hueso de dragón - e incluso la armazón de sus chozas, las cuales cubrían con las gruesas pieles de los colmipalas que cazaban.

Eran tiempos duros y la comida escaseaba. Los taunka'le seguían el rastro de las manadas de colmipalas que emigraban hacia la Tundra Boreal, buscando mejores pastos, mientras pasaba el invierno en las otroras fértiles tierras alrededor del Fiordo. La presencia de las manadas atraía también otros peligros: manadas de lobos hambrientos descendían de las montañas Grizzly en busca de alimento, pero la peor amenaza la constituían los terribles y gigantescos Magnatauros, ciclópeas criaturas cuadrúpedas emparentadas con los mamuts del norte. Normalmente criaturas solitarias, en tiempos del duro invierno, los Magnatauros se agrupaban en reducidas manadas guiadas por un macho alfa, temible ser en ocasiones llamado "Destructor del Norte". Con frecuencia, los vrykul les hacían la guerra. Matar un magnatauro a mano limpia era un símbolo de gran valía y a menudo consagraba al guerrero entre la élite de los Ymirjar, los más bravos y respetados guerreros entre la cultura vrykul. No era raro, entonces, ver cráneos de magnatauros colgando como pendones entre los salones de guerra de los señores del norte.

No tenían tales costumbres los taunka. Aunque eran un pueblo fuerte y determinado, en general, no deseaban la guerra y su principal motivación era la caza. No obstante, de vez en cuando una tribu se veía obligada a entrar en combate con otras razas. Normalmente se asentaban en una región al norte del territorio vrykul, en las faldas de las Colinas Grizzly, en una aldea llamada Winterhoof. Al este, los vrykul tenían una fortaleza, la temida Gjalerbron, por lo que a menudo, eran comunes los choques de una tribu taunka con patrullas de los vrykul a lo largo de la enorme frontera que separaba el reino de Ymiron de las tierras ocupadas por los taunka. Superiores en el arte de la guerra y en la calidad de sus armas y armaduras de hierro y bronce, los vrykul tenían una notable ventaja sobre los valerosos guerreros taunka, que se defendían con armas de hueso y escudos de grueso roble. Aunque un guerrero taunka solía ser un enemigo de temer, no eran rivales para los bien apertrechados ejércitos de Ymiron en su conjunto. Afortunadamente para ellos, el desierto de Galakrond contaba con otros rivales a los que los vrykul debían poner más atención y aunque mucho deseaba Ymiron extender su reino más allá de la otrora fértil tierra del fiordo, la presencia de los grandes dragones, los magnatauros y los ataques infrecuentes de los wéndigos de las montañas los mantenían lo bastante ocupados como para poner su atención sobre los tranquilos taunka.

Más al norte, sin embargo, existía otro enemigo todavía más peligroso tanto para los taunka como para los vrykul. Sobre las heladas montañas al norte del tupido bosque de coníferas de Grizzly Hills, estaba la lejana y misteriosa tierra de Zuldrak, hogar de los trolls de los hielos, que según se creía, habían llegado por mar desde lejanas y desconocidas tierras al sur. Los trolls eran criaturas pérfidas y brutales, que según contaban las leyendas habían construido una gran ciudad en la profundidad de aquella tierra. Habituados a los hielos y a las tormentas de nieve, de vez en cuando, los ejércitos trolls descendían de las montañas y atacaban las ciudades de los vrykul, aterrorizando a sus pobladores y llevándose los cadáveres de los guerreros caídos, pues según se decía, los trolls eran caníbales y adoraban a oscuros dioses en sus templos de piedra. Por estas correrías en sus tierras era que los vrykul habían construido la fortaleza de Gjalerbron, para contener la penetración troll en sus tierras y proteger el fértil valle de Skorn al sur. Descendiendo del valle de Skorn, se entraba en el territorio vrykul propiamente dicho, el cual era dominado por la fortaleza de Utgarde, construida en mármol blanco sobre un promontorio del Fiordo, y mirando a Nifflevar al sureste y a Baleheim al este. Desde Nifflevar, los vrykul montaban su defensa del fiordo, a veces atacado por naves trolls que bordeaban la línea del continente y entraban por el fiordo buscando tomar Utgarde. Frecuentemente, eran repelidos por la flota de drakars - rápidos barcos de madera con enormes velas cuadradas, con la proa en forma de la cabeza de un dragón - de Ymiron y por la artillería de arpones de asedio que los vrykul habían construido en la orilla del acantilado sobre la que estaba Nifflevar. Los trolls, cuando raramente lograban abrir un trecho entre la flota de drakars, se veían repentinamente atacados desde tierra por una lluvia masiva de arpones en llamas.

Aunque se podría suponer que Gjalerbron era una amenaza para los taunka, en realidad los vrykul de la fortaleza estaban demasiado ocupados luchando contra los trolls como para notar a los taunka. Los trolls, a su vez, en su deseo de vencer a los vrykul, a menudo ignoraban la bien oculta villa Winterhoof, lo que le daba relativa seguridad a los pacíficos taunka. A veces, de todos modos, los taunka tenían que responder cuando alguna patrulla troll se adentraba demasiado en su territorio, pero Korak de Cingala sabía perfectamente que su tribu no podría resistir un ataque a gran escala de ninguno de los dos ejércitos. Súbitamente, sin embargo, así como habían empezado, los ataques trolls habían cesado de un día para otro. Parecía que los trolls habían encontrado en el norte alguna otra amenaza que había requerido toda su atención, dejando a los vrykul libertad de acción para asegurar sus fronteras, lo que implicaba poner en riesgo la seguridad de la villa taunka. Esto había llevado a Korak a cuestionarse si era prudente dejar definitivamente aquellas ricas tierras, cuestión que se había planteado cuando, así como los trolls, los vrykul desaparecieron de la existencia tres días después de encontrar a Tyrsa y su cachorro al borde de la muerte.






Todas estas cosas las guardaba el joven y aguerrido jefe Korak en su corazón. Tras penetrar en las tierras vrykul con el propósito de encontrar alguna forma de devolver al niño huérfano a los suyos, por la aparentemente inminente muerte de su madre, los guerreros taunka de Korak habían cruzado los congelados campos de Skorn sin hallar signos de vida, llegando incluso hasta las mismas faldas de Utgarde Keep, a la que habían encontrado desolada y abandonada. Lo más extraño era que, a pesar de los evidentes signos de lucha que habían encontrado en su avance, no habían encontrado cadáveres de guerreros. Ni un solo cuerpo. Nada.

Ma'Gusha había interpretado su historia, a su regreso, como algún designio de los dioses vrykul para castigar a ese pueblo por sus fechorías, tal como había hecho con los trolls. No obstante, los taunka, temerosos de tomar la tierra para sí y sufrir una suerte similar, habían decidido permanecer en su villa y esperar el inicio de la primavera para realizar la tradicional marcha hacia Wintergrasp. Tyrsa había muerto el día del regreso de Korak, casi seis días después. El viento había susurrado a oídos de Gesha que se quemara el cuerpo de la mujer, según la costumbre taunka, algo que era compartido con los vrykul, con la diferencia de que estos lo hacían incinerando el cuerpo del caído colocado en un drakar a la deriva sobre el fiordo, junto con todas sus posesiones, pues entre los vrykul se creía que los espíritus de los muertos necesitaban ser purificados por el fuego para poder pasar al mundo superior.


El día del funeral, Bully había estado todo el día junto a su madre Gesha, curioso ante la realidad de que ahora el pequeño cachorro de vrykul era, efectivamente, su hermano. Sentía curiosidad por aquel bodoque rosado, de piel suave y sin pelo, rizos negros (como los de su madre), que apenas podía sostener su cabeza y no podía siquiera caminar, como lo hacían los cachorros taunka, que se ponían de pie apenas nacían. Bully había descubierto, a pesar de todo, que el cachorro de vrykul compartía con él su curiosidad por el mundo, pues frecuentemente sus grandes ojos azules giraban en pos de cada ruido, de cada sonido nuevo, de cada color u objeto extraño que entraba en su campo visual. Bully notaba cómo cada día su nuevo hermano se hacía cada vez más fuerte, más curioso. No podía, sin embargo, quitarle aquella fea costumbre de llorar por cualquier cosa y llevarse el dedo gordo de su extraña mano con cinco dedos (los taunka solamente tenían tres en cada mano y una pezuña hendida en cada pie, es decir, lo normal) a la boca. Pensaba también que el pequeño vrykul era realmente un glotón, porque cada vez que le daba algún objeto nuevo para explorar, el bribón tenía la costumbre de tomarlo con su manecilla regordeta y llevárselo a la boca. Más sorprendente aún fue el día en que lo encontró de pie, sosteniéndose por sí mismo, aunque sin atreverse a dar un paso, tratando de alcanzar la falda de la que él había interpretado como su madre, Gesha.

- ¡Ya camina! - había lanzado Bully al viento.

- Y pronto hablará también - dijo Gesha. - Ayer dijo su primera palabra.

- ¿Habló? - preguntó Bully - ¡Habló! ¿Y qué fue lo que dijo?

Gesha sonrió.

- Dijo lo que todos los niños dicen cuando aprenden a hablar.


"Äiti", había dicho el pequeño niño. "Mamá".


Y vaya que empezó a hablar. En algunos pocos meses, el pequeño era capaz de decir palabras simples. Al poco tiempo, decía frases completas y hasta armaba oraciones. A pesar de lo que había costado que empezase, una vez que había arrancado, el niño vrykul parecía entender todo el mundo que le rodeaba, exploraba por sí mismo - poniéndose a veces en peligro, sobre todo el día que descubrió el fuego - y a veces, se le escapaba a Gesha, que lo cuidaba constantemente, para seguir a Bully en alguna aventura, la cual normalmente terminaba en el umbral de la tienda. Bully no podía esperar el momento en que pudiera acompañarlo a pescar con el abuelo - al que tenía la costumbre de tomar de la barba y arrancarle algún cabello - o en sus correrías por los alrededores de la aldea. Aprendía rápido: casi siempre estaba pendiente de todo, aunque seguía siendo terriblemente torpe para las cosas que Bully veía como naturales, como correr y saltar.


Korak Pezuñalarga había decidido mantener la existencia del niño vrykul en secreto, por lo que había hecho jurar a los guerreros que le habían acompañado a Utgarde no hablar sobre el niño con los taunka de otras tribus. Como el pequeño no podía caminar, ocultarle había sido bastante fácil al principio, hasta que el rumor de que Korak y Gesha tenían otro hijo comenzó a difundirse entre las otras tribus. Korak sabía que no pasaría mucho tiempo antes de que el Concejo de Jefes de las tribus le llamase a deliberar sobre el asunto.


Bully, mientras tanto, pasaba casi todo el tiempo pendiente de su peculiar hermano, a quien habían bautizado como Bälfr, porque esa era una palabra que habían escuchado frecuentemente en la boca de su fallecida madre. A veces, sin embargo, se olvidaba de él por ir a jugar con Sakawgea*, una niña taunka'le tres años menor que él, y la misma con la que había sido descubierto aquel día espiando en la tienda de su padre Korak. En otras ocasiones, Bully, a veces solo y otras veces acompañado de Sakawgea, disfrutaba de escuchar las historias que le contaba su abuelo, Härkä, padre de Korak. El viejo taunka les contaba cuentos y leyendas acerca de su pueblo, así como de otros pueblos, como los mismos vrykul y los trolls. Desde la llegada del niño vrykul, la curiosidad de Bully por las leyendas de esta gente había crecido a nivel exponencial, llegando a veces a ser ansioso y hasta impertinente con sus preguntas. Härkä a todo respondía con buen humor y una dosis de sabiduría que solamente los viejos pueden dar, dejando muchas veces más dudas que las que el tenaz Bully quería aclarar.

- Cuando crezcas, lo entenderás - decía a menudo.

Bully se preguntaba a veces por qué su abuelo le decía aquello tan repetidamente. Se miraba en el reflejo del agua y veía que ya se le asomaban los cuernos por entre los pelos del cráneo.

- No sé cuánto más espera que crezca - se decía el niño taunka, sin poder esperar el tiempo en que empezaran a salirle los cuernos a Bälfr.


De vez en cuando, Härkä llevaba a Bully y a otro niño taunka, llamado Cobaya, a pescar al lago congelado. Sakawgea les acompañaba algunas veces, pero en general prefería quedarse en la tienda de su madre, pues le molestaba sentir el frío del hielo en sus pequeñas pezuñas. El abuelo hacía un hueco redondo en el hielo usando un hueso afilado de dragón, luego lo retiraba y lanzaba el anzuelo hacia la fría agua de abajo, buscando merlusas y tilapias que sabía nadaban bajo la superficie congelada. Era una labor riesgosa, porque había que buscar la parte donde el hielo fuera lo suficientemente delgado para abrir el boquete, pero no tanto que se resquebrajase y cayesen al agua a una muerte casi segura, técnica que había aprendido, según dijo Härkä, de un pueblo de pescadores de la Tundra Boreal conocido como los Tuskarr. Una vez, Cobaya cometió la imprudencia de tratar de recapturar un pez que logró escapar de su anzuelo, con tan mala fortuna que resbaló y cayó al agua. De no haber sido por la rápida acción de Härkä, que se lanzó al agua apenas vio caer al infante, el pequeño Cobaya, un año menor que Bully, no habría contado el cuento.


Desde el día de su accidente, Cobaya ya no acompañaba a Bully y su abuelo a pescar, por prohibición expresa de su madre, no obstante, a veces se escapaba con Bully y Sakawgea a la torre de vigilancia de la aldea para acompañar en su vigilia - según ellos - a Irokai Filocuerno.


- ¿Otra vez os atrevéis a venir a estorbar, pequeños mequetrefes? - les decía el imponente Irokai Filocuerno cuando los veía asomarse en la base de la escalera. - Deberíais estar con vuestras madres esperando que se os enfriara la leche.

Irokai Filocuerno era un tipo agradable, un poco bravucón, pero cuya bravuconería sacaba sonrisas a los pequeños. Gustaba de contar historias acerca de las grandes batallas que en el pasado había realizado contra vrykuls, magnatauros, trolls, incluso dragones. Los niños sabían que el tipo exageraba, que muchas de sus historias eran inventadas, le habían ocurrido a otros o no eran del todo ciertas, pero igual les encantaba oirlas, porque Irokai tenía la facilidad de la palabra y una gran imaginación, haciéndoles suspenderse en un mundo imaginario donde vencían dragones que echaban fuego y gigantes que blandían pesadas mazas.

Más de una vez tuvo el buen Irokai que echarlos de su torre, sobretodo cuando se avistaban las patrullas de trolls o vrykuls en el horizonte. Era entonces cuando sonaba el cuerno de alarma y todos los taunka (por igual machos y hembras) se aprestaban para la batalla. Los niños de la villa se reunían en una gran tienda en el centro de la aldea, fuertemente defendida por bravos guerreros armados con poderosas lanzas de roble o fresno, mientras Korak de Cingala dirigía a la tropa (generalmente con Ma'Gusha a su lado invocando a los espíritus) contra el invasor. Las batallas se llevaban a cabo fuera de la villa cuando las patrullas eran reducidas, generalmente tratando de interceptar al enemigo en el bosque, nunca en campo abierto, donde tendría ventaja. Cuando el contingente enemigo era simplemente demasiado grande para enfrentarlo, Korak prefería quedarse tras la empalizada y el foso de fango que construían siempre que se asentaban en Winterhoof, o bien, si era francamente superior, movilizar a toda la tribu a las altas montañas antes de que fueran finalmente descubiertos.

Durante su estancia en Wintergrasp, en Icemist, la capital taunka'le, tales medidas no eran tan necesarias. Fuertemente defendida y construida sobre terreno elevado al borde del lago, además de ser muy numerosos por estar reunidas todas las tribus, no había además enemigos en sus alrededores. Con los trolls y vrykul librando sus batallas al otro lado del desierto de Galakrond, y siendo sus vecinos más cercanos, los Tuskarr, un pueblo pacífico, tenían poco de qué preocuparse más que de pescar y vigilar que nada emergiese de la neblina que gobernaba el sombrío y cercano Bosque de las Sombras, un inmenso y oscuro bosque que se extendía al suroeste del Lago Wintergrasp, y que según decían las leyendas, estaba hechizado. Y claro, que nadie de las tribus se acercase al vetusto mausoleo de piedra abandonado que se elevaba en la orilla norte del lago, y que según se creía, había pertenecido en otro tiempo a una poderosa raza de Viajeros hechos de piedra.


No sabían, por supuesto, del gran peligro que comenzaba a agitarse en los oscuros túneles subterráneos bajo sus propios pies.











Cierto día, Korak recibió un mensaje que hacía largo tiempo había estado esperando: el Concejo Tribal le llamaba a discutir el rumor acerca de la supuesta existencia de otro hijo suyo y de Gesha. Korak ya había discutido ese tema con su esposa y con Ma'Gusha, quien le había recomendado guardar silencio hasta el día en que le preguntasen, a causa de cierta historia que el fuego había susurrado a su oído el día de la muerte de Tyrsa.

- No me queda más opción que enfrentar al Concejo y aceptar mi culpa - había reflexionado el buen jefe taunka, pero Gesha le había asegurado que el Concejo le entendería.

Korak se presentó al día siguiente a la gran tienda donde se llevaban a cabo las reuniones de los jefes. Ésta se erigía todos los años en el centro del Lago Wintergrasp, donde el hielo era más duro y tenía varios metros de espesor, pues los chamanes creían que allí era más fuerte la voz de Wanka Taunka, el Gran Misterio.

- Hemos escuchado rumores, Korak de Cingala Pezuñalarga, acerca de la existencia de otro hijo tuyo entre miembros de tu tribu - dijo el más anciano y venerable de los jefes, que presidía el Concejo: un inmenso taunka llamado Raguda Runetotem.

- Los rumores son ciertos, oh gran espíritu - respondió Korak sinceramente.

- Mucho nos ha extrañado que no presentases a este niño ante el Concejo, como dicta la tradición - siguió Raguda. - Bien sabes que es obligación de todos los jefes presentar a sus hijos, potenciales jefes de una tribu ya sea por herencia o matrimonio.

- Sé de mi obligación y pido perdón por ello, gran espíritu - dijo Korak. - Las razones de mi silencio están más que justificadas, pues no quería ofender a vuestras mercedes.

- ¿Ofender? - ahora hablaba otro jefe, Barack, de la tribu de los Cueronegro. - ¿Y cómo pretendías ofender a este Concejo presentando a vuestro propio hijo?

- Por consejo que he recibido, omití su existencia hasta ahora - dijo Korak. - Sin embargo, mi falta es grande: el niño no es mi hijo, sino que es un niño vrykul.

Hubo disensión y asombro entre los jefes al escuchar las palabras de su igual.

- Cinco años le he ocultado - dijo Korak - pues temía esta reacción entre vosotros.

- ¿Cómo ha ocurrido esto? - preguntó Yaka, hijo de Jaka, jefe de la tribu Cornocorto.

Korak refirió sin omitir detalle la historia de Tyrsa y del pequeño. Hubo sorpresa entre los jefes al escuchar sobre lo que había acontecido a los vrykul y su repentina desaparición de la faz de la tierra. No obstante eso, habló Jürn Cabeza de Vaca.

- Mal agüero es este - dijo. - Suficiente teníamos de las correrías y amenazas de raza tan detestable y traicionera, ¿y has traído a uno de ellos a este sagrado recinto?

- Enfermo está o al menos, débil - respondió Korak - y a su tierna edad, lejos está de ser una amenaza. La compasión me ha movido y mi creencia de que todos los seres pueden ser buenos si se les da una oportunidad.

- Respetable es vuestro pensamiento - repuso el jefe Raguda. - Pero un vrykul es un vrykul: son raza maligna y destructiva. Más de una vez nos hemos enfrentado a ellos en la lucha por sobrevivir.

- Razón llevas en tus palabras, gran espíritu - dijo Korak. - Nuestras costumbres nos han enseñado a respetar lo que la Madre Tierra nos da para proveernos, no explotándola de más y agradeciendo cada bocado de carne y cada trago de leche que consume nuestra gente. Así ha sido desde el principio del tiempo y así será siempre. Estos vrykul crecen en corrupción, odiando y destruyendo todo lo que ven y tocan. ¿Puede cambiarse eso si uno de ellos es educado entre razas más civilizadas como la nuestra? Esto me he preguntado y he de llevarlo adelante.

- Es una apuesta tenaz - repuso Barack. - ¿Es la violencia fruto del ambiente o viene el mal intrínseco en cada ser? Yo también me hago esta pregunta.

- No podemos arriesgarnos. El niño puede ser peligroso - dijo Yaka.

- Un niño no puede ser más peligroso de lo que su padre le enseña o deja de enseñarle. Este niño también es un ser con alma.

Korak se volvió y llamó. Un taunka de su tribu penetró en la tienda, trayendo entre sus brazos a un asustado niño de piel rosada.

- Increíble - dijo con curiosidad Raguda Runetotem. - Joven fui y he envejecido, y no dejo de descubrir cosas nuevas. En mis más de cien años de vida, es la primera vez que veo a uno de sus cachorros tan cerca.

- Mi nombre en Bälfr Pezuñalarga - dijo el pequeño.

- ¡Y hasta habla ya! - dijo Barack asombrado. - ¿Qué edad dices que tiene?

- Cinco años desde que le encontrara, puede que un poco más.

- ¡Bah! - repuso Yaka. - A los cinco años ya un niño taunka puede cazar un zorro o una lechuza para cenar. ¿Y os asombráis porque sabe hablar?

- Aprendió a hablar desde que tenía un año - dijo Korak. - Mucho antes que lo que un niño taunka aprende.

Los jefes se miraron sin decir nada. Los niños taunka no aprendían a hablar sino hasta los dos años.

- Lo que en fuerza la Madre Tierra no le ha dotado, le ha regalado en inteligencia - repuso otro jefe, Huma de las Tierras Húmedas. - Digo yo que le demos una oportunidad.

Los jefes deliberaron, unos a favor, otros en contra, Yaka, hijo de Jaka, siendo el más vehemente de ellos.

- ¡Dejadle crecer y veréis el monstruo en que se vuelve! Si la Madre Tierra me da vida, yo mismo le partiré con mi hacha.

- ¡No le tocaréis en mi presencia! - fuerte era el tono del inmenso Korak y grande también su disposición. - ¿Seremos nosotros tan bárbaros como los vrykul?

Hubo silencio. Los jefes reflexionaban. La cortina de la tienda se abrió. Los jefes levantaron la vista: Ma'Gusha GrimTotem se encontraba, altiva, entre ellos.

- Está prohibido a las mujeres participar del Concejo - dijo Yaka.

- ¿Quién ha de impedirmelo? ¿Tú?

Y a las palabras de Ma'Gusha, un tremendo trueno resonó en la lejanía, entre las cumbres de las montañas.

- Vieja amiga - era Raguda RuneTotem quien hablaba. - Tu presencia siempre será bienvenida entre nosotros, pues nunca has venido con palabras ignorantes.

- El fuego ha hablado - dijo la chamana, mirando a los ojos a los presentes. - Hay un propósito para este pequeño y no seremos nosotros quienes contradigamos la voluntad de los espíritus. De nosotros depende, no obstante, que ese propósito sea para bien o para mal.

- Yo también tengo chamanes en mi tribu - dijo Yaka. - A veces hablan mucho y se equivocan con frecuencia. ¿Estás segura que ha sido el fuego el que te ha hablado?

La pequeña fogata a la que rodeaban los jefes se avivó repentinamente, y la figura de Ma'Gusha parecía ahora alta y amenazadora.

- ¿Dudas de mi palabra?

- Baja tu ímpetu, sabia amiga - dijo Raguda. - Solamente queremos lo mejor para nuestra gente. Si el Concejo está de acuerdo, este pequeño niño será responsabilidad tuya, Korak. De lo que haga hoy y de lo que haga cuando sea un adulto. El Gran Espíritu Wanka Taunka actúa de formas misteriosas. Cuando sea adulto, no obstante, si levantase una sola mano para agredir a uno de nuestra gente, deberá volver al lugar que pertenece, con los suyos.

- A los suyos ha de ir. ¿Y estos ya no existen?

- Si esa es la voluntad de los espíritus, así será.

- Sea pues.

- La Madre Tierra da y la Madre Tierra quita. Es el ciclo interminable del que nosotros no podemos escapar.


Pero Raguda se equivocaba. En algún momento, en algún lugar, alguien lograría escapar.













CONTINUARÁ...


______________



N. del A.: pronúnciese "Sakayugüea".

_________________


Last edited by Roderich on Jue May 28, 2009 2:48 pm, edited 13 times in total
Subir
View users profile Send private message MSN Messenger
Ahriman
Miembro Honorífico
Miembro Honorífico


Entrado: Jul 27, 2003
100%
Mensajes: 6873



MensajeMandado: Mie May 27, 2009 9:24 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

Me alegra que sigas igual de decidido y más inspirado que siempre.

Ánimo una vez más.
_________________
Subir
View users profile Send private message Visit posters website
rexxar_1986
Habitual
Habitual


Entrado: Nov 17, 2004
84%
Mensajes: 459



MensajeMandado: Jue May 28, 2009 9:17 am    Asunto del mensaje: Responder citando

Brutal... simplemente brutal...

Una cosa que me ha llamado la atención: aunque la chamán pertenezca a estas tribus taunka... se "apellida" grimtotem?

No se si es otra de mis "lagunas" con la woltk o algo intencionado por tu parte... Pero que no se te olvide dar una explición sobre esto.

Es que esa tribu tauren me encanta ^^
_________________
Los bosques serían demasiado silenciosos si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen...
Subir
View users profile Send private message Visit posters website
MeNe18
Principiante
Principiante


Entrado: Mar 05, 2009
81%
Mensajes: 62



MensajeMandado: Sab May 30, 2009 8:06 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

Demasiado buena, Roderich. Desde que conozco WoW esp he seguido de cerca todos tus relatos, y este es uno de los mejores que has escrito! sigue así man!
Subir
View users profile Send private message Visit posters website MSN Messenger
Roderich
Tabernero
Tabernero


Entrado: Dec 08, 2004
69%
Mensajes: 3136



MensajeMandado: Lun Jun 01, 2009 6:05 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

Capítulo 11
El niño de piel rosada.





Era el mar, que se extendía hasta alcanzar la vista. Y sus aguas eran claras, de un azul transparente, como si fueran espejo del cielo. Iban y venían, como danzando. Y había peces de todos los colores del arco iris. Y él se miraba sobre las aguas, mientras cruzaba el mar de cristal sobre un bajel con una vela cuadrada. Era feliz.

Y más allá del mar, había un extenso campo que era verde esmeralda. En él, había pastos eternos, y grandes árboles que daban sombra, para descansar de los potentes rayos dorados del disco solar. Y la brisa mecía sus copas. Y las aves cantaban un dulce trino. Y no había nieve.

Y sentada bajo la sombra de un sicómoro, estaba ella. Y su piel era el mar y la tierra y el verde. Y su cabello el arco iris. Sonreía. Había paz en su sonrisa.

Y ella le habló.

- ""Baldr... Gud velsigne dine... utflukter og... innleggene dine..."

Repentinamente, una sombra apareció, cubriéndolo todo: las flores, la hierba, los árboles. Todo comenzó a marchitarse, como si hubiese recibido el toque de la muerte. Una inmensa figura se formó delante suyo y todo fue frío y noche. Él comenzó a correr, pero no podía huir. Corría demasiado lento y eso lo estaba alcanzando.

Entonces, vio a la mujer. Ella le señalaba algo que brillaba en el suelo...




Abrió los ojos. Afuera, el viento soplaba, pero había dejado de nevar. Podía escuchar las castañas rompiéndose en el fuego. Tres estaban sentados alrededor de la hoguera: Ma'Gusha, Korak y un forastero. Este era grande, casi tanto como Korak, pero no tenía cuernos. Iba cubierto en pieles y hablaba una lengua extraña que Bälfr no había escuchado nunca. Y bajo las pieles, Bälfr miró que algo brillaba. Un par de garras. El niño se movió inquieto.

- Tranquilo... tranquilo...

Gesha le abrazó hacia sí con amor, como protegiéndole. A su lado, Bully dormía a pierna suelta, roncando, despreocupado del mundo. Gesha pasó su enorme mano sobre el cuerpo de Bälfr. El niño se acurrucó contra su cuerpo echado, contento de sentir el calor... de su madre. Bälfr levantó su pequeña mano rosada con cinco dedos y la puso sobre la mano peluda con tres dedos de Gesha.

Y entonces, se dio cuenta que algo no cuadraba bien.

- Äiti - dijo el niño, - ¿quién es ese?

- Es un viajero que ha venido a pedir posada por esta noche - respondió Gesha. - Va cruzando la montaña y se dirije a las colinas del norte. Tu padre desea conocer si hay nuevas del sur.

- ¿Qué lengua extraña es la que habla?

- La he escuchado antes, pero no la entiendo - respondió Gesha. - Ma'Gusha la conoce bien y sirve de intérprete para tu padre.

El extraño levantó la vista. Bälfr pudo ver cómo sus orejas se movían en su dirección. Por un segundo volteó la cara y Bälfr descubrió dos grandes y profundos ojos negros que brillaron en la oscuridad, con el reflejo de las flamas. Luego se volvió y continuó charlando con Ma'Gusha en su extranjera lengua. La chamana escuchaba y luego traducía a Korak.


- He vuelto a tener ese sueño, äiti.

- ¿Otra vez la mujer sentada en el sicómoro? - dijo Gesha, incorporándose un poco y mirando a la cara al niño. - ¿Qué te dijo esta vez?

- Habla con un lenguaje extraño... y sin embargo, siento que ya lo he escuchado antes.

Gesha parecía inquieta.

- Duérmete, pequeño mío. Aún faltan unas horas para el amanecer. Ya hablaremos de ello en la mañana. Solo es... un sueño.

Bälfr miró el rostro peludo de su madre... y lo acarició. Se acomodó de nuevo en su regazo y al rato se quedó dormido.






Largo había sido el invierno y aún fría también la primavera, pero el verano ya se asomaba en el horizonte, y con él, las buenas noticias. Declarada la tregua con los elementos, la tribu de Korak había vuelto a las montañas del este, a la villa Winterhoof, al lugar que llamaban hogar. Pocos eran los recuerdos que Bälfr tenía de aquel sitio, así que le parecía que lo veía por primera vez: desde la alta montaña nevada, se vislumbraba allá abajo un valle amplio, cortado a la mitad por el curso de un río. A un lado y otro del mismo, había tupidos árboles de coníferas aún cubiertos por la nieve, que ya empezaba a derretirse por el abrazo tibio de un sol aún oculto tras las blancas nubes. Por primera vez, Bälfr empezaba a descubrir el mundo que le rodeaba y sus menesteres, aprendiendo que con la primavera, la tierra renacía. Los pastos que dormitaban bajo la tierra emergían de las profundidades, intentado teñir de verde el valle. De entre el manto blanco de la nieve, brotaban flores de miles de colores, que Bälfr y Sakawgea recogían para ofrendarlas a su madre. Gesha tomaba la más bonita y se la ponía junto a la oreja, haciendo a Bälfr reír. Luego, el niño se iba y se juntaba con Bully, su hermano mayor, y pasaban jugando a los cazadores todo el resto de la mañana, hasta que el mugido de Gesha les llamara para el almuerzo. Solo allá arriba, la montaña permanecía incólume y blanca, con sus nieves perpetuas y sus nubarrones grises coronando su cima, retumbando de cuando en cuando.

- Es que los dioses bostezan de aburrimiento - decía el abuelo Härkä a su cautivo auditorio de niños, conformado por Bully, Cobaya, Sakawgea, Bälfr y otros tres niños de las tiendas cercanas.

- ¿Cómo son los dioses, abuelito? - preguntaba Bully, curioso como siempre.

- Los dioses no tienen forma, hijo mío. Toman la forma que les venga en gana. Digo, por algo son dioses, ¿no es así?

- Abuelito - preguntaba entonces Bälfr - ¿son malos los dioses?

El abuelo Härkä tomó un poco de la hierba que masticaba y se la echó a la boca. Tras unos segundos de haberla deglutido, comenzó a rumiarla, antes de responder.

- Los dioses no son malos ni buenos - dijo por fin. - Cada uno tiene un oficio, igual que Gunthar el peletero, Manu el cazador o Irokai Filocuerno, el vigía de la torre. Nosotros, los mortales, muchas veces no lo entendemos e intentamos inmiscuirnos en sus cosas. Es cuando ellos se molestan y pasan las desgracias, pero lo único que intentan es reestablecer el orden de la naturaleza. Es por eso que no debemos tomar más de lo que nos concierne. Hay que ser agradecido con lo que la naturaleza nos da para comer y para beber. Es por eso que si dañamos un árbol, es como si nos dañásemos a nosotros mismos. La corteza de un árbol es su piel y su savia es su sangre. ¿Os gustaría que os arrancasen la piel o derramasen vuestra sangre sin ningún pudor?

- Pero abuelito - repuso Bälfr, - nosotros cazamos a los colmipalas. ¿No son ellos también parte de la naturaleza? Al matarlos, ¿no le hacemos daño?

- Tan parte de la naturaleza son ellos como nosotros mismos. Es por eso que el cazador debe agradecer a su presa el haberse dejado cazar. Ni una hoja de un árbol se mueve sin la voluntad del Gran Misterio. ¿Creéis que él quiere que muramos de hambre? La Madre Tierra nos provee de sus frutos. Nosotros, agradecidos, los tomamos, pero aún así si levantásemos nuestra mano para dañar a sus hijos, simplemente por el gusto de dañar, ¿creéis acaso que nos dejará sin castigo? Somos lo que le hacemos a la tierra. Entre nosotros, la cacería es un ritual que representa el balance con las fuerzas de la Madre Tierra: no hay que tomar más que lo necesario para vivir y nada más.

- Abuelito, cuéntanos una historia - dijo Sakawgea.

- ¡Sí, sí, abuelito! - dijo Bully impetuoso, como siempre. - ¡Una historia de guerreros valientes!

- Sí, pero que no haya monstruos ni dragones - dijo Cobaya, con vocecilla apagada.

Härkä masticó otro pedazo de su hierba.

- ¿Os asustan las historias de dragones? ¡Y yo que me sabía una tan buena con uno de ellos!

- ¡Sí, cuéntanos esa, abuelito! - gritó Bully.

- No... con dragones no... me sueño después...

- Los dragones son criaturas de temer, ciertamente - repuso Härkä, - pero igual que el resto de los seres del mundo, son hijos de la Madre Tierra. Sin ella, nada serían. Si la olvidaran, pronto dejarían de existir. Hubo una vez un gran dragón llamado Galakrond, a quien muchos consideran el primer dragón. Era tan grande, que sus alas abiertas para volar cubrían al sol y oscurecían la tierra. Todos temían a Galakrond, porque era poderoso, pero aún así y con todo, el dragón era un ser sabio y compasivo.

- Abuelito, ¿qué es "compasivo"? - preguntó Bälfr.

- La compasión es la virtud de los héroes - respondió Härkä.- La compasión es la que nos lleva a perdonar las faltas de nuestros enemigos, aún cuando son dignas de muerte. Aquel que se compadece de sus semejantes, es el más dichoso de todos los seres.

Bälfr escuchaba con atención cada palabra que brotaba de la boca de su abuelo. Se oía bien aquello de la compasión y trataba de grabar cada palabra en su joven mente, mientras imaginaba al gran Galakrond sobrevolando, magnánimo, las frías y congeladas aguas del fiordo.

Quizás, algún día, él también vería a un dragón, aunque fuera de lejos. Quizás, algún día, él también tendría la oportunidad de conocer, en carne propia, la virtud de los héroes.







El verano se hacía corto y el otoño no tardaba en hacerse presente, aunque en las frías tierras del norte, aquél se confundía rápidamente con el invierno. No tardaría el tiempo en que nuevamente la tribu tuviese que emigrar hacia el oeste, en busca del Lago Wintergrasp, para el gran festival anual.

Bully había crecido y ahora tenía el doble del tamaño que Bälfr recordaba. Se había hecho grande y fuerte, y tenía un par de cuernos negros que se le asomaban entre la frente. Ahora usaba lanza y salía de caza con su padre y los guerreros, pero nada más para observar, porque Korak decía que aún no tenía edad para enfrentarse a los colmipalas. Cuando regresaba, le contaba exageradas historias de sus "hazañas" a su hermanito menor, y no paraba de decirle que ojalá le salieran rápido los cuernos, porque aquello era un signo de que ya estaba listo para aprender los misterios del arte de la cacería.

Bälfr lo escuchaba y suspiraba. De vez en cuando, Gesha lo sorprendía en el río, cuando iba a lavar, mirándose largas horas en el agua, esculcando su cabeza de escaso pelo, tratando de descubrir un par de cuernos negros que nunca estarían allí. Veía sus pies descalzos y los comparaba con las fuertes pezuñas de los otros niños, preguntándose en qué momento él también cambiaría. Gesha sabía, en su corazón, que se acercaba el tiempo inevitable de decirle todo, y no dejaba de dolerle, porque a la razón de la verdad, en cierta forma, Bälfr también era su hijo.

Dos o tres veces se presentó en el campamento el mismo extraño - a veces acompañado por otro igual a él - que Bälfr había descubierto aquella noche. Iba vestido igual que siempre, envuelto en pieles y con el rostro abundantemente cubierto de pelo. Tenía un olor raro, similar al almizcle, pero más fuerte. Se cubría con una capa de piel gruesa de colmipala, que llevaba sobre los hombros, y tenía una capucha que se echaba sobre la cabeza. Dentro de ella, Bälfr descubría siempre los mismos ojos negros y refulgentes, como dos carbones asándose al fuego.

Cuando llegó el tiempo de la migración, Korak descubrió que uno de los caminos que usaban siempre para bajar de la montaña había sido cubierto por una avalancha. Aunque el terreno era apenas transitable, era inestable y de largo trecho. Para evitar poner en riesgo a su gente, Korak se vio forzado a elegir otro camino que hasta ese momento había evitado: un paso entre las montañas desde el cual, bordeando uno de los acantilados, podía divisarse a lo lejos la blanca efigie de la fortaleza de Gjalerbron.

Bälfr fue verla y hacer la pregunta que ya Korak esperaba.

- Isä - dijo, - ¿qué es eso que brilla en la montaña?

- Es el reflejo del sol sobre la Torre Blanca - respondió Korak, sin querer darle demasiada importancia.

- ¡La Torre Blanca! Como en las historias del abuelo - dijo Bully imprudentemente.

- ¿El abuelo os ha estado contando historias de la Torre Blanca? - preguntó, incómodo, Korak de Cingala.

- Pues... sí... - dijo Bully, algo temeroso.

- ¿Y qué os ha dicho?

- Nos ha dicho que allí habitaba un pueblo antiguo que le hacía la guerra a los trolls del norte - dijo Bälfr. - Pero que se extinguió hace mucho tiempo.

- Papá me las pagará - masculló Korak.

- Sí, una raza antigua de dragones - dijo Bully.

- ¡Ah! ¡Dragones! - suspiró Korak aliviado. - Sí, sí... dragones.

- Algún día, Bully y yo iremos hasta ella y descubriremos los secretos que guarda, ¿verdad Bully?

Korak se detuvo de repente y se volvió hacia los niños. Su inmensa figura les pareció amenazante.

- ¡Prometedme que nunca os acercaréis a esa torre! ¡Jurádlo!

Los niños titubearon y se volvieron a ver asustados.

- Es... está bien... lo prometemos...

Korak volvió a ver a Bälfr.

- ¡Jurádlo!

- Lo juramos - dijeron los dos.

Korak les miró largamente y luego retomó la marcha. Tras unos segundos de incómodo silencio, algo se le revolvió por dentro.

- La Torre es peligrosa - dijo al fin. - No os acerquéis a ella. Nunca.

Y diciendo esto, tomó a Bälfr y a Bully y los subió sobre sus poderosos hombros.

- No quiero que os pase nada, entendedme. Os quiero demasiado a ambos.

Los niños le abrazaron el cuello, riendo. Korak se sintió más tranquilo. Pronto aprendería, no obstante, lo que pueden durar las promesas de los niños.









Cierto día, Bully y Bälfr se levantaron muy temprano, desayunaron un poco de queso y pan, y se despidieron de su madre Gesha.

- No volváis tarde - dijo la mujer taunka. - El cielo amaneció nublado y puede que vaya a nevar. No os alejéis mucho de la aldea.

Ambos asintieron con la cabeza y se alejaron.

- ¿Qué es lo que planeas, Bully? - dijo Bälfr. - No irás a...

- Guba y yo descubrimos el otro día un paraje entre la montaña - dijo Bully. - Hay un lago y un pequeño bosque. ¡Y desde allí se puede ver la Torre Blanca!

- Bully, prometimos a nuestro padre no acercarnos a ese lugar. Dijo que podía ser peligroso.

- Y no nos vamos a acercar - razonó Bully. - Solamente lo vamos a ver de lejos. ¿No me digas que no te da curiosidad?

- Pues sí... algo.

Bälfr sentía que algo le oprimía el pecho. Se estaba quemando por ver de nuevo la Torre Blanca, pero por otro lado dudaba, pues había dado su palabra. De todos modos, la curiosidad era más fuerte: había algo en esa torre que lo atraía poderosamente.

- Ayer tuve de nuevo ese sueño...

- ¿El de la mujer que te llama?

- Sí.

- Mmmm.

Bully había prometido a Gesha no hablar de la verdadera madre de Bälfr. Ya llegaría el momento de decirle todo.

Pasaron por Cobaya y Sakawgea.

- No puedo ir con vosotros - dijo Cobaya. - Estoy castigado por lo del otro día. Además, tengo que hacer algo importante.

- Cobaya siempre es cobarde para estas cosas - dijo Bully mientras se alejaban.

- No es eso - dijo Sakawgea. - Ahora le ha dado por pasarse metido en la tienda de los chamanes.

- Quizás solo es precavido - dijo Bälfr.

- Es pequeño y débil - dijo Bully.

- Yo también lo soy - dijo Bälfr.

- Sí, pero tú eres valiente - dijo Sakawgea.

Bälfr recordó la monstruosa sombra de su sueño.

- No estoy tan seguro de ello.









- Los trolls se movilizan hacia el sur - fueron las palabras de Ma'Gusha, claras y sin redondeos. - Dice que han reunido un gran ejército y planean cruzar las montañas.

Korak maldijo por lo bajo.

- Pregúntale cuándo cree él que durarán hasta el Paso Husky.

Ma'Gusha se volvió hacia el extranjero y dijo algo en una jerga ininteligible para Korak.

El extranjero tomó una vara de madera y dibujó una figura en el suelo. Luego, respondió algo, enfatizándolo con vehemencia.

- Tres semanas, puede que un poco menos. Por ahora les detienen las nevadas, pero una vez que la nieve se derrita...

Korak juntó las manos y comenzó a reflexionar. Su mente funcionaba a toda velocidad. Sabía que eso pasaría. No habían tenido noticias de los trolls en muchas lunas, pero de un momento a otro, tendrían forzosamente que enterarse de la desaparición de los vrykul y entonces marcharían sobre el territorio listo para recibirlos.

- ¿Por qué no atacan por mar? Antes intentaban entrar por el fiordo.

Ma'Gusha tradujo y unos minutos después tenía la respuesta.

- El mar está congelado en el norte. No han podido liberar sus barcos. Si lograsen hacerlo, no dudarían en atacar por mar. Podrían esperar al verano, pero algo los impulsa a aventurarse en pleno invierno. Él - dijo señalando al viajero, - dice que su pueblo no podrá contenerlos mucho más, a menos que les ayudemos. Si me permites, Korak, estoy de acuerdo con él.

- Nuestra tribu no tiene la fuerza suficiente para contener a todo un ejército. Necesitaríamos el apoyo de todas las tribus, Ma'Gusha. Además, se acerca la época del festival. No querrán venir. Quizás sea tiempo de mudarnos definitivamente al oeste.

- ¿Y ceder nuestros derechos? ¿Y abandonar nuestra tierra a unos extranjeros? ¿Qué será de nuestra gente?

- ¡En ellos pienso, mujer! - Korak parecía decidido. - Creo que este será un viaje sin retorno.

- Yo puedo convencer a Raguda. ¡Mándame a mí!

- Nuestro pueblo nunca se ha embarcado en una guerra... No quiero ser yo el primero en hacerlo. ¡No quiero sacrificar en vano a mi gente!

- Tu pueblo es orgulloso y valiente, como su líder - repuso Ma'Gusha. - Unidos, tenemos una oportunidad. Korak: tú sabías bien que esto era inevitable.

Korak suspiró hondamente.

- Dile... dile que no le prometo nada, pero que intentaré convencer a las otras tribus. Dile que su gente debe aguantar estas tres semanas y que entonces tendrá refuerzos. ¡Díselo!

Ma'Gusha miró a Korak y sonrió levemente. Luego, tradujo para el extranjero. Éste inclinó la cabeza y asintió.







- ¿Qué era?

- No lo sé, pero sea lo que sea que lo atacó, lo dejó hecho trizas.

Manu Lanza de Roble se agachó sobre el montón de pelos, sangre y huesos rotos que alguna vez había sido un ser vivo.

- Mira estas huellas... ¡son enormes!

- ¿Habías visto algo así antes?

- Sí... una vez, hace mucho. Nunca habían bajado tanto, tan cerca de la aldea. Algo debe empujarlos hacia acá.

- ¿Los trolls? He oído rumores...

- Yo también, pero esto... esto es diez veces más temible que un troll.

- Entonces avisemos a Korak.

- Ve tú - dijo Manu. - Yo seguiré estas huellas. Es preciso que demos con su guarida, antes de que vuelva a atacar. Me llevaré el cuerno de alarma, por si acaso.

Manu se despidió de su compañero y se internó en la montaña.








Ma'Gusha GrimTotem cruzó la aldea con paso raudo y decidido. Todos los que se le cruzaban, se apartaban de su camino, pues nadie molestaba a un chamán cuando tenía una misión importante.

Penetró en su tienda y buscó entre sus muchos enseres. Sacó, por fin, unas alforjas, varias pieles y metió una serie de hierbas en las pequeñas bolsas de cuero que llevaba bajo su manto. Tomó su bastón y al salir, se encontró de golpe con el pequeño Cobaya, que se dio tremendo sentón contra el suelo.

- ¿Otra vez espiando, pequeño bribón?

- Esteee... yo...

- Sí, ya sé, ya sé. No era tu intención, ¿verdad? Ahora aparta, que llevo prisa.

- ¿Se... se va...?

- Parto de inmediato. Avisa a tu madre que no podré atenderla durante un par de semanas. Que vaya con Gurok.

- Ah, pues, entonces... eh... que le vaya bien, mi señora.

- Sí, bien. ¡Claro! Un momento. ¿Dónde están Bully y el niño rosado?

- ¿Bälfr? Ah, pues, no sé... no los he visto...

Ma'Gusha miró a Cobaya con suspicacia.

- Mira, pequeño - dijo. - No tengo tiempo para tus majaderías. Además, si de verdad quieres ser un chamán algún día - como ya me has dicho hasta el cansancio - será mejor que aprendas de una vez a que no se nos puede mentir. ¿Dónde están?

- Ellos... pues... se... se fueron a la montaña...

- ¿Qué? ¿Solos?

- Sí... bueno, Sakawgea se fue con ellos. Yo no fui porque se me tapa la nariz, por el frío digo, y...

- Ya, ya, deja. Escucha, sígueme.

Y Ma'Gusha puso en pie al pequeño Cobaya, que se las vio a palos para seguir el paso de la chamana.








La piedra voló veloz, dio tres tumbos sobre el agua, formando grandes ondas, y luego, desapareció bajo la superficie.


- ¡Sí! ¡Bully gana de nuevo!

- No es justo. Tú eres un chico - dijo Sakawgea. - Apuesto a que a Bälfr no le ganarás. ¡Bälfr!

Bälfr estaba sentado sobre una gran piedra, mirando hacia las montañas. Una brisa fría le acariciaba el rostro y parecía cantar. Allá, a lo lejos, incrustada como una espada en medio de los riscos, se alzaba, blanca y brillante, la Torre Blanca de Gjalerbron.

Era una vista sobrecogedora. Bälfr se sintió entonces como en su sueño, cuando aquella sombra negra se avalanzaba sobre él. Una sombra alta como la que proyectaba la lejana torre.

Mil cosas pasaban por la mente de Bälfr en ese momento. Por extraño que le parecía, se sentía identificado, hipnotizado, atraído por aquella efigie marmórea y distante, y a la vez, le invadía un terror enorme y una sensación de certeza abrumadora que le enturbiaba los sentidos. Era como... como si la torre... ¡como si la torre le llamara con una voz suave y a la vez, poderosa!

- Balder... Balder...

- Ya voy - dijo sin darse cuenta.

- Balder... Balder... ¿Bälfr? ¡Bälfr!

- ¿Eins?


- ¿Qué te pasa? - dijo la niña. - Últimamente estás más pensativo que de costumbre.

- Debe ser que otra vez está pensando en ese sueño - dijo Bully.

- No, no es nada - respondió Bälfr. - ¿De qué hablábais?

- Decía yo que a Bully tú si le puedes ganar en tirar la piedra más lejos.

- ¿La piedra? ¡Ah, sí! Es muy fácil.

- Quiero verlo - bravuconeó Bully.

Bälfr se bajó de su roca y tomó una piedra redonda de río que encontró en el suelo. Bully tomó otra.

- Veamos de qué estás hecho.

Bully tomó impulso hacia atrás y lanzó la piedra con toda su fuerza por encima de su cabeza. La piedra golpeó tres veces en el agua y se hundió.

- Te apuesto a que no la llegas ni a esa roca de allí - dijo Bully.

Bälfr se quedó mirando la superficie del agua, hasta que ésta se calmó. Luego, se desató el cinturón de cuero que llevaba, lo dobló en dos y puso la piedra dentro. Tomó las dos puntas con mano y comenzó a darle vueltas rápidamente sobre sí mismo. Repentinamente, soltó una de las puntas y la piedra salió volando sobre la superficie del agua, dando tumbos y formando ondas, hasta ir a estrellarse sobre la roca que Bully había dicho y aún salir disparada y seguir volando.

- ¿Qué... qué diablos...? - dijo Bully. - ¡Eso no se vale! ¿Me puedes decir qué es eso que has hecho?

- No lo sé. Se me ocurrió - dijo Bälfr. - Creo que soñé con esto anoche. Se llama "honda".

- "Honda". ¡Qué original! - dijo Sakawgea.

- ¡Bah! ¡Pero no usaste...!

- ¿Mi propia fuerza? Pues sí, con un poco de cabeza, nada más.

Bully se sentó y cruzó las piernas. Bälfr y Sakawgea se sentaron junto a él.

- Mmmm - murmuró.

Guardaron silencio un rato largo, mirando el lago, las montañas y la torre a la distancia.

- A veces - dijo entonces Bälfr. - A veces siento como si no perteneciera aquí... como si hubiera algo más. ¿Les ha pasado?

- A mí no - masculló Bully mientras se entraba un bocado de hierba a la boca. Se recostó y se quedó mirando las nubes.

- ¡Bully! ¡No seas tan insensible! - dijo Sakawgea.

- Es como si yo fuera diferente, ¿saben? - dijo Bälfr, pasando su mirada de las pezuñas de sus compañeros a sus manos rosadas de cinco dedos. - Diferente de todos...

Bully se rió.

- ¡Pues claro que eres diferente, bobalicón! ¡Es obvio! ¡Yo soy el apuesto de la familia!

Bully tomó de la cabeza a Bälfr y le agitó el cabello con su manaza.

- ¡Mi hermanito no es tan tonto como yo creía! - dijo.

Bälfr le empujó amistosamente y comenzaron a reñir, jugando.

- ¡Oye! ¡Bully! ¡No seas abusón! - dijo Sakawgea, mientras los tres reían.

- ¿Qué fue eso? - dijo entonces Bälfr, deshaciéndose del abrazo de Bully.

- ¿Qué fue qué?

- ¿No escuchásteis? Algo se movió entre esas ramas.

- Es tu imaginación.

- No, yo también lo oí - dijo Sakawgea.

- Creo que es mejor volver a la aldea - dijo Bälfr. - Se hace tarde.

En ese instante, unos ojos brillaron amenazadores en la espesura.






CONTINUARÁ...
_________________
Subir
View users profile Send private message MSN Messenger
Roderich
Tabernero
Tabernero


Entrado: Dec 08, 2004
69%
Mensajes: 3136



MensajeMandado: Jue Jun 11, 2009 4:26 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

Capítulo 12.
Caminante de la luna.





Manu Lanza de Roble se agachó sobre el terreno escarpado y cubierto de nieve. Miró hacia atrás.


- El rastro termina aquí - dijo. - Debo estar cerca.


Guardó silencio un instante y escuchó el ulular del viento entre los riscos. Abrió sus fosas nasales y procedió a interpretar los olores que viajaban en la brisa.

- Sí. Tiene que estar por aquí - se dijo. - El aire tiene hedor a muerte.


Afianzó la lanza y buscó entre los arbustos. Se agachó y recogió algo pegado a una rama que danzaba al son del viento.

Era un pedazo de pelo blanco.


Sintió entonces como el aire se cargaba con un olor nauseabundo a almizcle. Se levantó de súbito, apretando fuertemente la lanza, pero ya fue tarde.

Lo último que vio venir fue una enorme y afilada garra que le partió en dos el pecho.








El extranjero sacó algo de su bolsa y lo acercó a Korak. El taunka le miró con desconfianza al principio, pero se sintió luego impresionado por el increíble y atrayente brillo que emanaba del objeto.

- Es hermoso - dijo. - Pero no tengo idea para qué sirve. ¿Dónde le has encontrado?

El extranjero levantó su enorme mano y señaló con un gran dedo de negra uña afilada hacia el sur.

Korak se quedó pensativo.

- ¿Y crees que esto tiene que ver... con el niño?

El extranjero afirmó con la cabeza.

Korak reflexionó un momento. Sabía que el pasado lo alcanzaría tarde o temprano.

- Cinco dedos. Igual que él. - dijo Korak en voz baja.

Los ojos del extraño brillaron bajo la capucha y asintió nuevamente con la cabeza.


- Es un objeto de muerte - dijo entonces Ma'Gusha GrimTotem, que en ese momento entraba en la tienda. - Llévatelo de aquí, por favor. Ocúltalo en las montañas más allá de tu tierra. Su brillo es engaño y llama a desgracia. No puede estar cerca de nuestra gente.

- ¿Sabes qué es esto? - dijo Korak, mirándola fijamente.

- Hace años, el fuego me contó una historia. No es el tiempo aún de que se cumpla, pero ese niño tiene un destino que cumplir.

- Entonces, mi amigo, es mejor que sigas su consejo - dijo Korak al extranjero. - Hasta que se cumpla el tiempo.

- Estoy lista para partir - dijo Ma'Gusha. - Antes que la luna se haya elevado en el cielo, dentro de dos semanas, estaré de nuevo entre vosotros.

La cortina de la tienda se abrió y un guerrero taunka penetró en el recinto.

- Gran Korak - dijo. - Gunthar Sangrenueva desea hablar con vos. Dice traer importantes noticias de la montaña.

- Dejadle entrar.


Gunthar Sangrenueva inclinó su cabeza y saludó con respeto a su líder.

- Habla, mi buen amigo - dijo el taunka.

- Manu Lanza de Roble y yo encontramos los restos de un cadáver en la montaña. Fue despedazado por algo grande y feroz... muy cerca de la aldea.

Ma'Gusha lanzó un grito.

- ¡Los niños!

- ¿Dónde están? - dijo Korak, frunciendo el ceño.

- El pequeño al que llaman Cobaya me dijo que habían salido temprano a la montaña.

Korak se puso de pie.

- ¡A mí los cazadores! ¡Debemos salir a buscarlos!








Moonwalker había vagado por tres días por los encumbrados riscos de la montaña sin probar bocado. No era el hambre lo que le dolía, aunque bien podía ser una buena excusa. Tampoco le dolía la fractura en la costilla, no tanto al menos como al principio, aunque eso le provocaba que recargase el cuerpo un poco sobre su lado derecho, dificultándole algo al correr. Se la había hecho un colmipala que, como él, se había perdido en la montaña y se había visto imposibilitado de volver a su manada. Moonwalker lo había encontrado rasgando la nieve, buscando el pasto tierno que se ocultaba bajo ella al inicio de la primavera, y aunque ambos habían peleado hasta el agotamiento, al final, el enorme cuerno de hueso sobre la frente del gigantesco ciervo había prevalecido sobre las garras del lobo.

No. Definitivamente eso no le dolía tanto como la cicatriz que le cruzaba el ojo derecho desde la frente. Había sido culpa de Shadowstalker. Lo habían encontrado abandonado un invierno y las lobas de la jauría lo aceptaron, algo que entre su especie rara vez ocurría. El lobezno había crecido y echado garras y dientes, y retó a su padre por el dominio del grupo. Solamente podía haber un macho alfa y aunque Moonwalker había peleado con hidalguía hasta la sangre para defender su derecho, el lobo viejo había vencido al lobo joven y lo había expulsado. Era el castigo por su orgullo.

Esa era la razón por la que ahora vagaba, solo y muriéndose de hambre un poco más cada día. Y el hambre era lo que lo había conducido a bajar de la montaña, abandonar el bosque y acercarse demasiado a la villa Winterhoof. El olor que había percibido era simplemente irresistible. Sabía que aquellas criaturas eran peligrosas, pero tal vez podía lograrlo.

Sobre todo ahora que los cachorros estaban solos.






Cuando Bälfr vio saltar al oscuro lobo de negro espinazo y puntiagudos colmillos de entre los árboles, sintió que el mundo se había detenido y que una tromba se le venía encima. Pudo sentir muy de cerca el nauseabundo olor de sus fauces abiertas mientras el terrible animal gruñía pasando a su lado. Vio las garras y los dientes prestos a cogerle y en el último instante, había sentido también el empellón tremendo que Bully le había dado, apartándolo hacia un costado.



Todo sucedía tan lento y Bälfr sentía que estaba como metido dentro de un tonel. ¿Había escuchado un grito? ¡Un grito! Se volvió. Lento. Todo parecía tan lento. Sakawgea lloraba. El lobo agitaba su presa, atrapada por un brazo en su negro hocido.

El brazo. El brazo sangraba. Podía escuchar el hueso resquebrajándose.

- ¿Bully? ¡Bully! ¡BULLY!

Los gritos lo habían traído a la realidad y su mente, tardíamente, había armado el rompecabezas de súbito. El lobo aprisionaba el brazo de Bully y lo desgarraba. ¡Era Bully el que gritaba!

- ¡Corred! - había gritado Bully. - ¡AHORA!

El taunka golpeaba al lobo en la nariz y el hocico, pero el otro en su furia apretaba más y más cada vez. Una vez que un lobo te toma, no hay escapatoria.

- ¡CORRED! ¡IROS YA!

Los gritos de Bully transmitían dolor y la sangre brotaba a chorros. El mundo se había vuelto blanco y rojo.






Moonwalker sentía la roja sangre resbalando dentro de su hocico y mojándole los dientes. No pensaba en nada más. El hueso quebrándose en sus fauces había sonado como un canto armonioso que anunciaba un banquete, y por un instante, le parecía que el mundo se había detenido.

A pesar de la ansiedad por la presa, todo parecía moverse tan lento. Pero él era un cazador. Había medido bien a su presa y de no haber sido por aquel entrometido y peludo, habría cazado al cachorro rosado. No importaba comida era comida. Había sufrido demasiado los últimos días y no se pondría con nimiedades. Éste tipo, no obstante, era fuerte, y no dejaba de gritar. Le tomaba y le pegada en la nariz, pero el frenesí en que Moonwalker había caído era tan profundo, que ni aquel interminable dolor le hacía soltar. Aquel frenesí fue su mayor error.

No lo vio venir, cometiendo el primer pecado mortal del cazador. Fue cuando sintió el golpe, rotundo y destructor, sobre su costilla fracturada. Y el dolor de su encuentro con el colmipala le cayó de golpe y le obligó a abrir la trampa. ¿Quién se había atrevido a atacarle? Había reconocido su olor: era el otro cachorro.




Sakawgea no podía creer lo que miraba. ¡El lobo había soltado a Bully! Ahora, el niño taunka se arrastraba fuera del campo de acción del asesino, con el brazo destrozado. El lobo se dio cuenta que había perdido la presa y se había vuelto hacia el causante de su dolor.

Bälfr alzaba el palo en ciernes y ahora lo tomaba como una lanza, tratando de mantener a distancia al lobo hambriento. Éste caminaba formando un círculo y obligando al niño vrykul y a la niña taunka a encerrarse contra la pared de la montaña.

- ¡Dejadme aquí! - decía Bully con el brazo roto y sangrante. - ¡Salvad la vida! ¡Os está arrinconando!

Pero no dejaba de asombrarse. De algún lugar que no sabía, su hermano de piel rosada había sacado un valor que no le conocía.

- ¡Os matará!

Bälfr enfrentaba a un enemigo quizás tres o cuatro veces más grande que él, y sin embargo, no retrocedía. Miró a Bully y Sakawgea. Se dio cuenta que él era el único que podía hacer algo.

Y entonces se dio vuelta y echó a correr hacia la montaña.






Moonwalker había olido el miedo corriendo en sus venas, pero igual olía otro hedor. Algo extraño que no conocía ni había percibido antes. ¿Qué era? ¿Por qué aquella criatura de piel rosada se osaba a enfrentarse a su poder? Movía aquella extraña arma de madera frente a sus ojos, de un lado a otro, irritándolo sobre manera. Moonwalker era demasiado joven y no se había enfrentado nunca a un ser con olores tan extraños.

Y ahora corría hacia la montaña. No pensó dos veces en perseguirlo. Seguía cometiendo errores. Su instinto de cazador le impulsaba a alcanzar a la presa que huía. Había olvidado por completo a los otros dos.

Ahora se internaba en la espesura. Le habría dado alcance fácilmente, pero ¡cómo le dolía el costado! Sentía que algo se iba resquebrajando, abriéndose cada vez más y más. ¡Pero tenía tanta hambre...!

Su vista se nubló. Sintió que se le iban las fuerzas, pero aún así, no dejaba de correr.







El lobo estaba herido, de eso no había duda. Cojeaba de un lado y a pesar de su tamaño, era evidente que era aún muy joven. Eso lo habría determinado fácilmente de haber sido un cazador. Había tomado la única opción que tenía: hacerse el mismo una presa y alejar al lobo hambriento de sus amigos.

Ahora corría por el bosque a toda la velocidad que sus piernas y la capa de nieve se lo permitían. No era suficiente. De unos matorrales, vio cuando el lobo emergía. Se acercaba. Se acercaba... y sin embargo...

Una salida. La necesitaba ahora.

Fue cuando lo vio. ¡Allá, tan cerca, sobre el precipio! Un puente de hielo.

Corrió hacia él lo más que pudo, con todas sus fuerzas, con el lobo respirándole en la nuca.






¡Ya casi era suyo! Lo tenía allí, a dos pasos. Todo era cuestión de saltar sobre él y...


Pero le dolía. ¡Le dolía demasiado!






Bälfr sintió el frío del hielo traspasando la piel de sus improvisadas botas y subiéndole por los tobillos hasta las rodillas.

Hubo un ligero temblor. El hielo no era firme, pero había logrado su objetivo. A mitad de camino, se detuvo y se dio vuelta, tomando el palo con las dos manos frente a sí, como si fuera una lanza.

El lobo se detuvo al borde del puente.





Cansado. Muy cansado. ¡Y también tan hambriento! Había algo raro en todo aquello. ¿Por qué se había detenido? Moonwalker bajó la cabeza y olfateó. Algo no iba bien.

- ¡A él! - le gritaba su instinto. - ¡Atrápalo! ¡Está delante de tí! ¡Solamente tienes que saltar!

Pero cuando sus pies sintieron aquella superficie lisa y resbalosa, algo le dijo que no se moviera.

¡Pero estaba tan hambriento! Y entonces, empezó a acordarse de que, allá atrás, había dejado algo olvidado.







- ¡Ven aquí! - decía Bälfr. - ¡Ven!

El lobo parecía dudar. Por algunos instantes, parecía querer avanzar, pero algo le retenía. Alzó la cabeza y miró hacia el costado.

- ¡No! - gritó Bälfr. Era evidente que el lobo empezaba a acordarse de Bully y Sakawgea. Si se daba vuelta, lo perdería para siempre.

Y entonces, avanzó por el puente, acercándose al lobo y moviendo el palo para llamar su atención. El lobo se volvió. Ahora lo tenía tan cerca.


- ¡VEN!


El lobo saltó hacia adelante, con las fauces abiertas. Bälfr retrocedió lo más que pudo, pero ya tenía en su pecho las garras del animal.

Y entonces, el hielo se resquebrajó y comenzó a romperse.







CONTINUARÁ...
_________________
Subir
View users profile Send private message MSN Messenger
rexxar_1986
Habitual
Habitual


Entrado: Nov 17, 2004
84%
Mensajes: 459



MensajeMandado: Lun Jul 06, 2009 5:11 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

/bump

Lo siento, pero estaba demasiado enganchado a esta historia y no me apetecería que cayera en el olvido.

Así que ya sabes rode, ánimo ^^


Saludos.
_________________
Los bosques serían demasiado silenciosos si sólo cantaran los pájaros que mejor lo hacen...
Subir
View users profile Send private message Visit posters website
Rabbit
WoW-ESP Amigo
WoW-ESP Amigo


Entrado: Oct 25, 2003
100%
Mensajes: 1664



MensajeMandado: Lun Jul 06, 2009 10:10 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

¡Seguimos aguardando la continuación, maestro pandaren!
_________________

La muerte nos sonrie a todos, asi que... devolvamosle la sonrisa
Subir
View users profile Send private message
Sasori
Experimentado
Experimentado


Entrado: Jan 02, 2009
58%
Mensajes: 855



MensajeMandado: Lun Jul 13, 2009 2:09 am    Asunto del mensaje: Responder citando


_________________
Subir
View users profile Send private message
Roderich
Tabernero
Tabernero


Entrado: Dec 08, 2004
69%
Mensajes: 3136



MensajeMandado: Jue Oct 08, 2009 5:12 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

Hola a todos!

Retomando, pues, esta historia, he decidido dividir el Capítulo 13 en dos partes ya que se me ha hecho algo largo. Disculpen la tardanza y disfruten.
_________________________________________________





Capítulo 13 (Parte I)
Cara a cara con tus enemigos.



Sintió que caía por siempre, desde siempre, para siempre. Un abismo oscuro e infinito, sin principio, sin fondo, le tragaba irremediablemente hacia las profundidades. Era aterrador e irresistiblemente hermoso. Un segundo eterno de agonía en la noche, y luego, la fría nieve y la angustiante oscuridad.

Y ese terrible dolor en las costillas.

Balder entreabrió los ojos y sufrió un repentino vértigo. Lo que observaba no podía pertenecer a este mundo. Debía pertenecer al mundo de los sueños, o peor, al de los espíritus, aquellas temibles e inmortales fuerzas que se agitaban en la oscuridad y le quitaban el aliento.

Estaba en medio de una caverna fría y oscura. Una tenue luz azulada danzaba sobre las inmensas paredes de hielo, formando gigantescas y estremecedoras sombras que se elevaban varios metros hasta perderse en la oscuridad de arriba.

¿Dónde estaba? Recordaba poco, casi nada. Un sabor de sangre caliente que se congela desaparecía de sus labios. No sentía las piernas. No podía moverlas.

Se creyó moribundo. A pesar de ello, Balder sacó de su interior la fuerza suficiente para ocultar su miedo. Y entonces los recuerdos vinieron de golpe. La torre blanca reflejada en el lago… Bully y Sakawgea… el ataque del lobo… el puente de hielo…

Estaba entre la noche y el hielo. Supuso entonces que el puente se había derrumbado y él había caído junto con el lobo. No había rastro del animal por ninguna parte. Esta muerto o enterrado en la nieve, por lo que, por lo pronto, no era una amenaza.

Su principal problema ahora era la inmovibilidad. Seguramente, durante la caída, parte del arco de hielo había provocado una avalancha y le tenía ahora atrapado. La muerte, hasta ese momento un mito funesto pero distante, se volvía ahora una realidad más tangible, una certeza que se avecinaba y se instalaba sobre su espalda como un gigante, susurrándole un indescriptible horror.

Quiso llorar, pero le faltaban las fuerzas.

- ¡AYUDA! – gritó, pero un repentino temblor en las paredes de hielo le advirtió prudentemente que era mejor no seguir haciéndolo.

No. Bully y Sakawgea seguramente le buscarían, o irían por Korak y el movería la montaña, si fuese necesario, para encontrarle. Los minutos, sin embargo, empezaban a hacerse cada vez más largos.

Estornudó sonoramente. El frío era devastador. Un desesperante silencio y una sensación de vacío comenzaban a apoderarse de la cámara y de su corazón. Sus pulmones comenzaban a dolerle. ¿Dónde estaba Korak? ¿Dónde estaba Bully? Sus defensas mentales comenzaban a desmoronarse.

Sus fuerzas le abandonaban. Estaba solo, tan solo. Estaba triste, tan triste.

Y fue en eso que lo vio. Una sombra, más alta que las otras, que tomaba forma y avanzaba. ¿Avanzaba? Sí, avanzaba, se acercaba como un lobo presto a dar el golpe fatal, como una fiera con las fauces abiertas deseosa del río de sangre que escapaba de su cuerpo y le robaba la vida.

- ¿Tan horrible es la muerte?

Balder no supo si aquello lo había hablado o lo había pensado, pero la risa burlona del ser oscuro retumbó en la caverna, como si pudiera leer sus pensamientos.

- Camina por valles de sombra de muerte... Una mirada brillante despide locura... Una sonrisa preocupante, malévola, resuena en la noche...

El ser hablaba. Hablaba a su mente.

- Eres como arcilla en mis manos… Eres un títere de fuerzas que no imaginas…


Balder quiso taparse los oídos, pero no pudo. Estaba paralizado por el horror, pero no podía dejar de verlo. Luces trémulas y sombras danzaban en la caverna… y Balder creyó ver en ella oscuras formas que se estremecían.

Una de ellas se parecía a Korak.

- Todo en lo que confías se esfuma…


La sombra se movió y cambió. En lo alto de una montaña, Balder creyó ver un gigante con cuernos que bebía la sangre de niños inocentes.

- Fuisteis rechazados porque sois débiles… Vuestro destino es morir…

Ahora era un campo de batalla. Miles y miles de seres de piel rosada, embebidos en armadura, luchaban una batalla interminable, buscando destruirse unos a otros. Y después de muertos, los cadáveres se levantaban y seguían combatiendo con violencia.

- Guerra y muerte… Tu semilla traerá la condenación a este mundo…

Una mujer lloraba sobre el cadáver de un niño. Un monstruo de piel verde, de gran fortaleza y horrible mirada de fuego, la partía de un golpe con un hacha.

- Vienen por ti…

Una gran explosión. Océanos se elevaban y caían montañas. El cielo se volvía negro. Un remolino de pesadilla emergía del mar.

- No hay escape… ni en esta vida… ni en la venidera…

Balder tembló y se aterrorizó al observar tales visiones. ¿Eran estas pesadillas de su mente? ¿Eran reales? No podía comprenderlo. ¿Estaba, por desventura, condenado a ver el futuro? ¿A qué se refería aquella voz con que su semilla traería la condenación al mundo? ¿Quién era él realmente?

El ser oscuro cambiaba y se retorcía, convulsionaba y se elevaba hasta convertirse en una gigantesca sombra de ojos brillantes. Y la sonrisa de su boca… empezaba a mostrar unos preocupantes y enormes dientes en una no menos preocupante y gigantesca boca. Y otra boca. Y otra más.

Y muchas más. El ser oscuro se había transformado en una horripilante masa gelatinosa de la cual emergía una boca tras otra. No había rostro, ni piernas, ni ojos, ni rostro. Solo un ser de mil fauces con enormes tentáculos que emergían del suelo congelado.

Balder sintió el horror. Sintió que su mente se extraviaba, que iniciaba un terrible viaje hacia el lugar donde se suman todos los miedos.

Un inevitable descenso hacia la locura.









Deseó… deseó que terminara pronto.

Quiso cerrar los ojos, pero sus párpados estaban congelados en su sitio. Aquella masa se acercaba. Era como si todas sus pesadillas se hubiesen juntado y le dieran vida a aquel monstruo. Y su miedo le hacía cada vez más fuerte.

- Baldr... Gud velsigne dine... utflukter og... innleggene dine...

El ser de las mil fauces se abrió y creció, y volvió a encogerse.

Balder levantó la cabeza, buscando asombrado de dónde venía aquella voz. A pesar de no entender sus palabras, le parecía extrañamente familiar, casi como si la conociera. Era una voz dulce, esperanzadora. Una voz que le llenaba de paz, que le recordaba un tiempo ido, un regazo caliente, un seno amable…

Una época donde no existía el miedo.

Aquella voz le hablaba y le confortaba. Era como si una mano amiga le acariciara. Una sensación cálida invadió su cuerpo. Comenzó a moverse.

- Gud velsigne... ditt måter... og trinn...

El ser de las mil fauces se abrió y creció, y volvió a encogerse, removiéndose con furia.

- At livet... du smile... og gi deg glede...

Balder cerró los ojos. Allí, en la oscuridad del interior de su alma, creyó ver una luz, y en la luz, el rostro de una mujer que sonreía.

- Og når livet du trist... husker at min... ånd er alltid med deg... For alltid... pikku Baldr…

La voz era ahora una canción en su corazón y un abrazo para su espíritu.

Balder sonrió. Una lágrima resbaló por su mejilla.

Abrió los ojos lentamente.









Allí delante, había uno que estaba de pie, cubriendo la única luz de la cueva de hielo. No era la criatura de antes. ¿Qué nuevo horror era este?

Era uno que caminaba sobre dos pies. Uno que tenía el cabello largo y blanco como la nieve. Que tenía la piel azulada, tensa, como la de aquellos a los que la vida los ha abandonado. Portaba un yelmo negro, alto, con dos cuernos, y una armadura negra y pesada, que hacía resonar la caverna a cada paso de dos pesadas botas. Llevaba sobre los hombros una piel de algún animal. Tenía calaveras por coderas y rodilleras, y portaba una gran espada rúnica que exhalaba vapor, mientras dos luces iridiscentes, como las de los fuegos que bailan sobre las tumbas de los recién muertos, brillaban de la cuenca del oscuro yelmo, que no dejaba a descubierto el rostro de aquel ser.

Aquella voz sonaba como si dos seres hablaran al unísono, como si dos habitasen el mismo cuerpo del ser oscuro que había escapado del mundo de pesadilla para atormentar a Balder. Hablaba en una lengua extraña, y sin embargo, Balder le entendía.

- ¿Quién eres?


Si aquella era la entrada al frío infierno y el ser delante de él era el demonio, Balder le enfrentaría sin temor aunque quebrara todos sus huesos. Su mente había sobrevivido el descenso a la locura. ¿Sobreviviría el enfrentamiento cara a cara con la muerte?

- Yo soy el que está de pie entre las tumbas, el celador de los muertos – dijo el ser y sus ojos brillaron aún más, como si fueran bronce encendido. - Soy el que está en la última puerta y la abro y cierro a mi voluntad.

- ¿Qué era aquel monstruo?

El caballero oscuro se rió.

- Él cree que puede vencerme, pero no ha comenzado a darse cuenta siquiera de que está perdido. No dudes, muchacho: es un prisionero, igual que tú. Pero yo no. Una vez lo fui, pero ahora soy libre. Soy libre y observo lo que fue, lo que es y lo que ha de ser. Para mí, el tiempo es solo sombras.

Balder y el ser miraron largamente. Balder sintió cómo todo su ser se estremecía, cómo su aliento se congelaba, cómo la muerte se apoderaba e iba subiendo de sus piernas a su tronco, a sus brazos, a su cuello, a su cabeza. La mirada del celador era terrible, vacía, llena de odio y desesperanza.

- No te temo – dijo Balder. - He visto algo familiar en tus ojos.

El ser rió.

- La muerte, sin duda. Los que no temen a la muerte corren más rápido hacia ella y la saludan con una sonrisa – respondió.

- No he de morir aún. No es mi hora todavía – dijo el muchacho con hidalguía.

- Yo también fui - y seré - como tú. De todas las criaturas de este mundo, la tuya es la única raza que se niega a aceptar que tiene que morir. Y hoy te aseguro que has visto a la Muerte a los ojos.






CONTINUARÁ...
_________________
Subir
View users profile Send private message MSN Messenger
whitri
Miembro Honorífico
Miembro Honorífico


Entrado: May 13, 2006
100%
Mensajes: 4960



MensajeMandado: Jue Oct 08, 2009 9:34 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

Shocked Shocked

Me ha encantado, y aunque tengo alguna que otra duda acerca de:

Spoiler:
Rey Liiich


Todo lo demás bien, excepto que has nombrado a Bälfr de manera diferente, ahora se llama Balder.
_________________
87451232549087. 6.
,1.
Subir
View users profile Send private message Send email Visit posters website MSN Messenger
Roderich
Tabernero
Tabernero


Entrado: Dec 08, 2004
69%
Mensajes: 3136



MensajeMandado: Mar Ene 19, 2010 6:51 pm    Asunto del mensaje: Responder citando

Me bumpeo a mí mismo ya que no quiero perder esta historia y realmente me interesa continuarla, solamente que ando un poco parado últimamente.


Un saludo y disculpen.

Ibay24.es - Tarjetas prepago (2 meses de WoW) por sólo 19,99€!
World of Warcraft por sólo 9,99€, The Burning Crusade 9,99€, Wrath of the Lich King 19,99€ y más … Pulsa aquí y aprovéchate ahora!

_________________
Subir
View users profile Send private message MSN Messenger
Nerub29
Tabernero
Tabernero


Entrado: Dec 21, 2005
69%
Mensajes: 895



MensajeMandado: Lun May 17, 2010 6:23 am    Asunto del mensaje: Responder citando

Roderich escribió:
Me bumpeo a mí mismo ya que no quiero perder esta historia y realmente me interesa continuarla, solamente que ando un poco parado últimamente.


Un saludo y disculpen.


Pues con perdón y su permiso, pero es buena historia y se merece otro bump y los que hagan falta.

¡Un saludo!
_________________


Last edited by Nerub29 on Mie Nov 28, 2009 9:49 pm, edited 1 time in total
Subir
View users profile Send private message
Display posts from previous:   
Mandar nuevo asunto   Responder a tema    WOW-ESP Forum Index -> La Taberna Todas las horas son GMT + 1 Hora
Ir a la página Anterior  1, 2
Página 2 de 2

 
Saltar a:  
You cannot post new topics in this forum
You cannot reply to topics in this forum
You cannot edit your posts in this forum
You cannot delete your posts in this forum
You cannot vote in polls in this forum

Powered by phpBB © 2001 phpBB Group
phpBB port v2.1 based on Tom Nitzschner's phpbb2.0.6 upgraded to phpBB 2.0.4 standalone was developed and tested by:
ArtificialIntel, ChatServ, mikem,
sixonetonoffun and Paul Laudanski (aka Zhen-Xjell).

Version 2.1 by Nuke Cops © 2003 http://www.nukecops.com

 

All about World of Warcraft are trademark of Blizzard Entertaiment