Caminó por la calle, siguiendo la ruta que debía a ver seguido no mucho antes. Se paró a escuchar, pero no oyó ni un ruido. Cosa extraña, la gente se había metido en sus casas o había salido de la zona, buscando alejarse de la zona que imaginaban seria más peligrosa. Algunas patrullas de la guardia conducían a la gente a lugares seguros, lejos de las batallas que no tardarían mucho en librarse. Los barrios alrededor del castillo estaban vacios, aunque se hablaba de bandas errantes de ladrones que buscaban entrar en las casas, confiados en sacar provecho de la batalla que estaba preparándose.
No le importaban los ladrones, solo quería alcanzarla. Sin duda le necesitaría, por mucho que se emperrase en decir lo contrario. Un ruido tras una esquina le hizo apresurarse ya debería tenerla al alcance.
Al doblarla, para su sorpresa, solo encontró a un par de hombres, intentando forzar una puerta.
- ¿Qué estáis haciendo? –preguntó, acercándose.
Los dos hombres se volvieron, encontrándose con apenas un muchacho imberbe, aunque vestido con el tabardo de la guardia de la ciudad.
- Por la… Es la guardia, nos han pillado –empezó a decir uno a su compañero.
- ¿La guardia? –dijo el otro, más grande y con la cara surcada de cicatrices- Si eso es la guardia yo soy una monja. No es más que un crio vestido con armadura.
- Alto –dijo Julen, sacando la espada- En nombre de…
Ninguno de los dos hizo caso del arma, sacando las suyas. Dagas y espadas cortas de aspecto cruel salieron de sus vainas, apuntando al muchacho. Julen no vaciló, recordando sus lecciones. En unos segundos, uno de los hombres perdió una daga, sujetándose el brazo del que salía un hilo de sangre.
- Maldito crio – dijo el herido, recogiendo su arma. Su compañero avanzó, esta vez con más cautela.
- Os dije que no quiero problemas –respondió el muchacho- si no os apartáis…
- Vas a tener problemas, muchacho- dijo el de la cicatriz- Veras cuando te corte el cuello y te ahogues en tu propia sangre.
Los dos se lanzaron contra Julen, quien se revolvió, barriendo con su espada. Varios golpes más y Julen se encontró en algunos apuros, aunque le superaban en número, estaba seguro de poder con ellos.
Varios mandobles y fintas, devolvió algunas estocadas y la sangre corrió de nuevo.
Empezó a resoplar, sintiendo el cansancio que empezaba a hacer mella, aunque uno de los hombres retrocedió, tapándose un tajo del pecho, apenas una herida superficial.
Eso dejaba uno menos, pero no tardaría en volver al ataque. Tenía unos segundos para despachar a este, el más brutal de los dos, antes de que se recobrase su compañero.
Atacó, pero esta vez el bruto jugó sucio y Julen se encontró con la espada demasiado cerca del cuello para su gusto.
- Maldito crio – dijo el matón- ahora verás como desparramo tu…
Julen no le oyó terminar la frase, pero si escucho como se levantaba, seguido de un crujido de huesos.
El cuerpo cayó a su lado, con la cabeza girada en un ángulo imposible. A su lado, Elfyn estaba de pie, mirando al segundo ladrón, que se sujetaba la pechera cubierta de sangre. Miró a su compañero muerto e hizo ademán de sacar la daga, queriendo vengarle. Miró a la mujer que le había matado, quien le devolvió una mirada terrible mientras negaba con la cabeza.
Dejó caer la daga y salió corriendo, desapareciendo entre las calles como si la plaga le persiguiese. Julen quiso ponerse de pie, mientras Angi permanecía allí, impasible. Aunque la conocía lo bastante para saber que estaba enfadada, aunque no dijese nada.
- Angi, yo…
- Te dije que te quedases – respondió ella- ¿Quieres hacerte el héroe?
- ¿Esperas que me quede de brazos cruzados? Nayra es como una madre para mí. Y se luchar, tú me enseñaste, recuerda…
- Te enseñé para que te defendieras de bandidos y salteadores, no para que te lanzases de cabeza a invadir una fortaleza. ¿Qué clase…?
- ¿Y por qué no me enseñaste más cosas? –estalló él- te hubiese seguido a cualquier parte, hubiese soportado…. Pero no, me dejaste con Nayra y Serler y desapareciste durante años…
- No me podía quedar contigo, por mucho que lo desease- respondió ella- hay muchos que me odian y que no se detendrán ante nada para hacerme daño. Si quería mantenerte a salvo, tenía que alejarte de mí. ¿Qué clase de vida hubieses llevado de estar junto a una proscrita? Esa no es forma de crecer para nadie.
- ¿Ni siquiera para un aprendiz? Te pedí que….
- ¡No! –cortó ella- No puedo tener un aprendiz, ya te lo dije. No después de lo que pasó con el último…
Su voz apenas fue un susurro, retrocediendo entre sus labios y sus dientes de forma que le costó oírlo, pero entendió.
- ¿Por eso te aferras a la soledad? ¿No quieres aprendices, ni familia, ni nadie que pueda…?
- Renuncié a todo eso cuando elegí mi camino, hace ya mucho tiempo, Julen –contestó- no quiero que tú pases por ese infierno. Te mereces algo mejor.
Elfyn siguió andando, sin decir nada más. Julen decidió seguirla, sin duda algo la atormentaba. ¿Había tenido un aprendiz? Nunca había hablado de ello. ¿Renunció a su familia? ¿Cómo era eso posible?
- Esto… Angi –empezó a decir- ¿Cómo renunciaste a tu familia?
Elfyn se detuvo, sin volverse a mirar al muchacho que ahora la seguía. Había llegado a ser muy importante para él, casi como… ¿Debía contárselo? No había hablado del tema en muchos años, ni siquiera sabía si todavía….
- Hace años salí de Kalimdor –empezó a decir- allí tenia hermanos y hermanas, sobrinos… Incluso tuve hijos…
- No he hablado de esto desde… -siguió diciendo Elfyn. Le dolía la garganta y las palabras costaban de salir, pero continuó- Si, estuve casada durante siglos. Una época feliz.
Aquí se detuvo, dejando de hablar por unos instantes. Julen esperó, tragándose las preguntas. Hasta que ella continuó:
- Pero se terminó, como pasa con todo.
- ¿Acaso….? –“murieron” iba a decir, pero no lo dijo. Conocía demasiado bien lo que era perder a la familia, verla morir….
- Solo nos separamos –dijo ella- igual que muchas otras familias en aquella época. Hubo una gran diferencia de opinión entre los elfos que finalmente terminó…
- ¿Te separaste de tus hijos? ¿Cómo?
- Ellos decidieron irse –puntualizó Elfyn- y durante años, respeté su decisión. Y luego, cometí un crimen imperdonable.
- ¿Qué paso con tus hermanos…?
- Nada, para mi familia es como si yo hubiese muerto hace años.
- ¿No puedes hablar con ellos? ¿ni siquiera una carta o…?
Julen no podía entender eso. ¿Qué clase de crimen te obliga a separarte de tu familia y cortar toda relación ellos? ¿Un asesinato? El la conocía, la había visto en malos momentos y aunque mataba, no era una asesina. Se había arriesgado por un pueblo entero de desconocidos y seguro que no era la primera vez. ¿Tendría algo que ver con sus poderes? ¿Acaso era ese el crimen? ¿Por qué se habrían marchado sus hijos?
- No puedo hablar con mis hermanos –dijo ella- lo tengo prohibido. Y en cuanto a mis hijos… no sé nada de ellos desde hace años.
- ¿Y no quieres…?
- Ya da igual, Julen- respondió ella- Han pasado demasiados años.
- Eso no está bien, Angi. Incluso aunque hayan pasado diez años, yo seguiría queriendo saber de mi madre, si no supiese…
- Han pasado más de mil años –respondió Elfyn. Julen no dijo nada, casi se atraganta al oír la cifra. ¿Mil años? Eso era imposible, una eternidad…
Sin embargo, Elfyn pensó de nuevo en sus hijos. ¿Seguirían vivos acaso? Seguramente no, deberían de haber muerto en Quel’thalas, cuando la plaga lo asoló. O tal vez mucho antes, en las guerras troll. No, era mejor no pensar en ellos, dejarlos enterrados en las profundidades de su corazón, donde habían permanecido desde…
También recordó a su aprendiz, uno de sus mayores errores, que aún hoy la atormentaba. No, no dejaría que Julen, ni ningún otro, siguiese sus pasos. No, Julen tenía su propio camino, igual que ella. Un camino que había elegido, aunque al principio se lo habían impuesto.
Pero ese era un viejo asunto, que nunca había ocurrido. Dejó de lado los recuerdos, ahora tenía que centrarse en lo que le esperaba.
- Angi, tenemos que ir por aquí –le dijo Julen, señalando un callejón.
- ¿Por ahí? –preguntó ella.
- Hazme caso –explicó Julen- Conozco bien esta zona y sé que por aquí hay entradas discretas al castillo.
- Y tú las conoces, ¿no? Me preguntó cómo es eso… -Elfyn esbozó una leve sonrisa, que hizo ruborizar al muchacho.
- Bueno, algunas me las comentó Nayra- respondió este, avergonzado- Y las otras…
- ¿Cómo se llama? –inquirió Elfyn.
- Deina –respondió Julen- es lavandera en el palacio. Ella y yo, bueno, nosotros…
- Entiendo –fue lo único que dijo, manteniendo el asomo de sonrisa.
Julen la condujo por un callejón recóndito, cubierto de mugre y restos de basura. Un buen lugar para una salida discreta, sin duda. Y no eran los primeros en entrar por ahí:
Un cadáver estaba tirado junto a una reja, sin duda un guardia. Julen miró el cadáver y se tragó un gesto de asco al ver las deformidades que presentaba: unos bultos en la frente, sin duda unos cuernos primitivos, junto a otras prominencias grotescas. Igual que los asaltantes de la casa de Loric, sin duda un sectario del culto que dirigía Lozien.
Como podía nadie someterse voluntariamente a algo así no lo entendía Julen, por muco que lo hubiese visto en el pasado. Elfyn no dijo nada, solo se acercó y tocó la deformada cabeza mientras trazaba un símbolo con el dedo. El conjuro fluyó y la imagen se formó en su mente, junto con una docena de sensaciones diferentes. El callejón estaba vacío, luego un sonido, después sorpresa y luego dolor, una luz abrasadora le caía encima, ahogándole en un mar de santidad y rectitud. El demonio que habitaba el cuerpo había sido expulsado, pero la tensión había sido demasiado para el hombre. Había caído en el sitio, dejando unos grotescos despojos por todo testimonio.
- Higar y los otros han pasado por aquí –dijo ella, después de un largo instante- y no hace mucho.
- Entonces el camino estará despejado o se están encontrando con una fuerte resistencia –siguió Julen- el palacio está lleno de recovecos y…
- Muy bien –dijo Elfyn, satisfecha con las deducciones del muchacho y su sentido de la observación.
- Fuiste una buena maestra, Angi- respondió- Aunque todavía podrías enseñarme mucho…
- Ya te dije que…
- No voy a insistir, Angi –respondió Julen, señalando la alcantarilla- Ahora el camino…
- Ahora es tu turno de ser el guía – replicó Elfyn, cogiendo la espada del cadáver. Sostuvo el arma en la mano, sopesando la hoja doble con un rápido movimiento. Aun sentía la corrupción de la forja, pero la espada era de calidad y le serviría bien, al menos por el momento.
Hizo un asentimiento con la cabeza a Julen, quien se estaba preparando para una discusión sobre los motivos por los que debía de ir con ella. Pero para su regocijo, tal disputa no tuvo lugar, así que se lanzó primero a la alcantarilla.
Elyn vio su júbilo, tan típico de los jóvenes. Por su propia seguridad, le vigilaría de cerca.
Ya había perdido demasiados seres queridos en la vida.
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Pues nada, aqui os dejo el siguiente pedazo. Es un poco de relleno mientras voy terminado el guion de la ultima parte, que luego tendre que escribir y corregir hasta que finalmente salgo algo potable.
Mandado: Sab Nov 15, 2008 4:01 pm Asunto del mensaje:
Bueno, de relleno está bien xD.
Nada mas la primera línea diría que tienes un fallo:
Caminó por la calle, siguiendo la ruta que debía a ver seguido no mucho antes.
Pero no he visto ningún otro fallo, lo que sí que he observado ha sido que la batalla básicamente no la has contado. Solamente has contado las repercusiones de la batalla, pero no las estocadas y tal. _________________ 87451232549087. 6.
,1.
Mandado: Sab Nov 29, 2008 3:55 pm Asunto del mensaje: La lagrima de sangre. Capitulo 57
Bueno, pues vamos metiendo ya el siguiente capiulo.
Alguna revelación, algo de lucha que tanto os gusta y lentamente nos vamos aproximando al final. Espero poder terminarlo en pocos capitulos. (no mas de 10)
(Y yo me lo creo....)
bueno, al grano. Como siempre se admiten comentarios, criticas, quejas, opiniones. imagino que alguno se dara cuenta de algunas cosas que he ido dejando caer a lo largo de los 57 capitulos (¡57!, anda que...)
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- No pienses que te vas a salir con la tuya –dijo Nayra, aún sujeta por las muñecas- Eres un maldito asesino y si no te mato yo…
- Tal vez lo sea, como bien sabes –respondió Wund- Tal vez debería matarte ahora, me ahorraría tu charla.
- Pues hazlo –le desafió Nayra- No le temo a Lozien ni a ninguno de sus lacayos, y en cuanto a lo que sabéis hacer, se os da muy bien matar gente desarmada. Así que venga – Nayra se llevó las manos a la garganta, señalando la yugular- Corta justo por aquí.
Wund no le respondió, ignorando las puyas de la mujer. Su enfado estaba más que justificado, al fin y al cabo, era verdad que bajo sus órdenes habían muerto docenas de amigos y paisanos suyos. Se acercó a ella, desenvainando la daga, que movió amenazadoramente.
- Me estás tentando –respondió Wund- y no pienses que voy a limitarme a cortarte el cuello. Ahora, me vas a ayudar, te guste o no.
- ¿Ayudarte? –la pregunta llenó de repulsión a Nayra- ¿Por qué iba yo a ayudar a un asesino, un traidor y un cobarde?
- Tal vez porque las vidas de tus amigos dependen de ello –fue la respuesta de Wund- y morirían antes que tu, dolorosamente además, si no colaboras.
La amenaza era bastante real y ella estuvo segura de que les esperaba un final doloroso, tanto a ella como a los demás si Lozien conseguía sus planes. No podía permitir que los cumpliesen, fueran los que fuesen, pero enfrentarse con ese asesino ahora de poco serviría. Podría cortarle el cuello y seguir con sus planes, pero si le ayudaba, conseguiría averiguar sus planes y la mejor forma de estropearlos.
- No tengo elección entonces –respondió Nayra, agachando la cabeza- ¿Qué es lo que quieres?
Wund guardó la daga, mirando a la mujer a los ojos. En ellos se reflejaba la determinación, junto con la ira y el odio. Le traicionaría a la menor oportunidad, pero tendría que correr el riesgo.
- Venga, ahora muévete, vamos – le dijo, tirando de ella hacia el pasillo- Se está haciendo tarde.
- “Esto es muy fácil” –pensó Higar, abriendo uno de los portones interiores. El salón estaba vacío, sin ningún rastro de gente. Era como si el palacio se hubiese abandonado.
- ¿Dónde está Lozien? –preguntó Tor, avanzando con la maza en las manos - ¿Dónde se esconde? ¡Déjate ver, maldito!
- No nos conviene llamar tanto la atención, enano –dijo Izan, haciendo un gesto sobre el orbe que remataba su bastón.
- No recuerdo haber pedido tu opinión, mago –replicó el enano- Ni tu presencia aquí…
- Da gracias que decidí acompañaros –respondió- Nunca hubieseis atravesado las alarmas de no ser por mis hechizos.
- ¿Tus hechizos pueden decir dónde está mi padre? –preguntó Loric, contemplando las salidas del salón donde se encontraban. Muchas puertas, alguna podía ser la buena, o tal vez ninguna. El castillo era enorme, un verdadero laberinto, sin contar los niveles subterráneos. Su padre podría estar en una celda o en la torre más alta, si es que no estaba… No, eso no era posible.
- Me está costando bastante mantenernos a salvo de las alarmas –explicó Izan- Si me pongo a lanzar sondas podría disparar alguna trampa y nos descubrirían.
Karyn se acercó a una de las puertas, sosteniendo uno de los abalorios que llevaba mientras murmuraba algo en idioma trol. Higar la miró, sin duda estaba invocando a sus dioses, buscando alguna señal.
- “Santa Luz, pero que hermosa es...” –se dijo. Sintió como una especie de aura la envolvía, dándole una apariencia de ángel. Si, esa era la palabra, por imposible que parezca. ¿Cómo podía ser tan hermosa? Y peor, ¿Cómo es que no se atrevía a decirle nada de lo que sentía?
Él, paladín de la Mano de plata, se había enfrentado a todo tipo de monstruos y engendros, hombres y demonios, sin ningún miedo. Y ahora estaba allí, junto a lo que podría ser la mujer de su vida, inteligente, honesta, valiente, hermosa… lo tenía todo, no se podía comparar con ninguna otra que hubiese conocido antes, ni las campesinas o las hijas de la nobleza, muchas de las cuales habían ido tras él. Sin embargo las había rechazado con educación, ninguna tenía lo que él estaba buscando.
Ninguna, hasta ahora… Y sin embargo ahora que la tenía al alcance…
- No estamos solos –dijo Karyn, abriendo los ojos.
- ¿Qué has visto? –preguntó Higar- ¿Viene alguien?
- Que vengan –habló Tor, balanceando la maza- me estoy cansando de esconderme. ¿Dónde están esos demonios?
- No, no son guardias –explicó ella- Uno es Elfyn, creo. Los demás, no lo sé.
- Te gustan los misterios, ¿eh, troll? –replicó el enano.
- Acepto lo que me dan los Loa –contestó ella- No soy tan arrogante como para exigirles respuestas.
- No deberías conformarte –replicó Izan- ¿Cómo sabes que no están jugando contigo? ¿Con nosotros?
- Porque tengo fe, mago –fue la única respuesta- ahora, sigamos por este pasillo.
Karyn se acercó a una de las puertas, que abrió antes de que ninguno intentase detenerla. Detrás, un pasillo con unas escaleras que descendían a un nivel inferior, seguramente un acceso a los sótanos.
- Simplemente lo sé – respondió Karyn a la silenciosa pregunta del grupo.
- Tu guías – dijo el paladín- la fe siempre conduce por el camino correcto.
Ella le agradeció silenciosamente el apoyo, no se atrevió a decirle nada más. Tanta seguridad, confianza en si mismo y en los demás… De no ser por el conjuro de Elfyn, ni siquiera se atrevería a estar a su lado. Aunque le repugnaba haber recurrido a un truco así, el mero hecho de estar cerca de él y que él se fijase en ella, sin verla como una…
Ahora, pese a todo, seguía sin ser capaz de hablarle. ¿Cómo iba a decirle nada, siendo él tan seguro y sin embargo ella tan indecisa?
- Nadie puede estar aquí –le dijo uno de los guardias- La orden viene de….
- Conozco las ordenes –respondió Wund- El rey sabe de vuestro esfuerzo y me envía para recompensaros…
Con un movimiento empujó a Nayra, quien cayó al suelo ante los guardias. Sus expresiones se volvieron sádicas muecas al contemplarla. Conocia su ralea, las cosas que les divertían. Torturarla, mutilarla y violarla, eso como poco. Se esforzó en ocultar su miedo, no le daría la satisfacción a ninguno de ellos de verla asustada, ni de suplicar. Les miraba acercarse, mientras ese hombre, Wund, se mantenía a sus espaldas, mirando como los guardias se iban acercando. Sin decir nada, mostrándose resuelta, se puso de pie.
Wund les miró acercarse a la mujer, que se mantenía valiente, aunque tal vez estuviese muerta de miedo. Impresionaba su valor, pero poco importaba. Apartó la vista, mirando al fondo de la sala, donde un cofre cerrado se ocultaba bajo unas sombras. Revestido de hierro con decorados siniestros, intimidaba a la vista, disuadiendo a cualquiera de acercarse.
Hizo de tripas corazón y se acercó a la tapa, abriendo los cierres. Estos salieron con facilidad, permitiendo que abriese la pesada tapa. Las bisagras no protestaron cuando la tapa se abrió, mostrando su contenido. Miró dentro, consciente de que ahora estaba enfrentando lo más complicado.
Alargó la mano, tocando el contenido del cofre, recorriéndolo con los dedos hasta llegar a la empuñadura. Hizo una mueca de anticipación mientras cerraba los dedos en torno al mango, pero en vez de dolor, no sintió nada. Sorprendido, pero aliviado, lo sacó del cofre.
Nayra forcejeó un poco, asqueada por el contacto de los repelentes monstruos. Antaño hombres, ahora eran una mezcla de mutaciones y deformidades grotescas, surgidas de pesadillas y de las profundidades infernales.
Uno de ellos empezó a acariciarla, mientras una mueca lasciva se dibujaba en su desnaturalizado rostro. Le apartó con un gesto, inútil frente a su fuerza y que solo consiguió darle más asco el tacto con la sucia piel del ser.
Este sonrió, saboreando la resistencia de la mujer, que arrancó una sonrisa a los demás. Una presa que forcejea siempre era mejor que una sumisa, daba más diversión verla retorcerse y gritar.
O eso pensaba uno de ellos, hasta que vio como la sangre salpicaba el rostro de la mujer. Miró hacia abajo, sorprendido y se dio cuenta de que era su propia sangre la que surgía de un agujero en su estomago, abierto por una espada que sobresalía levemente. En ese instante, el metal brilló, mientras unas llamas empezaban a consumir su carne. Se volvió, observando incrédulo como Wund sostenía en las manos una espada curva, de diseño elfo, que brillaba con la maldita luz de los dioses del bien.
Sus compañeros se volvieron también, solo para ver al guerrero balancear el arma en un amplio arco. Sus cabezas volaron, cercenadas por el cuello, empezaron a arder por el aire, cayendo al suelo convertidas en ascuas humeantes.
Nayra se cubrió el rostro mientras los cuerpos se desplomaban, llenando el suelo de sangre. Cuando apartó las manos, vio los cadáveres humeantes en el suelo, y ante ella, el hombre, sosteniendo una espada brillante en la mano.
Un arma familiar, la había visto muchas veces antes. Ese brillo, la forma, todo encajaba.
- “¿La espada de Elfyn?”- pensó Nayra- pero si se rompió…
Se había roto, ella misma lo vio, desde el patio, como se enfrentaba a Lozien y perdia, la hoja encantada hecha añicos, igual que un cristal.
- Esta es la autentica –explicó Wund ante la mirada de ella. El también estaba sorprendido de poder sujetar el arma.
Según le había explicado Izan, el objeto era de importancia religiosa, asi que solo los creyentes podían sujetarla. No obstante, también pensaba que poseía algún tipo de inteligencia, así que tal vez fuese algo más que un objeto religioso. ¿Sería verdad que la diosa de los elfos velaba también por los humanos? Higar lo había pensado y tal vez fuese cierto, pero el, Wund, no era ningún teólogo. ¿aprobaba la diosa de los elfos sus actos? ¿Era algún tipo de elegido? Elfyn la había tenido en sus manos mucho tiempo, después la sostuvo Higar. Incluso Karyn, la troll, había usado el arma para rastrear a Elfyn en el Torbellino, o el pirata Espada sangrienta. La lista era larga y muy variada.
Pero eso no le importaba. Guardó el arma, vigilando a la mujer, quién le miraba de manera extraña. No le importaba, ya había conseguido lo que necesitaba.
- Venga, ahora hay que irse de aquí – le dijo- Límpiate la sangre y muévete.
Reluctantemente, se puso de pie, apartando la sangre y tratando de quitar los restos pestilentes de demonio de la ropa. Salieron de la sala, donde los cadáveres estaban dejando de humear, llenándola con un olor a podredumbre, igual que un crematorio.
¿Qué estaba planeando este hombre?
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PD: Bueno, pues hasta aquí. Ahora es turno del que quiera opinar, criticar, rajar, felicitar o pedir.
Gracias _________________
Por el honor, la gloria y los camaradas. Larga vida al Azote de sombras.
Mandado: Jue Dic 04, 2008 5:11 pm Asunto del mensaje:
La forma de escribir los capítulos está muy bien, usas distintos sinónimos y expresiones haciendo más amena y profesional la escritura. Tema de descripción de escenas personajes y emociones como siempre muy buena.
En cambio noto como que no avanza la historia. Me explico, de dos capítulos largos que has puesto, siento como que apenas han pasado pocos minutos.
Esto es el final de la historia, ahora es cuando todas las cosas tienen que pasar, y cada capítulo sea imprescindible para el final.
Y a ver si puedes postear más rápido!
Saludos _________________ Kralim, Azote De Sombras, PVP Warrior
Mandado: Jue Ene 01, 2009 8:15 pm Asunto del mensaje: La lagrima de sangre. Capitulo 58
Bueno, Feliz año nuevo a tod@s.
Aqui os dejo lo siguiente.
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Desde lo alto de las murallas, firmes en sus puestos, los centinelas vigilaban las calles, ausentes de cualquier actividad. En otra época, la situación hubiese extrañado, pero ahora, con la ciudad sometida a una permanente ley marcial, era bastante habitual.
Sin embargo, los guardias esperaban, conocedores de los rumores sobre una fuga de prisioneros en la Bóveda, la impenetrable prisión que se alzaba oscura entre los canales de la ciudad.
- Tonterías- declaró uno de los nuevos capitanes- esa es una patraña de la insurgencia, para desacreditar al rey Lozien.
Pese a todo, había reforzado la guardia, mientras llegaban noticias de las patrullas que mantenían el orden en la ciudad. O mejor dicho, no llegaba ninguna. Con el paso del tiempo, la confianza se iba desvaneciendo, sustituida por la incertidumbre y el miedo. Intentaba tranquilizarse recordando donde estaba, en la fortaleza de Ventormenta, la más solida fortificación de la Humanidad. Quien quiera que quisiese tomarla, se encontraría con las balas de los cañones, toneladas de aceite y la determinación de los defensores.
Aún así, paseaba por los muros, intranquilo, revisando por enésima vez los guardias, las cales circundantes y todo.
- ¡Señor! – llamó uno de los centinelas, llegando corriendo- ¡Venga rápido!
- ¡Tranquilícese, soldado! – le regañó- ¿Qué es lo que ocurre?
El soldado le señaló las escaleras que subían a lo alto del muro, “Vienen” –le dijo.
El capitán, sin comprender a que se refería, subió las escaleras. ¿Quién iba a venir?, la ciudad estaba totalmente controlada, nadie se atrevería siquiera a salir a la calle.
A través de las almenas, miró a las cales y enmudeció. Al final de la avenida, doblando la esquina que delimitaba el canal con la ciudad vieja, una formación de soldados avanzaba, enarbolando el estandarte de la casa Wrynn. A la cabeza, un guerrero vestido con una armadura completa y dos espadas a la espalda captó su atención, pese a la distancia.
Casi se cae al suelo de la impresión. No podía ser que él estuviese aquí, a la cabeza de un ejército.
- ¡Todos a sus puestos! – gritó a los soldados, que corrieron a colocarse en almenas, saeteras, cañones, morteros, calderos de aceite y cualquier medio a su alcance para defender el castillo.
En la zona central del complejo, construido bajo la ciudad, Lozien se preparaba, mientras sus brujos y hechiceros terminaban los últimos pasos del ritual. Uno de los ayudantes se le acercó, sosteniendo en la mano un cristal verdoso, cubierto de runas que brillaban con un tenue color rojo
- ¿Has completado tu tarea, discípulo? –preguntó Lozien, mirando al acolito.
- Si, Excelencia –respondió- todos los hombres han recibido uno y están preparados, para cuando llegue el momento
- Bien –Lozien estaba satisfecho con la noticia, un gesto tan simple podía llegar a otorga un poder tan absoluto, sostuvo el cristal en su mano, contemplando su sencilla perfección- Ir empezando el ritual, ya se acerca la hora.
Con una reverencia, el acolito salió, dejándole solo.
- Se han movilizado – le dijeron entre susurros. Miró una de las esquinas de la sala, donde unos ojos le observaban entre las sombras.
- ¿Quién?
- Tienes un ejército a tus puertas y las ratas se han colado en la fortaleza, humano. Suponen una amenaza.
- No hay nada que pueda amenazarnos ahora –respondió Lozien- en cuestión de horas habremos terminado los rituales. Dispondrás de tu venganza y yo lograré lo que me propongo. Luego cumplirás tu parte.
Dio un paso adelante, cuando le volvió a estrujar las costillas, igual que las zarpas de la mismísima perdición.
- Recuerda tu lugar, humano- el enojo empezó a inundarle los sentidos- Los tormentos que tú puedas infligir por los fracasos, no son nada en comparación con los que puedo infligir yo.
- Sssi – respondió, recuperando el aliento- Tengo un plan que destruirá…
Sostuvo el cristal en su mano agarrotada, enseñándolo. En ese momento, la ira se aplacó, pero todavía continuaba presente.
- ¿Lo has preparado? – inquirió…- uhm, si, podría servir.
- No se esperarán algo así – confirmó.
- No falles – le ordenó.
Lozien asintió mientras los ojos se retiraban, dejándole de nuevo solo n la habitación. Esperó unos minutos, recobrando el aliento mientras el dolor se iba mitigando, aunque todavía continuaría presente un rato más. Teía razón al decir que no toleraría l fracaso, igual que el tampoco lo toleraba en sus subordinados. Eso le demostraba la justicia del Señor, que observaba todos sus actos objetivamente. Solo podía esperar el alcance de las recompensas que le brindaría cuando lograse completar la puerta.
Wund mantuvo levantada ante si la espada, mientras Nayra le seguía. Aunque la había soltado, continuaba con las muñecas cogidas por lo cuerda, caminando tras él.
- ¿Qué estás planeando? ¿Vas a traicionar a tu señor?- preguntó Nayra, observando cómo se volvía y el filo se acercaba mucho a su rostro. Sin duda el arma le cortaría por la mitad con un esfuerzo mínimo, pero eso le daba igual. Ya no tenía ningún miedo a la muerte.
- Eso no te importa, mujer. Ahora guarda silencio, tenemos que encontrar…
- Estamos bajando mucho – dijo una voz, resonando por el pasillo.
- Tonterías, humano –respondió otra, mucho más dura, con un acento inconfundible- apenas si estamos a la altura de la alcantarilla. No habremos bajado más de una decena de metros.
- ¿Cómo lo sabes, enano? –le replicó.
- Los enanos no nos perdemos bajo tierra, tenemos instinto para movernos por túneles…
- Como las ratas…
La siguiente respuesta se perdió, confundida en una especie de alarido brutal, seguida de un fuerte golpe y muchas más voces, sin duda una trifulca había estallado unos cuantos metros más adelante. Wund debió reconocer las voces, porque se detuvo, dudando de seguir adelante o retroceder.
- ¡Socorro! –gritó Nayra, aprovechando la oportunidad para lanzarse por el pasillo. Wund quiso cogerla, pero ella se zafó, sin dejar de gritar.
Nayra salió a un ensanchamiento del pasillo, que formaba una sala amplia. Allí, un grupo forcejeaba, intentando separar a un enano que estaba a punto de aplastar a un humano, quien se escurría por el suelo. Al verla llegar, todos dejaron lo que estaban haciendo, concentrándose en ella, con las armas preparadas.
- Ayudadme, por favor – pidió, mostrando las ataduras, pero las armas no se movieron un ápice.
- ¡Tú! – exclamó uno de ellos, sosteniendo una maza en la diestra, avanzó hacia ella. Nayra quiso retroceder, pero se encontró agarrada por la espalda, mientras los demás se mantenían quietos.
- Como deis un solo paso, la mato –respondió Wund, su secuestrador que la había alcanzado
- Suéltala, Wund – exclamó el paladín, avanzando con la maza en alto.
- Me temo que no puedo, amigo mio- respondió este, retrocediendo un paso- No lo entenderías.
- Eres un traidor, no necesitamos entender nada más –dijo el enano, dando un paso al frente, con su gigantesco martillo en alto.
- Le cortaré el cuello si avanzas un centímetro más, enano. No voy a dejar que me detengáis ahora – el enano estaba dispuesto a destrozarle, como correspondía a un traidor, pero se detuvo.
- ¿Por qué? – preguntó el paladín, bajando un poco su arma- hemos sido amigos durante años, hemos luchado juntos. ¿Cuándo vendiste tu alma?
- Por favor, Higar, no te cruces en mi camino, no puedo permitirlo.
- ¿Qué habéis hecho con mi padre? – pregunto otro de los guerreros, más joven.
- ¿Qué estás planeando? – preguntó otro, sin duda un hechicero, con la mirada fija en la espada que llevaba Wund.
Los siguientes momentos quedaron interrumpidos por un estremecimiento de la cueva, que sacudió el suelo y las paredes. Nayra aprovechó para pisar a su secuestrador con todas sus fuerzas, mientras traba de apartase dándole un empellón en el estomago. La gruesa armadura causó que ella se hiciese más daño en el codo, pero la fuerza bastó para que lograra escurrirse y alejarse.
Wund maldijo entre dientes, intentando recobrarse. Tor, manteniendo los pies firmes en el suelo, se lanzó hacia él, aprovechando su debilidad. Wund consiguió esquivarle y perderse por uno de los pasillos. Apenas logró alejarse unos metros, cuando parte del techo se desplomó, bloqueando la entrada. El enano maldijo salvajemente en enano, golpeando los escombros con su martillo.
- Se ha escapado – dijo Izan, mientras el enano seguía golpeando. Una sacudida le recorrió, obligándole a apoyarse en la pared mientas se sujetaba la cabeza. Karyn sufrió lo mismo, mientras Higar avanzaba para sujetarla.
- ¿Qué ha sido eso? –preguntó el paladín, sujetándose la cabeza también.
- Nada bueno – respondió Izan, recuperándose- No había sentido algo así desde...
- Yo no he notado nada – dijo Loric- aparte del temblor ¿Planean derrumbar el castillo?
- Esto es mucho peor – respondió Karyn- esto solo ha sido un conjuro.
- Deben estar preparando algo muy gordo – añadió el mago- sea lo que sea, hay que detenerlos cuanto antes.
- ¿Y que hacemos con ella? – preguntó Loric, ayudando a la rehén- ¿Cómo te llamas?
- Nayra –respondió ella- tenéis que detenerle, es uno de los que masacraron mi pueblo.
- ¿Eres de Resol? –preguntó el paladín- ¿Eres la adolescente que sobrevivió? ¿Conoces a Elfyn?
- ¿De que la conocéis vosotros? –preguntó ella, guardándose ante las preguntas del paladín.
- La trajimos de vuelta, porque necesitábamos su ayuda – explicó Loric- nos ha salvado la vida varias veces ya.
- Puedes fiarte de nosotros, si es lo que quieres – dijo el paladín.
A continuación empezó con las presentaciones, mientras cortaba las ligaduras de sus muñecas. Ella les contó lo poco que sabía, como le había secuestrado y obligado a acompañarla, pero no mencionó nada de la espada.
- Por aquí no podemos pasar – explicó el enano, calmado ya de su ira, mirando los escombros que bloqueaban el camino- necesitaríamos un equipo de mineros y varias horas.
- ¿Qué haría aquí abajo? – preguntó karyn- ¿Escondéis algo en los sótanos?
- Solo hay almacenes y poco más – explicó Higar- no se que podrían querer.
- han estado excavando mucho tiempo en la parte sur – explicó Nayra, interrumpiéndoles- Hay esclavos y nunca he visto volver a nadie de allí.
- ¿Un nuevo sótano? – preguntó Loric- Eso es imposible…
- Puede ser el altar negro –sugirió Karyn.
- ¿Altar negro? - preguntaron todos, mirando a la trol.
- ¿Qué? – respondió ella- Algunos cultistas del filo ardiente, en los interrogatorios hablaban de un templo del consejo de sombras escondido. Pensamos que sería en las estepas ardientes o en cerca del Portal Oscuro.
- ¿Y lo dices ahora? – preguntó el mago, irritado- ¿Qué más nos estas ocultando?
- Nunca encontramos más que vaguedades. Llegué a pensar que era un mito, una patraña para mantenernos despistados buscando algo que no existía. Y estaba aquí…
Karyn sacudió la cabeza. Muy a su pesar tenía que reconocer la astucia de los brujos, nunca hubieran buscado debajo de la capital de la humanidad. Y ahora, lo habían encontrado en el peor momento.
- Podemos ir por aquí – explicó Nayra, señalando otro túnel.
- No vais a ninguna parte, paganos –les dijo otra voz, entrando por otro extremo del pasillo.
- El que faltaba… - dijo el mago, mirando al que entraba.
El sacerdote elfo, el tal Belaldur, había entrado por otro de los pasillos. _________________
Por el honor, la gloria y los camaradas. Larga vida al Azote de sombras.
Mandado: Dom Ene 04, 2009 5:43 am Asunto del mensaje:
Vaya, esta interesante.
Pero no avanzan mucho los capitulos... no se... ahora que es el final pegaría mas movilidad, mas accion ( y ojo, la accion no son las peelas si no mas movimiento en la historia)
Por cierto, si estas mucho tiempo sin escribir se pierde mucho el ilo de la historia
1 saludo fiera _________________ Kralim, Azote De Sombras, PVP Warrior
Mandado: Lun Feb 16, 2009 4:10 pm Asunto del mensaje: La lagrima de sangre. Capitulo 59
Bueno, pues otra vez vamos a la carga, ya con los ultimos coletazos de esta historia.
Quiero terminarla, sobre todo porque ya tengo otras en mente, alguna incluso está en desarrollo, por eso tardo tanto en colgar los capitulos (no hablemos de trabajo, las clases y demas, off)
Pero bueno, os quiero agradecer la fidelidad por haber aguanado el tostón hasta aqui. Espero no decepcionar.
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¿Cómo podía haber sucedido todo tan rápido? – se preguntó Karyn, balanceando su bastón para defenderse.
Encontraron a la mujer, buscando un camino para seguir bajando hasta el sanctasanctórum. Ignoraba donde podía estar, pero una sensación malsana se iba haciendo cada vez más fuerte, así que no les quedó más remedio que seguirla.
Habían bajado por un túnel tras otro, dejando atrás los túneles de mampostería y entrando en otros más toscos y antiguos. Según el enano, eran obra de los orcos, anteriores a la Segunda guerra. Como los habían pasado por alto al reconstruir la ciudad era algo que no se explicaba, pero Tor lo tenía muy claro: “Los humanos no saben excavar” había declarado, como si con eso bastase para explicarlo.
Pronunció una palabra, mientras agachaba la cabeza para esquivar un arma. Su enemigo cayó, retorciéndose de dolor. La punta metálica de su bastón le ahorró sufrimientos, atravesando la yugular. No muy lejos, una salmodia resonaba en sus oídos, en las de todos, era una lengua dulce, elevada, casi como si hablase un ángel. Miró hacia su origen y encontró al sacerdote, Belaldur, dando golpes con su maza ensangrentada a diestro y siniestro. Pese a los movimientos, la lucha y el defenderse, no dejaba de pronunciar su oración, sin bajar el tono. No entendía muy bien el significado, solo se repetía muchas veces la palabra “Elune”.
¿Cómo había pasado de ser un enemigo a luchar junto a ellos? No había hablado mucho desde que se les unió en los túneles. “No vais a ninguna parte” -les dijo-”no es por allí, sino por ese otro túnel”
Les señaló un pasadizo medio oculto entre las sombras, que no habían visto antes. No tardaron en descender mucho más, hasta llegar a una sala mucho más amplia, decorada con grotescos murales. Reconoció orcos, humanos y otras especies, algunas eran demonios, cargando unos contra otros, aunque los humanos eran claramente inferiores.
Débiles, indignos, mientras que los demonios estaban limpiando el mundo. Eso era propaganda del Consejo de Sombras, en la época de Gul’dan. Y todavía hoy la seguía escuchando, cuando atrapaban a los cultistas y los interrogaban.
Y ahora, la propaganda se había convertido en realidad. ¿Cómo era posible? Ninguno de los muchos líderes que habían interrogado había revelado nada. Seguramente no lo sabían, ya que Martilloasesino había exterminado a todos los consejeros de Gul´dan. Si lo había descubierto Lozien, no pudo haber sido por casualidad, alguien se lo reveló, seguro.
Dejó de pensar cuando un acero retorcido chocó contra su escudo. Balanceó de nuevo su vara, centrándose de nuevo en el combate. Le paró un instante, mientras trazó un rápido gesto con una mano. Su plegaria fue respondida, otra vez. Dio gracias por ello, volviendo a concentrarse en lo que tenia delante.
Delante de ella, no muy lejos, estaba Higar, luchando con determinación, brillando mientras a marea oscura rompía contra él. A lo lejos, sobre una larga galería que recorría la parte superior de la sala, estaba lo que le había empujado a lanzarse contra la masa de adoradores.
Wund luchaba contra Lozien, allí en lo alto. Apenas a unos metros, pero podían estar al otro lado del continente, ya que era imposible alcanzar el lugar. En la mano sostenía el arma de los elfos, brillante como la luna.
- ¿Qué está tramando? – se preguntó, viéndole pelear- ¿acaso pretende quedarse con el poder?
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Mientras, en la superficie, continuaba la batalla por las calles de Ventormenta. El castillo se alzaba indemne, pese a la determinación de los asaltantes.
El rey no dejaba de enorgullecerse ante ella, mientras veía como las escaleras caían desde los muros, junto con aceite y piedras, además de cañones.
Ante las inmensas puertas, un grupo de soldados manejaba un enorme ariete, que por algún motivo inexplicable resistía las acometidas de los defensores. Lentamente movía el ariete, estrellándolo una y otra vez contra los enormes batientes, que resistían las acometidas impasibles.
Bajo la gruesa techumbre, donde goteaba el aceite hirviendo y los enormes pedruscos se estrellaban, algunos soldados, sosteniéndose como podían en los travesaños mientras los empujaban.
- Venga, humanos ¿estáis cansados? – dijo una voz, retumbando sobre el estruendo del combate.
- Maldito enano y su arrogancia… -resopló uno de los humanos, un veterano. Alguno más le secundó, gruñendo entre los esfuerzos.
- Kralim Gotreksson empuja como ocho de vosotros, humano. Eso no es arrogancia enana, sino blandez humana.
Tiró de nuevo del travesaño, empujando la pesada cabeza metálica contra la puerta, que se abrió de golpe. Con un grito, Kralim se quitó el hacha de la espalda, avanzando hacia la puerta abierta. Esperó encontrarse con una horda de demonios, pero en vez de una jauría salida del abismo, ante el solo había un grupo de desarrapados, armados con prisas. Algunos luchaban en combate cerrado contra un gran grupo de soldados armados, manteniendo una línea con grandes esfuerzos.
- Venga, enano- le dijo una mujer humana, mayor ya, que sostenía un rifle en la mano. Con un rápido movimiento, se lo echó al hombro y disparó. En las escaleras que subían al almenar, un soldado gritó, cayendo con el pecho destrozado. Con un movimiento rápido, la mujer amartilló de nuevo el rifle, disparando de nuevo. Otro soldado volvió a caer, mientras la mujer bajó el arma- Creía que los enanos luchaban, no se quedaban mirando.
- Ahora verás como luchan los enanos- respondió Kralim- ¿De qué mina habéis salido vosotros?
- De una profunda – respondió ella- Hemos escapado, una elfa nocturna… ¿Dónde está el rey?
- ¿Una elfa…?- respondió el enano, empuñando su arma y cargando contra una fila de soldados- ¡GAAARRGG!
Levantó el hacha con ambas manos, descargando un tajo tras otro, con total y gratuita brutalidad. Los guardias cerraron un cuadro con los escudos ante la ferocidad del ataque, mientras las tropas empezaban a entrar por el portón, invadiendo el patio.
Perdida la ventaja de las murallas, el combate se tornó mucho más sangriento.
El combate estaba resultando muy duro, pero lentamente estaban ganando terreno. Higar avanzaba, secundado por sus compañeros, buscando llegar hasta Lozien, quien combatía contra el veterano Wund. Este mantenía el tipo, pero su adversario era claramente superior.
Karyn, perdida en el caos de la batalla, pudo ver como lentamente una figura se iba moviendo entre los combates. Allí donde se quedaba parado, miraba a los luchadores y uno de los dos caía, muriendo.
Comprendió de repente quien era, al verle mirar hacia Lozien. Apenas lo hizo, cuando un revés de Lozien lanzó a Wund contra la pared, dejándole totalmente expuesto. Este quiso defenderse, pero antes de moverse ya tenía dos pulgadas de hierro metidas en el cuerpo. No hizo ningún movimiento cuando Lozien sacó la espada, acompañada de un chorro de sangre, solo se quedó mirando como goteaba por la negra espada. Quiso decir algo, pero su enemigo le pateó con desprecio mientras se desplomaba, tirándole por encima de la barandilla.
Wund se precipitó al vacío, cayendo al patio inferior, sosteniendo la espada encantada en la mano, igual que si una estrella se cayese del cielo. Con un ruido seco, se estrelló delante de Higar y su grupo.
- ¡Aplastarlos como los insectos que son! –ordenó Lozien desde la balconada a sus hombres, quienes avanzaron hacia el cadáver de Wund.
- ¡Por la Luz que ninguno lo tocará siquiera! – gritó el paladín, avanzando con la maza en alto hacia el cadáver de su amigo y compañero.
Un grito ininteligible surgió de la oscuridad, seguida de un destello y un crepitar, justo cuando la primera línea de hombres estalló en llamas. Higar apenas tuvo tiempo de cubrirse con el escudo, que resistió el calor, aunque se puso a humear, obligándole a dejarlo caer. En un instante observó la situación, mientras Loric y los demás se recomponían del choque, más o menos intactos. Frente a ellos, se notaban los restos carbonizados de algunos guardias, mientras otros sufrían horribles quemaduras.
- ¡Adelante, hermanos míos! –gritó una voz autoritaria- ¡Por la Alianza y por Ventormenta!
Con un rugido, desde uno de los túneles laterales una variopinta fila de hombres y mujeres harapientos, empuñando armas robadas o herramientas, avanzaron a la carga, siguiendo a un hombre mayor, bastante demacrado pero con la mirada llena de fiereza y determinación. A su lado corría un muchacho bastante joven, embutido en la armadura del ejército regular de Ventormenta. Se volvió a escuchar una palabra incomprensible y los guerreros de Lozen, quienes trataban de organizarse para enfrentar esta amenaza, salieron despedidos o estallaron.
- ¿Quiénes son esos? – preguntó alguien detrás del paladín.
- ¡Padre! – exclamó Loric, lanzándose al combate también, reconociendo al anciano que dirigía la carga cuando llegaban a enzarzarse.
- Ese es Julen – dijo Nayra, levantándose torpemente.
- ¿Os vais a quedar ahí parados? –preguntó Elfyn, acercándose a ellos, sujetando la espada que instantes antes estaba entre los dedos de Wund- Un hombre digno, en verdad –comentó, dirigiéndose al difunto y luego al sacerdote- ¿Qué haces tú aquí, Belaldur?
- No te confundas, mujer –respondió este- Tú y yo tenemos un asunto pendiente todavía. Esto solo es un aplazamiento.
- Estamos perdiendo tiempo de matar – exclamó el enano, lanzándose a la refriega.
Todos se miraron, asintiendo. Ese era el momento final, donde se jugaba todo el futuro del reino y del mundo.
El combate se hizo mucho mas encarnizado, perdido el empuje inicial y los nuevos refuerzos que surgieron de las galerías, Elfyn, Higar y los demás no tardaron en verse reducidos a mantener la posición.
Karyn volvió a ver la misma figura de antes, moviéndose entre la batalla. Empalideció cuando le vio acercarse al paladín, y detenerse justo delante de él. Eso solo pudo significar una cosa y se le encogió el corazón antes de pensarlo siquiera. Lucho por llegar junto al hombre, intentando hacerse oír, pero el griterío de la batalla la ahogaba.
Apenas le separaban dos pasos de él cuando Higar gritó, atravesado por el arma de su rival. El paladín cayó al suelo, ensangrentado, mientras Karyn, loca de ira, lanzaba u conjuro que abrasaba al asesino. Al verlo allí, cayó de rodillas a su lado, sollozando, ajena a todo lo demás. Ante ella, indiferente a todo, se erguía la figura, esperando.
- No te lo vas a llevar – le dijo, mirándole con ojos cubiertos de lagrimas- A él no…
- Eso no puedes decidirlo tú, mujer – le respondió- Conoces las reglas…
- ¡Nunca! –respondió ella. En ese momento, llena de resolución, supo lo que hacer. Volvió al paladín, apretando las manos en la herida, concentrándose con todas sus fuerzas. El poder fluyó, llegando a los huesos, los órganos y la misma alma. El hilo era muy fino, pero luchó por mantenerlo unido, reforzándolo y anudándolo, sin importarle otra cosa que no fuera su objetivo.
La batalla, la ciudad, el mundo, no significaban nada para ella, todo le parecía muy distante, a varios universos de distancia.
- ¿Estás segura de lo que haces, mujer? – le dijo- Todavía no es tu hora.
- No me importa – fue la respuesta- Haría cualquier cosa por él, cualquier precio es…
- Sea, pues – respondió, contemplando la resolución de la clérigo. Hizo un sencillo gesto con las manos y el mundo volvió a la realidad.
Karyn se encontró de vuelta en la catacumba, con el paladín sobre ella. Se le notaba cansado, pero estaba vivo.
- ¿Qué has hecho, mujer? – le dijo, sin ningún tono de reproche en la voz, solo mucha pesadumbre. ¿Por qué has…?
- Tú lo dijiste: ¿y por qué no? – respondió ella, apenas con un hilo de voz, sintiendo el sabor metálico de la sangre en su garganta- ¿Por qué no puedo salvar al hombre que amo, aunque él no pueda…?
- ¿Por qué no iba a querer a la mujer más hermosa que he visto en mi vida? – contestó entre sollozos.
- Si fuese cierto… pero no lo es. Yo soy horrible, solo es un hechizo de Elfyn, que no te deja verme…
- Elfyn se limitó a secarte las lagrimas – respondió la elfa, que se encontraba de pie junto al paladín. Dio varias estocadas, apartando enemigos para mantener un círculo.
- He sido una necia, Higar –dijo ella, dándose cuenta al fin de la verdad.
- Perdóname, Karyn, por ser un cobarde y no atreverme…
- No hay nada que perdonar, amor mío – respondió ella, cerrando los ojos plácidamente.
- Karyn, no, amada mía...
Higar se derrumbó, abrazando el ensangrentado cuerpo de ella, gritando de desesperación mientras la acariciaba. Sus pelirrojos cabellos se confundían con la sangre del suelo, pegándose entre sus dedos.
Elfyn les miró, queriendo decir algo, pero no había palabras en ese momento que pudiesen cambiar algo, solo pudo seguir luchando, buscando su enemigo y dándole un final rápido a esto.
Juntó ambas armas, llamando a sus conjuros. Un chorro de fuego despejó el camino ante ella, mientras formaba un círculo alrededor del paladín y la sacerdotisa, levantando una barrera ardiente.
Delante de ella, protegido por el maldito amuleto, estaba Lozien. Su espada chorreaba sangre, igual que su armadura, intacta pese al combate. Lentamente, las manchas parecían moverse, llegando hasta la reluciente gema que colgaba de su cuello. ¿La gema se bebía la sangre?
- Al fin llegamos a esto, eh? – dijo Lozien, mirando al paladín destrozado- No te preocupes, pronto pondré fin a tus lamentos.
- Si algo tengo que lamentar – respondió ella, mirándole con odio- Es no haberte cortado los cojones cuando tuve ocasión. _________________
Por el honor, la gloria y los camaradas. Larga vida al Azote de sombras.
Mandado: Jue Mar 26, 2009 3:24 am Asunto del mensaje:
Siguela, en serio, no he tenido tiempo de leer los ultimos... 20 o 25 capitulos (es broma) , pero queremos que la sigas, da igual que no la termines nunca. _________________ Desde las tierras del sur...
Era el momento final, después de tanto luchar, ahora solo les quedaba observar como Elfyn se enfrentaba a Lozien. Ella había sacado sus dos espadas, que brillaban igual que relámpagos plateados, mientras que su rival esgrimía una hoja larga, negra como la noche. Las chispas saltaban, mientras los dos se atacaban sin ninguna clemencia.
Elfyn era mucho más ágil, como demostraban sus saltos y continuas esquivas, buscando descuidos en la defensa de su rival. Lozien, mas tranquilo, solo mostraba una determinación fría, cruel, mientras paraba y contraatacaba, golpe tras golpe, finta y luego estocada.
Una estocada, seguida de un arco pilló a Elfyn desprotegida, dejándole un tajo en una mejilla, que sangró levemente.
- Ojo por ojo –dijo su rival, observando la herida mientras se acariciaba la cicatriz, resultada de su encuentro anterior.
Elfyn no dijo nada, solo le miró fijamente mientras la herida se cerraba, aunque no con la rapidez de siempre. “Espada vampira” – pensó ella, reconociendo la sensación cuando la espada tocó su carne. El maldito estaba preparado, ya que aunque ella era capaz de regenerar muchas heridas, si la alcanzaba un golpe serio con un arma así…
Julen miró sobre el hombro de su enemigo, mientras este caía destripado al suelo. Tras él, una cortina de fuego dividía la sala en dos. Al otro lado, Elfyn se lanzaba de nuevo contra Lozien, empezando de nuevo un baile mortal con sus armas. Miró de reojo, buscando a sus aliados, Nayra, daga en mano, luchaba con valor, dando buenos golpes a diestro y siniestro. Quiso decirle algo, pero ese descuido momentáneo, un gesto tan simple e inocente, en estas circunstancias se convirtió en un gesto mortal, cuando uno de los últimos estertores de su derrotado enemigo, atravesó su carne con una hoja retorcida, destrozando carne y órganos.
- Maldición – murmuró Julen, llevándose la mano al estomago, sintiendo como la sangre se le escapaba de las tripas. No pudo decir nada más, desplomándose en el suelo.
- ¡NO! – exclamó Nayra, llegando a su lado. Descargó su cuchillo sobre el inerte cadáver varias veces, para luego soltarlo y acercarse al cuerpo ensangrentado del que había sido lo más parecido a un hijo y que ahora se encontraba en sus brazos, en una escena que le era tristemente familiar.
Entre el llanto, escuchó un crujido de huesos, seguido de una exclamación en un lenguaje que no comprendía, pero que le era muy conocido. Entre las lágrimas, vio como el sacerdote elfo aplastaba la cabeza de un hombre, cuyos sesos se desparramaron sobre su ropón. Con un gesto de asco sacudió la sangre de su arma, que se esparció por el suelo.
- ¡Clérigo! –llamó entre el llanto, buscando atraer su atención. El sacerdote no le hizo caso, pero tras varios intentos terminó mirando en su dirección. Se acercó con gesto arrogante, indiferente a los cadáveres y todo lo que le rodeaba. Le miró con esos ojos brillantes, en un gesto de superioridad que rozaba con el desprecio. De ese pueblo, solo había conocido a Elfyn y las historias que se contaban, aparte de alguno que se había cruzado en la ciudad. Había visto de todo en ellos, pero esperaba que los sacerdotes se pareciesen en algo a los clérigos humanos que conocía, llenos de fe y devoción.
Este no, sin duda estaba lleno de fe, pero que rivalizaba con su arrogancia, algo increíble en una persona que supuestamente se había dedicado a la iglesia. Sacudió su arma, limpiando parte de la sangre que recorría la plateada cabeza. Nayra le vio acercarse, casi temiendo por lo que fuese a pasar.
Belaldur se acercó a la mujer y al malherido humano. Allí estaban, incapaces de valerse. ¿Cómo era posible que su raza, tan débil, fuese capaz de tantas hazañas? Era algo que apenas lograba entender. No les debía nada a ninguno de ellos, más bien todo lo contrario.
- ¿Le dejarás morir así? – suplicó Nayra- Es apenas un crio, por favor…
El sacerdote no dijo nada, manteniendo su expresión ceñuda. ¿Qué les debía a estos humanos? Su misión era recuperar la reliquia robada y devolverla a Darnassus, lo demás era insignificante. ¿Qué le importaba a él una vida humana o una ciudad? Tenía responsabilidades claras y determinantes para con su gente y su diosa.
Había tomado su decisión, seguir su camino, pero en el ultimo momento puso la mano sobre la herida de Julen, apretando con fuerza la herida mientras murmuraba una silaba. En un segundo, los tejidos se unieron de nuevo, dejando apenas un resto de sangre en la ropa del muchacho.
Nayra le quiso dar las gracias, pero el sacerdote ya había continuado su camino, ignorando cualquier comentario o agradecimiento. Se acercó al muro de fuego que había levantado Elfyn, aguantando el brutal calor que creaban las llamas. Entrecerró los ojos, buscando ver a través del fuego.
Allí, sobre los cadáveres y los restos de ambos bandos, seguían los dos enfrascados en su lucha, intercambiando golpes sin cesar. Cualquiera de los dos podía acabar con el otro, pero Elfyn parecía estar levemente superada. Paró un arco descendente de su rival, cruzando ambas espadas sobre su cabeza, con un estallido de chispas al chocar los aceros. Ese instante le bastó a Lozien para golpear a Elfyn en el estomago, lanzándola hacía atrás de una patada. Su cabeza golpeó en una roca suelta, dejándola aturdida por el golpe y a merced de Lozien.
Un grito feroz resonó desde un poco más allá. El anillo de fuego se quebró, atravesado por una mole, que aterrizó al otro lado. Tor se incorporó rápidamente, con su barba y su armadura aún humeantes, aferró su maza con ambas manos mientras cargaba contra Lozien. Detrás de él, en el ahora agujerado muro de fuego, entraron varios humanos, uno joven, con el escudo abollado por los recientes combates, seguido de otro más viejo, apenas vestido con harapos y tras ellos, uno vestido con un pesado ropón, rasgado por mis sitios y lleno de mugre. A su alrededor la magia se concentraba, mientras gesticulaba y pronunciaba palabras incomprensibles. De su bastón surgió una salva de rayos mágicos, que surcaron el aire como flechas.
- Estupidos – murmuró Lozien, despreciando esta nueva amenaza, sabedor de que no podían hacerle nada- no sois mas que insectos ante mí.
Sostuvo su espada, lanzando tajos y parando toda la salva del mago, cuyo hechizo se estrello a su alrededor, levantando explosiones allá donde tocaban. Los demás llegaron junto a él, el enano descargando su enorme martillo con toda su furia, acompañado de las rápidas estocadas de ambos humanos. Los ataques que no bloqueaba, saltaban chispas al chocar contra su barrera invisible y eran rechazados, uno tras otro. Cansado de juegos, Lozien pasó a la ofensiva, apartando la maza del enano y llegando hasta el humano mayor. Un mandoble rompió su hoja por la mitad, dejándole desarmado. No tuvo tiempo de darse cuenta cuando le clavó la espada en el estomago.
Apenas toco la sangre, la hoja empezó a chupar toda la sangre que tocaba, absorbiendo la vida de su victima.
- ¡Padre! – exclamó el humano, atacando a Lozien sin pensar, preso de una furia imparable. Este sacó la ensangrentada hoja, mientras su victima caia al suelo, igual que un muñeco roto.
- ¡Ja! – Exclamó, barriendo con su espada en circulo, apartando al humano y al enano, que se había incorporado al ataque- Ninguno sois rival para mi, ni siquiera esa mujer…
- Tú no eres rival para el poder de la Luz y la rectitud – exclamó Higar- Esto se termina… ¡Ahora!
El paladín, de pie ante Lozien, brillaba igual que un avatar de los cielos, sus ojos ardían con justa cólera y en sus manos brillaba un martillo hecho de pura luz, igual que un sol ardiente que llenaba toda la sala, abrumando a los presentes.
Gritó algo incomprensible, mientras avanzaba hacia su enemigo igual que un gigante. Lozien no se amedrentó, solo avanzó a su vez, hasta llegar a pocos pasos de su enemigo. Este lanzó su martillo, que se estrelló contra Lozien igual que un meteorito. Este se mantuvo en pie al principio, pero la barrera se resquebrajó, igual que un cristal, inundando toda la sala con una explosión de luz brillante.
Se disipó finalmente, mostrando el resultado de la furia divina. Lozien había salido proyectado contra la parer, donde había caído de rodillas, sosteniendo en las manos los restos ennegrecidos de su espada vampira, ahora partida en pedazos carbonizados. De alguna manera había logrado sobrevivir a la cólera de los cielos, aunque faltó poco.
- Ni siquiera la Luz puede detenerme – exclamó, viendo que no quedaba nadie más en pie.
- No cantes victoria, humano. Aun no he terminado…
Giró la cabeza, pero apenas vio nada antes de encontrarse sujeto por el pescuezo por una mano de acero, que le levantó en vilo y le golpeó contra la pared. Elfyn escupió sangre, mientras le sujetaba con firmeza.
- ¿Lo recuerdas ahora? – le dijo Lozien, mirándola a los ojos- ¿Recuerdas como…?
- No lo recuerdo –respondió ella- y me da igual a que secta, cábala, aquelarre o culto te refieras.
Lozien la miró directamente a la cara y supo que le esperaba, lo vió en el fondo de sus ojos, reflejado con total claridad.
- Matándome no lograras nada, no impedirás… -balbució Lozien, mientras ella le apretaba la garganta.
- Ya lo veremos –replicó, mientras levantaba su espada con la otra mano.
Un único golpe y el cuerpo de Lozien cayó al suelo, inerme, en medio de un charco de sangre. Elfyn sostuvo la cabeza aun goteante por el cabello mientras daba la espalda al cadáver.
En lo que quedaba de la cueva, un mar de cuerpos destrozados demostraba la batalla librada allí.
- ¿Se… se ha terminado? – preguntó Julen, levantándose junto a Nayra de entre los escombros.
- Eso parece -respondió Nayra- El tirano ha muerto…
En su lado, Loric ayudaba a su padre, quien habia caído de espaldas. Su sorpresa fue grande cuando el anciano abrió los ojos, incorporándose levemente.
- Padre… crei que…
- Yo también – respondió este con voz cansada- Doy gracias a la Luz, hijo mío, por esta merced.
- ¿Estáis todos vivos? – preguntó el mago, sacudiéndose el polvo.
- ¡Argg! – gritó la inconfundible voz del enano, destrozando una roca de un martillazo, mientras sostenía en la mano los restos de una petaca metálica- Esos malditos me han derramado la cerveza. ¡Les matare a todos!
- Si, estamos todos –se respondió Izan, oyendo las protestas del enano.
- Humanos… - murmuró otra voz, mientras apartaba una roca. El sacerdote elfo, Belaldur, se sacudió el polvo del ropón mientras murmuraba algo en su idioma.
Lentamente, todos se pusieron en pie como pudieron, acercándose al paladín, quien permanecia de rodillas, junto al cuerpo de Karyn, la troll. Tor cogió el cadáver de Wund y lo acercó a los demás
- Al final resulto ser un héroe – comentó, dejándole junto a la trol
- Hemos perdido buenos compañeros para terminar con esto –declaró Loric, ayudando a su padre- Pero Ventormenta está a salvo ahora…
- Lozien esta muerto – declaró Elfyn, lanzando la cabeza a los pies de todos- pero esto no ha terminado…
La cabeza rodó un segundo, pero apenas se detuvo cuando una risa grotesca inundó toda la estancia.
- Necios y patéticos mortales –dijo la voz- vuestro mundo y vuestras almas están condenados.
La risa volvió a resonar, mientras todos los cuerpos se movían, igual que la sangre que encharcaba toda la habitación. Los riachuelos fluían por doquier, juntándose en el centro del intrincado mosaico que formaba el centro de la sala. Lentamente se fueron llenando las junturas, completando el patrón.
- Por todos los infiernos – maldijo Tor, contemplando incrédulo lo que sucedia- ¿Qué ocurre ahora?
Mandado: Vie May 08, 2009 1:07 pm Asunto del mensaje: La lagrima de sangre. Capitulo 61
Bueno, pues otro más.
A ver si es lo suficientemente epico para vuestro gusto.
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Ante ellos, junto con el destello de la magia y la creciente sensación de malignidad y poder, se iba completando el conjuro. La sangre llenaba todas las líneas y grabados, fluyendo de manera antinatural, mientras un ruido incomprensible retumbaba por la habitación, creando sacudidas por toda la sala.
- ¿Qué demonios está pasando? – preguntó Loric, apoyándose frente a los temblores repentinos.
- Es una invocación – explicó Izan, sujetándose la frente. El ruido iba ganando intensidad y entonces se dio cuenta de que no era ruido, sino palabras susurradas en un idioma que solo escucharlo bastaba para darle migrañas.
- ¿Que está diciendo? – inquirió Julen, sin saber muy bien qué pasaba. Sabía que era malo, pero no lo acaba de entender- No comprendo una palabra.
- Alégrate de no comprenderlo –respondió Elfyn, frunciendo el ceño. La ristra de maldiciones se intercalaba con las invocaciones.
- ¿Tú lo entiendes? – preguntó Julen, asombrado.
- Tengo… facilidad para los idiomas – respondió ella, sin dar más detalles- Izan, necesitamos una barrera, antes de que…
- No ando muy sobrado de fuerzas, ¿sabes? – respondió el mago, secándose el sudor de la frente. Hizo varios gestos con las manos y el sonido bajo de intensidad hasta ser apenas un murmullo.
Como respuesta, en medio del conjuro empezó a aparecer un cráter, creando un vacio carmesí que lentamente empezó a burbujear. Algo empezó a agitarse, buscando salir, una especie de manos deformes empezaron a salir, buscando donde agarrarse.
- Esto lo terminamos ahora –exclamó Tor, lanzando un grito de furia mientras levantaba el martillo sobre su cabeza.
- ¡Quieto! - exclamó Elfyn, pero el enano no escuchaba, continuó cargando hasta llegar junto al círculo. Alcanzó el mismo, propinando un golpe demoledor a la masa informe. Esta se combó bajo el impacto, con un sonido semejante al de pisar barro. Como respuesta, un tentáculo surgió de la masa, sorprendiendo al enano, quien apenas pudo encajar el golpe. El latigazo le levantó del suelo, lanzándole por el aire. Se estrelló contra la pared opuesta, hundiendo la piedra, quedando espatarrado en el suelo.
- Santo… ¿lo ha matado? – preguntó Nayra, contemplando el destrozo.
- Enano impetuoso – fue todo lo que murmuró Izan.
- Belaldur, mira a ver si puedes hacer algo – dijo Elfyn, mirando al sacerdote.
- ¿Me estas ordenando que cure a un enano? – respondió este, visiblemente molesto.
- Solo es una petición, Bel – respondió ella, haciendo énfasis en la última palabra.
- ¿Vuelves a llamarme así, después de tanto tiempo? Vamos a tener que resolver muchas cosas tú y yo.
Elfyn no dijo nada, pero el sacerdote avanzó para ocuparse del enano, que yacía inmóvil a varios metros de distancia. Mientras, el cráter terminó de perfilarse, y una garra se agarró al borde.
- Yo me encargo – dijo Elfyn, avanzando contra la criatura que empezaba a salir por el agujero.
Había que aprovechar ahora que estaba débil todavía, antes de que ganase demasiada fuerza y causase mucho más daño. Llegó hasta él, todavía recubierto de sangre y bastante desorientado. Una rápida sucesión de estocadas y tajos cortaron su cuerpo en pedazos, tirando la cabeza al suelo.
- ¿No sabes hacer nada más? – se rió la cabeza, mientras unos tentáculos rojos volvían a unir las partes, como si no hubiese pasado nada. Contraataco con un zarpazo brutal, que Elfyn no pudo esquivar del todo.
Se tambaleó hacia atrás, dejando un reguero de sangre de la herida abierta en su costado.
- Dulce… - comentó el demonio, lamiendo la sangre de sus garras.
- ¡Monstruo! – exclamó una voz, atacando espada en ristre. Lanzó varias estocadas, enterrando la hoja en el pecho del ser. Este no hizo nada, limitándose a sujetar a Julen por el pescuezo.
- Patético cachorro humano –maldijo el demonio, levantando al muchacho como si no pesase. Este quiso decir algo, pero apenas podía respirar.
- ¡Suéltalo! –exclamó Elfyn, tratando de incorporárse, con los ojos llenos de ira, brillando como rubíes.
- He tocado la fibra, ¿eh? – replicó burlonamente.
Empezó a apretar más, estrangulando al muchacho, con tanta fuerza que le podría romper el cuello sin demasiados problemas. Julen se ahogaba, notando como el mundo se oscurecía. No tenia nada que hacer contra una fuerza semejante, aunque seguía forcejeando por respirar. Elfyn atacó de nuevo, con furia y desesperación, pero no fue capaz de atravesar la defensa del demonio, al atacar con descuido y furia. Solo faltaba lo mínimo para que le rompiera el cuello, y ella lo sabía, pero no lo iba a admitir nunca. Tenía que tranquilizarse y recuperar la calma, dejar de lado sus sentimientos y emociones, concentrarse en lo que era importante. Tal y como había aprendido, pero ahora no recordaba nada de eso, solo que estaba allí, con una vida en juego y no una cualquiera. Al menos, para ella importaba.
Se lanzó de nuevo para atacar, pero un latigazo la sacudió entera. La herida del costado se le abrió más todavía, sin duda por el esfuerzo, haciéndola caer en el suelo. Estaba perdido, y ella no era capaz de hacer nada.
El demonio disfrutó, sabiendo que eso infringiría más dolor que cualquier suplicio, se dispuso a apretar lo poco que faltaba.
- ¡Basta! – exclamó alguien con autoridad, mientras una oleada de luz golpeaba al demonio. Este gritó de dolor, mientras la luz se apagaba de nuevo.
El demonio soltó a su presa, que cayó al suelo con un golpe seco, tosiendo y escupiendo mientras recuperaba el aire de los pulmones.
- Ya te has llevado a demasiados, monstruo – exclamó Higar- en tu nombre han muerto incontables inocentes, tus sicarios han llevado la miseria y la desesperación a demasiados sitios. Y además, además… No me voy a quedar parado. Tu impía existencia termina aquí.
El paladín avanzaba, sosteniendo la maza brillante en la mano. De alguna manera, la desesperación le había dado una nueva resolución, llenándole de furia. Levantó su maza, gritando versículos de venganza y justa cólera con cada golpe.
- ¡No tolerareis que el mal se extienda! – exclamó, golpeando de nuevo, el golpe sonó igual que el martillo de un herrero al golpear el metal candente- ¡Llevareis la Sagrada Luz a los lugares más recónditos para disipar las tinieblas!
Una sucesión de golpes furiosos llenaron la sala, que retumbó igual que una herreria, con martillazos como truenos en su interior.
- ¿Estás bien, Angi? – preguntó Julen en apenas un susurro.
- Eres un loco, Julen – respondió esta, haciendo una mueca mientras se tapaba la herida, que lentamente se iba cerrando- ¿No te enseñe nada?
- Me enseñaste a ser valiente y te lo demostraré.
- ¡No tienes que demostrarme nada!- exclamó ella, para luego hablar en apenas un susurro- no soportaría que te pasase algo.
- Angi…- dijo Julen, conmovido por lo que acaba de oír. ¿Era cierto? Casi siempre se mostraba tan fría, muy pocas veces se permitía bajar las defensas y mostrar la menor sonrisa.
- ¿Estais bien? –preguntó Nayra, acercándose, junto con Loric, el anciano. Un poco más atrás, Tor intentaba levantarse, mientras el sacerdote le miraba, haciendo algún comentario en lengua elfa.
- Solo necesito levantarme- dijo el muchacho, mientras Elfyn caía de rodillas, sujetándose el costado- ¡Angi! ¿estas bien?
- Perfectamente – respondió ella, aunque la mueca que hizo indicaba otra cosa- Esto es solo un arañazo.
- Y yo soy un orco – contestó Nayra, empujando a Elfyn para que se mantuviese en el suelo. Rasgó unos cuantos pedazos de su falda, improvisando unas vendas.
- Higar no va a aguantar, mujer –Elfyn se revolvió, dispuesta a continuar.
- No le hará ningún bien que desparrames tus tripas en medio del combate.
- Nosotros le ayudaremos – dijo Loric, cogiendo una de las espadas de Elfyn, mientras su padre cogía la otra.
- ¿Qué estáis haciendo? Agg – protestó Elfyn, tratando de levantarse, pero el dolor la sentó de nuevo.
- Deja de moverte – ordenó Nayra, tratando de ajustar las vendas- No estás en condiciones, por mucho que te empeñes.
- Este es nuestro reino, joven -explico el padre de Loric- Corresponde a sus habitantes luchar por él.
- No parece que Elune ponga pegas – añadió Loric, sosteniendo el arma sin dificultad, cosa que antes no había podido hacer.
- ¿Os atrevéis a mancillar la sagrada reliquia? – exclamo el elfo, acercándose amenazadoramente.
- Tendrá un buen uso, no te preocupes – respondieron.
- “Ve con ellos, Bel” – dijo Elfyn, recurriendo al idioma elfo- “van a necesitarlo”.
- En eso te doy la razón – respondió el- vamos, humanos, no quiero perder más tiempo del necesario en este lugar.
Los tres salieron, avanzando para apoyar al paladín, que luchaba con abandono y desesperación que rozaban el suicidio. Era comprensible, no le quedaba ningún motivo para esperar sobrevivir a ese combate, o al menos eso pensaba él. Perdido en su dolor, solo le quedaba encontrar un final digno, que significase algo para honrar el sacrificio de Karyn.
Resistiendo la lluvia de golpes, fruto de la ira y la sed de venganza, el demonio contraatacaba al paladín. Aunque sus martillazos eran demoledores, no conseguía debilitar seriamente a su enemigo, pero no iba a cejar en el empeño.
- ¿Crees que la Luz me puede hacer algún daño, humano? – respondió este, casi riéndose ante la inutilidad del esfuerzo del paladín.
- ¡Argg! – gritó Higar, abalanzándose sobre él con el martillo a dos manos.
- Idiota – fue lo único que dijo, apartándose a un lado, dejando pasar el martillo. Contraataco con un revés, impactando en la coraza del humano. El acero se rajo como papel, llegando a las costillas y los órganos.
Levanto las garras, para rematar a su presa antes de que se diese cuenta siquiera de que estaba muerta.
Y entonces, dos puñaladas le atravesaron el pecho, saliendo en diagonal por sus costillas.
El acero brillaba, cubierto con la sangre roja. Lo miró, extrañado, mientras el dolor empezaba a asomarse en su cuerpo, apenas un pinchazo, casi como el de un insecto.
Se sacudió violentamente, encontrándose con dos humanos, uno joven y otro mucho más mayor. Les apartó de un manotazo, mientras los aceros quedaban enganchados en su carne.
Cogió ambos extremos con las manos, casi sin sentir como cortaba su carne. Hizo fuerza, pero a medida que empezó a tirar, se encontró que las armas no se movían, incrustadas en órganos y huesos. Gritó de dolor, tirando con mucha más fuerza para sacar ambas armas. Ninguna de las dos osciló siquiera, pero siguió tirando, mientras el dolor no disminuía, todo lo contrario. Era como si quisiese arrancarse los órganos del pecho.
Los gritos de dolor ensordecían a los presentes, algunos incluso tuvieron que taparse los oídos. Cuando acabó, el demonio sostenía en las manos ambas espadas, mientras en su pecho se abrían grotescos agujeros, cada uno del tamaño de una cabeza humana. La sangre caía en cascada por ambas, mientras en las espadas quedaban ensartados enormes trozos sanguinolentos, aún palpitantes.
- Ni la Luz, ni vuestra diosa puede detenerme – afirmó, exultante.
- No subestimes el poder de la Madre Luna – exclamó Belaldur, completando unos gestos con ambas manos, para luego unirlas y lanzar un rayo de luz plateada contra el demonio.
El rayó impactó de lleno en el demonio, haciéndole desaparecer en el resplandor. Todos tuvieron que cubrirse los ojos, hasta que todo se oscureció de nuevo.
- ¿Ya está? – preguntó Nayra, incorporándose- ¿Se ha terminado?
- ¿Estamos todos? – preguntó Loric, ayudando a su padre.
- Argg ¿No me habéis dejado nada, humanos? – rugió el enano, arrastrando su martillo, aun muy lejos de estar recuperado, como si le costase respirar.
Había que aprovechar la calma para atender a los heridos. El sacerdote sacó un puñado de viales, del que bebió uno, mientras le tendió el resto a Loric, aunque el desdén en su gesto era más que evidente. Este las fue repartiendo, dándole una a Nayra, quien tuvo que hacérsela beber al semiinconsciente paladín. Lentamente, todos se fueron levantando, mejor o peor.
Elfyn ya estaba de pie, con sus armas en la mano. ¿Cómo las había recogido tan rápido? Iba a decir algo, cuando un temblor ahogó sus palabras.
El circulo de invocación empezó a resquebrajarse, igual que si fuese un cristal. Enormes grietas surgieron, destrozando la roca de suelo, paredes y techo. Parecía un terremoto, pero empezó a soplar un viento terrible, atrayendo las piedras y todo lo que estaba a su alcance, absorbiéndolo hacia sí.
- ¿Qué está pasando? – Julen se agarraba donde podía, luchando contra el viento que empezaba a tirar de él.
- Es el vacio abisal – exclamó Izan, intentando hacerse oír. Luchó contra el viento, poniéndose en pie mientras clavaba su bastón en el suelo. La gema brilló cuando el pronunció una palabra. Sostuvo el báculo con ambas manos, mientras el aire dejaba de soplar- ¡No aguantaré mucho tiempo!
- ¡Corred! - exclamó Elfyn.
Ninguno hizo preguntas, no hacían ninguna falta. Higar, aún malherido, estaba inmóvil junto al cadáver de Karyn, a quién abrazaba. Mientras todos salían corriendo, el estaba como ausente. No le importaba que el mundo se derrumbase a su alrededor.
- Ella luchó para que tu vivieses – le dijo antes de abofetearle enojada- ¿Y piensas desperdiciar eso? No esperaba que fueses tan cobarde para rendirte.
Higar lanzó tal mirada a Nayra que esta se hubiese muerto allí mismo, pero se puso en pie, cogiendo el cadáver en brazos y empezó a seguir a los demás por la salida.
En el centro de la sala, Izan seguía de pie, haciendo un esfuerzo titánico para darles tiempo y que escapasen. Ríos de sudor caían por su rostro, mientras la presión iba aumentando. Finalmente, su bastón explotó, destruido por las fuerzas que trataba de contener. El mago cayó, sangrando por la nariz y los ojos, sus manos y su cara llenas de arañazos por las esquirlas,
El viento empezó a soplar de repente, con mucha más fuerza que antes. El centro de la sala se precipitó en el abismo, tragado por el torbellino que continuó creciendo de tamaño rápidamente. A su alrededor, el mismo tiempo parecía detenerse, los escombros se detenían a mitad de su caída antes de ser absorbidos por la negrura infinita. El abismo era un puro caos, cuya sola visión bastaba para que la cordura se tambalease,
- No es mal final – comentó, sonriendo para sí. Terminar de esa manera, saldando sus deudas con todos y demostrando que un plebeyo, hijo de campesinos, también podía alzarse y colocarse entre los poderosos.
El suelo volvió a hundirse y esta vez la piedra que le sostenía se resquebrajó, inclinándose para precipitarse en el abismo. Se sintió resbalar por la piedra, pero no pudo agarrarse a nada, hasta que un tirón le detuvo.
Movió el cuello, aun dolorido, para encontrarse con Elfyn, quien le sujetaba por el pie, tirando de él contra el viento. Un nuevo tirón y le cogió de nuevo, cargando con él sobre los hombros. Corrió hasta llegar a una escalera que subía, mientras el resto de la sala se precipitaba en el vacío
Lentamente, el vórtice continuó alimentándose con la materia que encontraba a su paso, corriendo por el pasillo justo tras ellos.
- Suéltame o moriremos los dos – le dijo el mago- Ya he saldado mi cuenta contigo y los demás ¡Déjame!
- No te vas a escapar tan fácilmente, mago – respondió esta- ¿Quién te has creído que soy?
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Hasta aqui, otros 7 folios para vosotros y vuestro disfrute.
Gracias por leer. _________________
Por el honor, la gloria y los camaradas. Larga vida al Azote de sombras.
Mandado: Sab May 09, 2009 7:35 pm Asunto del mensaje:
vaya! llegó por fin el nuevo capitulo!
Bueno, en este capitulo he visto algo corta la lucha contra el demonio, parece como si querias terminarll rapido, y piesno que al ser el o uno de los finales deberia ser algomas.. duradero no?
en cuanto a otras observaciones, hay un momento, que es en :
"El rayó impactó de lleno en el demonio, haciéndole desaparecer en el resplandor. Todos tuvieron que cubrirse los ojos, hasta que todo se oscureció de nuevo.
- ¿Ya está? – preguntó Nayra, incorporándose- ¿Se ha terminado?"
Que parece muy rapida la intervencion del dialogo.
en "de nuevo" podria terminarse el capitulo o algo asi poara separar, no se... es solo una sensacion
por lo deasm me ha gustado bastante y como siempre espero el siguiente impaciente _________________ Kralim, Azote De Sombras, PVP Warrior
Mandado: Mie May 27, 2009 9:21 pm Asunto del mensaje: La lagrima de sangre. Capitulo 62
Bueno, pues otra vez estamos aqui.
A ver que os parece.
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Arriba, en el patio de la fortaleza, la batalla había concluido. Los defensores estaban muertos o habían sido reducidos por los soldados del rey. Este caminaba entre los soldados, intercambiando palabras con unos y otros. Se le acercó un oficial, que saludó mientras trataba de recuperar el resuello.
- Majestad, hemos completado la inspección del palacío. Los niveles superiores están limpios, no hay ningún rastro de Lozien o los sublevados.
- ¿Alguna baja? ¿Y los niveles inferiores?
- Ninguna, señor. Hemos encontrado todo vacio, Ningún rastro del paladín Higar y los demás. Algunos criados han hablado sonidos extraños y movimientos en los sótanos del castillo, pero no han sabido decir nada
- Bien, reunir a un equipo y que vengan conmigo a explorar los sótanos. Hay que descubrir donde se han ocultado esas ratas y limpiar su mugre de nuestro reino.
El oficial se cuadró y salió, dejando al rey mirando los muros de su fortaleza. La batalla había sido muy dura, pero cuando cayeron las puertas, los defensores, aunque resistieron duramente, no tardaron en caer ante el ímpetu de los soldados reales. Sus ojos se posaron sobre los esclavos fugados, pese ir armados como desarrapados, con lo que habían podido coger al fugarse, algunos de ellos incluso usando las mismas herramientas con las que habían sido obligados a trabajar. Su arrojo había sido clave para lograr la victoria, abriendo las puertas para que pudiesen entrar en el patio de la fortaleza.
Se acercó a ellos, que al reconocerle, inclinaron la cabeza en señal de respeto.
- Majestad – dijo una mujer, ya mayor, pero aún llena de decisión- Es un honor…
- El honor es mío -respondió este- quisiera…
No logró terminar la frase, cuando un violento temblor sacudió todo el castillo. Temiendo un nuevo ataque, los soldados se prepararon, buscando al enemigo. Uno de los portales laterales se abrió, dejando salir una nube de polvo y restos. Salieron varias figuras, cubiertas de sangre y polvo, que se apartaron de la puertecilla. Estaban huyendo de algo y se encontraron de frente con el ejército real.
- ¡Hay que escapar de aquí! – gritó uno de los hombres, irreconocible tras el polvo y la sangre que le cubría.
- ¿Albrech? – preguntó el rey, reconociendo al hombre, ya entrado en años, un amigo y un aliado de su padre.
- Majestad – respondió este, tratando de recuperar el aliento- Han abierto un portal al abismo y va a explotar…
Como queriendo reforzar sus palabras, un nuevo temblor sacudió el castillo, cayendo algunos escombros al patio, el suelo empezó a resquebrajarse, incapaz de contener la fuerza que se revolvía en su interior.
- ¡Retroceded! – gritó el rey, ayudando al hombre a levantarse.
Obedeciendo, los soldados empezaron a retroceder, evitando los escombros mientas una enorme fisura se abría en el centro del patio. Una luz brillante surgió de la grieta, como si un volcán fuese a explotar allí mismo.
En medio de la luz, pudieron entrever como algo se movía, una especie de pájaro que surgía de la grieta y lograba aterrizar cerca de ellos.
- Es un demonio – dijo alguien al verlo. Tenia garras, cuernos en la frente y unas alas membranosas en la espalda, junto con una cola puntiaguda. Su cara tenía una belleza aterradora, mientras que el brillo de sus ojos podría estremecer a cualquiera. Sostenía lo que parecía un cadáver, pero que se movía aún. Era un hombre, no estaba muerto aún, pero sin duda estaba herido, a juzgar por las gotas rojas que caían al suelo.
- ¡Matarlo! – exclamó otro.
Alguien quiso avanzar, espada en ristre, hacia el demonio que apoyaba la rodilla en el suelo, respirando pesadamente. Apenas dos pasos más adelante se encontró con el plano de un hacha cubierta de runas golpeándole en pleno rostro, rompiendo el casco, la nariz y derribándole.
- Ni siquiera lo pienses, humano – amenazó el enano, colocando de nuevo el hacha sobre su hombro- ¿Dónde te habías metido, elfa?
- No quería quitarte la batalla, Kralim- respondió ella. El humano con el que cargaba se puso en pie, aunque se tambaleaba, todavía soltando sangre por la nariz mientras se orientaba.
- No lo llamaría batalla, apenas si pude desentumecer los músculos. ¿No hay ningún monstruo gigantesco? ¿algo surgido del mismo infierno?
Elfyn no le respondió, simplemente señaló a la fisura. Los temblores habían disminuido, pero ahora de la fisura empezaba a surgir una especie de lava, un liquido de color rojizo que estaba burbujeando, hirviendo. A medida que se calentaba, salpicaba todo el patio, igual que el mar embravecido sacudiría la orilla de la playa.
Una de las olas salpicó, cayendo sobe uno de los soldados que se retiraba. El líquido envolvió al infortunado, que cayó al suelo entre aullidos de dolor. La armadura se fue disolviendo, igual que la carne, hasta que solo quedó una masa irreconocible.
- Ya empieza – murmuró Elfyn, mirando el agujero del patio, mientras el enano se acercaba a ella.
- ¿Qué clase de monstruo es ese? – preguntó Kralim, mirando al charco. Lentamente se empezaron a distinguir formas y oírse ruidos- ¿Eso son gritos?
- Si, los gritos de centenares de victimas- respondió Elfyn, sombria.
- Esa… cosa ¿Se alimenta de sacrificios? ¿eso hacían con la gente?
- Muchos eran inocentes, otros… - Elfyn hablaba, sombría, sin dejar de mirar al patio.
- No hay nada que hacer – terció el mago mientras uno de los soldados le atendía las heridas, intentando tapar la hemorragia. Todos miraban a Elfyn, algunos sostenían aún las espadas, pero ninguno se atrevía a acercarse a ella, solo el enano, al que todos habían visto luchar. Ninguno tenía demasiadas ganas de enfrentarse con aquella arma.
- No hay nada que hacer – repitió- Eso es un portal y a juzgar por el tamaño, capaz de dar paso a un ejército. No sabemos lo que puede entrar por ahí.
- Aquí hay un ejército dispuesto a luchar – contestó uno de los soldados, señalando al otro extremo del patio, donde el rey Wrynn y el grueso del ejercito se agolpaban, expectantes.
Lentamente, del liquido hirviente empezaron a surgir criaturas, retorciéndose mientras iban terminando de perfilarse.
Al cabo de unos instantes, una hueste estaba formada en el patio. Todos eran grotescas parodias de hombres, despojados de todo rastro de humanidad. De sus bocas y extremidades goteaba sangre, igual que de las armas que empuñaban. Tras ellos, el último en salir del pozo, un monstruo de cinco metros de alto. Enteramente formado de sangre coagulada, se erguía amenazador. Contempló a los soldados que se encontraban delante de él, pequeños como ratones. “Si, ratones, insignificantes alimañas” –pensó, divertido, mientras empezaban a formar filas y más filas.
Metió la mano en el lago rojizo, sacando un mandoble encarnado, aún chorreante de sangre. Lo enarboló, salpicando el rojizo liquido antes de hablar en un idioma brutal, semejante a un borboteo.
Ante él, los hombres terminaban de tomar posiciones, con su rey al frente.
- ¡Hijos de Ventormenta! – exclamó- ¡no temáis enfrentaros a este enemigo! ¡Yo, todos vosotros, habéis combatido contra enemigos mucho peores que ese patético demonio! ¡Hoy no es el día en que vamos a caer!
Con un rugido, se lanzó al frente contra la sanguinolenta tropa, partiendo en dos a un demonio del primer tajo. Tras él, los demás soldados le siguieron, cargando contra la hueste con un estruendo de acero.
- Así no van a lograr nada – comentó Elfyn, contemplando la batalla que se libraba en el patio.
Los humanos superaban en mucho a los demonios, pero estos parecían inmunes a la mayoría de los ataques de los soldados. Las flechas y los disparos de fusil, aunque provocaban heridas brutales en la mayoría de los cuerpos, era como si golpeasen en gelatina. Sin embargo, las criaturas si que causaban bajas, derribando hombres con sus brutales tajos.
Kralim comprendió lo que quería decir. Solo donde luchaba el rey Varian, junto con unos pocos lugares más, sin duda donde había armas mágicas. Aunque eso era indicativo de la presencia de poderosos guerreros entre los hombres, no era el caso entre la mayoría de los soldados regulares, cuyas armas apenas hacían daño en los demonios.
- ¿Qué estas esperando, elfa? – preguntó el enano, sujetando nervioso su hacha. En su interior sentía la llamada de la batalla, cada fibra de su ser vibraba por el ansia del combate inminente. Esa si era una batalla digna y estaba mirando desde la grada.
- Así no van a ganar – respondió ella, concentrándose. La clave era el demonio, podía ver como su poder era el que mantenía a los engendros de sangre en este mundo. Si le destruían, todo terminaría.
Y ese era el problema. Le habia atacado con todo en el sotano, incluso le habían atravesado el pecho dos veces con su espada. Eso debería haberle destruido, a él y a cualquier demonio. Sin embargo, allí estaba, más grande y poderoso.
- Tiene que estar en alguna parte – murmuró Elfyn, siguiendo el combate.
- ¿Buscas algo? Me estoy cansando de esperar. Están muriendo allá abajo, mientras nosotros miramos.
- No tiene ningún sentido – comentó ella- si no descubrimos que alimenta el poder de esa criatura y lo destruimos, esta batalla estará perdida… ¡Ahí! Tiene que ser eso.
- ¿Qué has descubierto? – preguntó el enano, intrigado.
- Tengo un plan, pero es arriesgado y seguramente no tengamos más de una oportunidad.
- Esos son mis favoritos – respondió Kralim, sonriendo.
La elfa le empezó a explicar, mientras él asentía lentamente. Era una locura, si, pero bien valía la pena intentarlo.
En el centro de la batalla, el rey Wrynn se batía contra un mar de enemigos. Su coraje animaba a los que le rodeaban, que no retrocedían un apice, luchando con la desesperación de los que no tienen nada que perder. Estaban en su casa, no en una tierra lejana. Allí todos sentían en su corazón la causa, defendían su hogar y a sus seres queridos, muchos de los cuales estaban a escasa distancia de allí, separados por una gruesa muralla y algunas calles. Pero nada de eso les protegería si fracasaban. Bastaba que uno solo de aquellos seres saliese a las calles para que se desencadenase una matanza. Con ese pensamiento en mente, mantenían las líneas, pese al imparable ataque al que eran sometidos y la aparente futilidad de sus ataques.
El peor de todos era el gran sanguinario, que de un solo barrido con su arma acababa con media docena de hombres cada vez, mientras le llovían las balas y las flechas. Grupos de hombres lograban abrirse camino y llegar hasta él, usando sus espadas y lanzas para cortar tendones y músculos, tratando de derribar al ser. Estos valientes eran pisoteados sin ninguna piedad. Un humano, un soldado rubio que había perdido el casco en algún momento, avanzó con la lanza en ristre, esquivando un barrido del gigantesco espadón, hasta que se encontró frente al gigante.
Sin perder impulso, clavó la punta en la espinilla de su enemigo, atravesando la pierna por entero. Eso debió de molestar al gigante, que gritó de dolor. El humano extrajo el arma de la herida, listo para hundirla de nuevo cuando la gigantesca manaza se cerró en torno a él.
- Miserable hombrecillo – pronunció con una voz grave, mientras estrujaba al diminuto humano que se atrevía a herirle.
- !Nunca nos rendiremos¡ – desafío el humano, mientras escuchaba como sus costillas se partían. Con su ultimo esfuerzo, arrojó su lanza contra la garganta del demonio. Este volvió a gritar cuando el acero le cortó la yugular, lanzando al demonio contra uno de los muros laterales. El humano cayó destrozado, perdido en medio del fragor de la batalla.
El demonio se arrancó el arma del cuello, que más parecía un palillo en su manaza y la partió antes de arrojarla a un lado. De improviso varias bolas de fuego cayeron sobre él, desequilibrándole y acabando con algunos de los guerreros que le rodeaban, que ardieron igual que velas rojas.
- ¡Ven aquí, mujer! – exclamó, trazando un nuevo tajo con su arma, buscando alcanzar a la súcubo que volaba igual que una mosca a su alrededor.
Elfyn aterrizó, sacando sus espadas mientras siseaba un desafío. Ambas armas brillaron con fuerza, en respuesta al coagulado brillo del arma del demonio. La mujer apenas llegaba a la cintura del grotesco ser, pero atacó como un torbellino, obligándole a defenderse. El demonio retrocedió varios pasos, lo que reforzó el ánimo de los humanos, que volvieron a presionar con más fuerza, ganando varios metros de terreno.
Julen rugió al ver a Elfyn abalanzarse sobre el gigante, avanzando junto al resto de los humanos. De estar resistiendo a duras penas, ahora pasaban al ataque. Cerca de él se encontraba Higar, Angi y Tor. A los demás les había perdido de vista en el fragor de la batalla. Quizás estuviesen vivos, pero ahora no podía preocuparse por ellos. Bastante era que lograse cuidar de sí mismo y de los que estaban a un metro de él.
Era una de las primeras cosas que había aprendido de Elfyn, en una batalla nada es ordenado ni predecible. A su lado estaban el paladín, con la cara llena de polvo surcado de churretes, fruto tanto del sudor como de las lágrimas. Llevaba horas luchando, tanto en el sótano como en la superficie, y sin embargo aún seguía luchando. No estaba invocando conjuros ni rayos de luz, solo unas sencillas oraciones un rato antes, mientras les tocaba la cabeza. Después de aquello, Julen se había sentido lleno de energía, como si la Luz se introdujese en su cuerpo hasta la medula.
Tor movía su martillo con fiereza y frialdad, como el experto luchador que era. En sus movimientos se notaba desesperación, como si quisiera expiar alguna culpa del pasado.
Una exclamación en un idioma familiar hizo girar la cabeza al enano, mirando a un lado del combate, donde un hacha subía y bajaba en medio del combate. La formación se abrió de un hachazo, dejando pasar a un enano cubierto de sangre, sosteniendo un enorme hacha a dos manos cubierta de runas. Detrás de él, andando a trompicones mientras se apoyaba en el asta rota de lo que debía ser una lanza, se acercó Izan, con media cara cubierta en una venda tosca.
- Seguirme, rápido – dijo el enano, cortando el brazo de un engendro de sangre con un golpe, para luego decapitarle con un revés.
- Hacerle caso – añadió Izan, casi sin aliento.
- Necesitamos llegar hasta la muralla, rápido – dijo el enano, señalando el muro.
Todos miraron donde indicaba el enano, la alta muralla que rodeaba la ciudadela.
- No será fácil – comentó Izan, mirando los demonios que se arremolinaban en torno a las escaleras, luchando por subir los empinados escalones.
- Y pensar que Elfyn dice que sois buenos luchando – comentó el enano- Si os da miedo, iré yo solo.
- ¿Qué dices de miedo? – respondió Tor, lanzándose a la carga. Kralim sonrió al ver su ímpetu, lanzándose tras él. Sería interesante ver quien llegaba primero a lo más alto.
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Elfyn esquivó un nuevo golpe del gigantesco mandoble, encontrándose rodeada de los lacayos del gigante. Varios avanzaron hacia ella, dispuestos a destriparla. Elfyn giró la muñeca, clavando ambas espadas en el suelo, reuniendo energía. Cuando ambas puntas se hincaron en el suelo, un estallido de fuego surgió de su cuerpo, despejando un área circular a su alrededor. Cuando se disiparon las llamas, varios cuerpos cayeron, convertidos en teas humeantes. En el momento siguiente tuvo que saltar de nuevo, pateando al gigante mientras levantaba su espada para lanzar un nuevo golpe.
No era nada fácil, pero tenía que mantenerle ocupado mientras los demás hacían su parte.
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Kralim consiguió alcanzar lo alto del muro, después de abrirse camino a través de la escalera hasta alcanzar lo alto de la muralla. Allí, entre los destrozos del combate, encontró lo que buscaba: las baterías de cañones que defendían las murallas.
Se acercó hasta uno de ellos, apartando las cuñas que lo sujetaban en posición.
- ¿Qué estás haciendo? – preguntó la mujer, observando los manejos del enano.
- Quereis acabar con esto, ¿sí o no? –replicó el enano, sin molestarse en mirarla siquiera- Traer pólvora, una bala de cañón y un cepillo, rápido. Tu, compadre, ayúdame a girar este trasto.
Tor obedeció y entre los dos cogieron el enorme cañón, moviéndole sobre las ruedas hasta que la negra boca apuntó al patio. Nayra y Julen trajeron un barrilete de polvora y una escobilla, mientras Higar cargaba con una bala en los brazos.
- Limpiar el cañón, rápido – ordenó, mientras abría el barrilete- y tu, paladín, iría bien una bendición en esa bala.
Todos obedecieron, sin saber muy bien por qué. En pocos segundos el cañón estuvo cargado y a punto. Ahora el enano estaba detrás, ajustando la mira como un artillero experto.
- Ahora te toca, mago, a ver que puedes hacer para distraerlo.
Izan resopló, pero se irguió mientras trazaba gestos con las manos y pronunciaba palabras incomprensibles. Cerró ambos puños, para luego abrirlos sosteniendo unas esfera brillante en cada mano. Terminó el encantamiento, arrojando ambas contra el patio. Ambas chocaron contra el demonio, haciéndole tropezar. Una grito en elfo salió a la vez que ambas esferas golpeaban al gigante, seguidas de una salva de flechas brillantes que se clavaron en la carne gelatinosa.
El demonio gritó, cuando las flechas disparadas por un regimiento de arqueros elfos, bendecidas por el sacerdote Belaldur empezaron a consumir su carne. Para rematarle, una bala de cañón se estrelló contra su pecho, dejando un enorme agujero en su pecho.
Una gota brilló en el agujero, durante un instante, hasta que un relámpago atravesó en el mismo instante. Allí, en el aire, estaba Elfyn, moviéndose como a cámara lenta. Mientras la gota quedaba tras ella. Ese momento pareció detenerse, mientras la gota se partía en dos, cortada por el filo de la mujer.
El demonio gritó de rabia, mientras la joya se desintegraba en pedazos. Destruida la pieza que sostenía su esencia en este mundo, tanto el gigante de sangre como los pequeños empezaron a derretirse, disolviéndose en el suelo. El lago de sangre del que habían surgido empezó evaporarse, hasta que solo quedó el suelo de roca, sin dejar ningún rastro de la fisura.
Solo quedaron los soldados de Ventormenta, que empezaron a gritar de júbilo al darse cuenta de que habían ganado.
Mandado: Sab Jul 11, 2009 9:06 am Asunto del mensaje: La lagrima de sangre. Capitulo 63, epilogo y extra
Bueno, pues aqui os pongo el ultimo capitulo y final, de esta historia, que tan larga y antigua es en este foro.
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Allí estaba, como si flotase en el aire, dejándose llevar, siguiendo la corriente como hacían todos los demás. Era increíble la paz que se sentía, dejando atrás todas las preocupaciones, como si fuera un mal sueño.
Oyó una voz en la corriente, pronunciando su nombre. Miró a su alrededor, mientras los demás no aparentaban oír nada. La corriente la estaba llamando, empujándola a seguir su camino, pero aquella voz la distraía, trayendo fragmentos de recuerdos, como fogonazos y destellos, todos familiares, pero que no significaban nada. Habían sido importantes alguna vez, pero ahora eran como los murmullos de las olas. Escuchó un nombre, más claro que el resto de susurros. Eso hizo que volviese la cabeza, apartando la vista de su guía, quien continuaba tirando para que se mantuviese en la corriente. Allí, en un brillo celestial, oyó su nombre de nuevo. La corriente seguía tirando, hasta que de repente empezó a recordar, nombres de lugares, de personas, tiraban hacia atrás, mientras que la corriente sigue empujando.
Forcejeó contra la corriente, temiendo que sería una lucha inútil. Hasta que de repente se encontró flotando de nuevo. Por debajo iba quedando el rio de luces, mientras la voz se iba acercando, cada vez más clara. Miró hacia arriba, descubriendo una especie de ventana brillante, de donde surgía la voz que seguía llamando.
Allí, de pie ante la ventana, Higar pudo ver la ciudad. Muchas de las heridas tardarían en curarse, pero lentamente se reconstruiría todo, los edificios y calles. Si, Ventormenta siempre se volvería a alzar, nunca dejaría de avanzar hacia adelante.
Ojala pudiese él hacer lo mismo. No, de alguna manera, ahora que la crisis había pasado, el demonio desterrado para siempre y el rey de regreso a su trono, lo había logrado todo, pero no tenía nada. Los honores, los desfiles, todo estaba vacío para él.
Unos golpes en la puerta le sacaron de sus pensamientos. Seguramente sería la enésima felicitación, o la invitación para un baile.
- ¿Higar? – preguntó Nayra, abriendo la puerta con cuidado.
- Deja la felicitación sobre la mesa – respondió Higar, sin apartar la vista de la ventana- y si es un regalo, ponlo junto a los demás.
- Hay alguien que quiere hablarte, paladín.
- No estoy para visitas. Que deje el recado y ya le responderé.
- Me temo que insiste en verte.
Molesto, Higar se dio la vuelta – No estoy para nadie – iba a decir, cuando le fallaron las palabras. Allí estaba, de pie ante él, vestida con una inmaculada túnica blanca, igual que un ángel.
- Higar – dijo Karyn, incapaz de contener las lágrimas- soy yo, he vuelto…
Higar no dijo nada, no encontraba las palabras. ¿Cómo expresar con palabras lo que se siente ante un milagro? La había dado por muerta y su corazón se había ido con ella.
- No digas nada, amada – respondió Higar, llegando a su lado y abrazándola,
Los dos se abrazaron, llorando de felicidad. Nayra salió sin hacer el más mínimo ruido, cerrando la puerta tras de ella.
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Belaldur se incorporó de la cama, apartando la sabana. Puso los pies en el suelo, sintiendo la alfombra antes de levantarse. Se acercó a la jarra colocada en la mesa, llenando una copa y luego se la llevó a los labios.
Saboreó el liquido, mientras una piel suave le tocaba en el hombro, acariciando su brazo hasta llegar a la copa, que le quitó de la mano, bebiendo un sorbo.
- ¿No puedes dormir, Bel? – preguntó Elfyn, dejando la copa sobre la mesa.
Tapada solo con la sabana, ella se puso a su lado, acariciándole seductoramente.
- ¿Qué nos pasó, Elfyn? – le preguntó, recordando aquellas caricias suaves- Podríamos haber tenido tanto… si no hubieras traicionado…
- Si, pudo haber sido bonito, pero… -empezó a decir ella- No espero que lo entiendas, Bel. Baste decir que fue mi elección.
- ¿Elegiste mezclarte con…? Eso era un crimen imperdonable – le replicó, dolido, soltando toda su amargura- Yo te habría seguido, si me lo hubieras pedido.
Ella se puso delante de él, sosteniéndole la barbilla y mirándole a la cara. Belaldur la miró a su vez, observando no solo su rostro, sino todo su cuerpo. La sabana se descolgó un poco, mostrando más de su piel. Distinguió todas las marcas y las runas productos de la magia vil de la legión, que ahora formaba parte tanto de su cuerpo como de su alma.
- No, habrías intentado seguirme, Bel. Pero a la larga…
- Solo estar contigo era consuelo suficiente, soportaría cualquier cosa. Si solo me hubieras pedido… por la Diosa, el fue un hermano para mí. Todavía hoy voy a visitarle y me acuerdo de ti, de vosotros. Tenias que salir a buscarles, ¿no? Y cogiste la espada, para terminar de rematarlo, añades el sacrilegio a la herejía. Traicionaste todo aquello que…
- Sabes bien que Elune protege lo que es suyo. ¿crees que hubiera podido llevármela así como así? Me la entregaron hace diez mil años, cuando estaba rodeada de sacerdotisas y guerreros más valientes y leales. ¿Por qué escogió a una plebeya? Todavía hoy no lo sé, pero desde entonces intento hacer lo más correcto. Deje que se fueran al exilio hace mucho tiempo y todavía me maldigo por ello.
- Ellos escogieron descarriarse, no lo olvides. Ayudaron a devastar nuestra tierra…
- ¿Ves? – respondió ella- esas cosas hacen que lo nuestro no sea posible. El mundo es más grande que Vallefresno, Belaldur. Llevo años de destierro y me he dado cuenta de ello. Estamos cometiendo muchos de los errores del pasado otra vez.
- Entonces hemos acabado, me temo – respondió el sacerdote- Pensé que podría…
Elfyn puso las puntas de sus dedos sobre los labios del sacerdote, cortando la discusión. Acercó sus labios a los del sacerdote, besándolos con fuerza mientras lo abrazaba. Él respondió a ellos, ignorando todo lo demás. Lo suyo había terminado, si es que alguna vez empezó. En algún momento, la sabana cayó al suelo, junto con la copa, dejando correr el agua por el suelo, pero ninguno le hizo el menor caso.
Se despedirían por la mañana.
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El muelle olía a brea caliente, mezclada con el olor del mar y la pesca. La batalla era reciente, pero los habitantes de Ventormenta se habían dado prisa en empezar a reconstruir su ciudad y sus vidas.
Los barcos mercantes se llenaban de mercancías, mientras otros descargaban productos venidos de multitud de lugares. Empezaban a levantarse andamios, los comercios se abrían y la guardia empezaba a patrullar las calles, manteniendo el orden y devolviendo tranquilidad a las gentes.
- Otra reunión a la intemperie, eh? – comentó Loric, mirando como las olas rompían en el malecón.
- Justo donde empezamos – le respondió Higar, acercándose con Karyn a su lado.
- ¿Aquel no es el sacerdote elfo?
Todos le miraron acercarse, reconociendo a Elfyn caminando a su lado. Llevaba la capucha sobre la cabeza, aunque no tapaba su rostro. A su lado, el sacerdote elfo mantenía una expresión de piedra, sin dignarse a mirar a nadie. Se abría paso como un gigante entre la multitud, a quienes sacaba al menos una cabeza. Ambos llegaron a su lado, aunque se mantuvieron a varios pasos. Ambos intercambiaron algunas palabras en darnassiano.
- Todavía puedes… - empezó a decir el sacerdote.
- Eres insufrible, ¿sabes?
- Pero Elfyn, si tan solo mostrases arrepentimiento, seguramente se podría purificar….
- Hubo una época en que no me habría pensado esa oferta, pero muchos pagaron el precio de mi estupidez. No, Bel, soy lo que soy y no lo lamento.
- ¿No te importa tu alma? Nada bueno sale de…
- Esa forma de pensar nos acabara pudriendo –respondió ella- ¿Es más importante lo que soy o lo que hago? Piénsalo.
Elfyn no dijo nada más, pero se llevó la mano al costado, sacando la espada de su cinturón y poniéndola en las manos del sacerdote. Luego se volvió, acercándose al grupo de humanos, dejando al clérigo en el sitio, sujetado el artefacto en la mano.
- ¿De que hablabais, Angi? – preguntó Julen.
- Un viejo asunto, que ya he zanjado.
- ¿Le das tu espada? ¿Cómo vas entonces…?
- En Resol no me hizo falta – fue la contestación de ella- ¿Qué haces con esa ropa?
- Esto… bueno, como decirlo – empezó a decir- voy a ser paladín.
- He apadrinado su entrada a la academia de…- dijo Higar, adelantándose.
- ¿Le has apadrinado? –Elfyn se acercó al paladín, en un gesto que rozaba la amenaza- ¿cómo te has atrevido?
- ¿Y qué esperabas, Elfyn? – se defendió el paladín- El chico es valiente, hábil y….
- ¿Y por qué te metiste a paladín, hijo? Lo único que conseguirás será que te maten.
- Me enseñaste a ser valiente, a luchar para proteger algo. Si soy fuerte, debo proteger a los que no lo son. ¿no es?
- Si – admitió ella. Eran sus palabras, pronunciadas años atrás, pero ahora…- Hay otras maneras de hacerlo, que no jugándote la vida contra…
- Tú lo haces – respondió Julen.
Elfyn, por primera vez en tiempo, no supo muy bien que decir. Sin duda ella luchaba contra monstruos, demonios y engendros que no tenían nombre. Y ahora, el humano al que ella apreciaba como si fuese… quería seguir sus pasos. Debería llenarle de orgullo, al fin y al cabo, convertirse en paladín era un raro honor, reservado solo a los mejores.
Los dos se abrazaron, mientras los demás miraban. Finalmente, Elfyn soltó al chico, mirándole con mucha atención.
- Lo harás bien – respondió ella, finalmente- tus padres estarán muy orgullosos de ti. Yo lo estoy.
- Esto, Elfyn, ¿te puedo preguntar algo? –dijo Karyn, acercándose- Es sobre el sacerdote, Belaldur.
- Las preguntas mejor que se las hagáis a él – respondió Elfyn, señalando al mencionado, que se mantenía a cierta distancia.
Karyn y Higar se acercaron al sacerdote, quien no dijo una palabra, simplemente les miró un momento.
- Tengo que daros las gracias – empezó a decir el paladín- por todo.
- No hace falta que me las des, humano – respondió el sacerdote- Dáselas a la Dama de la noche.
- Yo también quisiera agradecerte –dijo Karyn- No tenias…
- No necesito vuestro agradecimiento. Solo cumplí la voluntad de la Diosa, agradecerlo a su infinita compasión. “aunque no entenderé por qué” –añadió, recurriendo al darnassiano.
Higar tendió la mano a la mujer, quien se marchó con él, volviendo donde estaba Elfyn y Julen.
- No se que vió Elfyn en él – comentó Karyn.
- ¿ellos dos? ¡Como lo sabes?
- Por favor, Higar. Las chicas nos damos cuenta de esas cosas. No deberías sujetarme la mano así, aquí…
- Me da igual – replicó este.
Había sido un continuo reguero de comentarios, en su mayoría despectivos. Incluso en la corte, sobre todo en la corte, salvo sus amigos, muchos la miraban como un bicho raro en el mejor de los casos. Karyn había hablado con el rey, transmitiéndole la oferta de Thrall.
- Esto no cambia nada respecto a la Horda, sui tu señor espera que…
- El señor de la guerra Thrall no espera nada, majestad. La Alianza no es el enemigo de la Horda, aunque en el pasado hayamos luchado, también es cierto que juntos hemos conseguido cosas que de otro modo hubieran sido imposibles. La tercera guerra, la isla de quel’danas, la fuente del sol, la amenaza de los Quiraji…
- No necesitamos que nos recuerdes el pasado- comentó uno de los consejeros.
Una mala reunión, en conjunto. El rey había expresado su agradecimiento, pero solo había prometido considerar la oferta de Thrall.
- Quizás la paz sea imposible – dijo Karyn- tal vez a lo más que podamos aspirar sea a mantener una tregua.
- No digas eso – le replicó Higar- que no funcione no es motivo para dejar de intentarlo.
- ¿El principio de tenacidad? – sonrió Karyn, con esa brillantez que tanto le gustaba- En la Horda enseñan eso también. La verdad es que nos parecemos mucho ¿Por qué nos llevaremos tan mal?
- Tal vez la Luz lo sepa – respondió el paladín.
Juntos, llegaron junto a la elfa, a quien se había unido Loric, su padre, Izan y Tor.
- ¿Qué has hecho, Higar? – preguntó Loric- ¿Cómo es que renuncias?
- ¿Renunciar? –Karyn le miró, sorprendida.
- No puedo quedarme – respondió- no si tú tienes que irte. Así que solo puedo hacer una cosa.
Karyn le sujetó con disimulo, arropándole. Acababa de escuchar como renunciaba a todo por estar con ella. Decir que eso la emocionaba era poco. Ahora ella tenía que volver a Orgrimmar e informar a su señor.
- Iré contigo, entonces- declaró finalmente Higar- Kalimdor no es un mal lugar ¿y vosotros?
- Hay mucho trabajo aquí, en Ventormenta – declaró Loric- mi padre y yo ayudaremos a reconstruir el reino y que se cierren las heridas. Siempre tendréis un sitio en nuestra casa si lo necesitáis.
- Yo tengo un puesto en la academia de magia, allí estaré, aunque agradecería que no me buscaseis – comentó Izan, acariciándose el brazo que tenía en cabestrillo.
- No esperaba otra cosa de ti, mago –dijo el enano- sois todos iguales. Os encerráis en las torres y laboratorios.
- Al menos es mas útil nuestro trabajo que buscar peleas y beber cerveza, enano – respondió Izan- los que buscamos es erudición y conocimiento.
- Pero ten cuidado con lo que buscas, mago – le dijo Elfyn- no olvides…
- No olvido nada, mujer- respondió este, mirando a la elfa con un enfado nada disimulado. Se dio la vuelta y se marcho, desapareciendo ente la gente mientras se dirigía al barrio de los magos.
- Allá va, un hombre agradecido – comentó Julen.
- No te preocupes por él, tiene su propio sendero que recorrer – le dijo Elfyn, sabiendo lo que realmente molestaba al mago.
- Pero después de todo…
Elfyn no dijo más, mientras Loric y su padre se volvían al palacio, donde tenían mucho trabajo por delante. Julen también tuvo que marcharse, reuniéndose con Serler y Nayra, quienes esperaban en el extremo del malecón, Tor marchó también, murmurando algo de una cerveza en condiciones. Al final, solo quedaron Elfyn, Higar y Karyn allí.
- ¿Y que será de ti, Elfyn? Ya no tienes motivos para esconderte – preguntó Higar- Ventormenta sería un buen lugar para ti.
- Agradezco la gracia que me ha concedido tu rey, pero no puedo.
- Thrall también querrá agradecerte, y seguro que no escatimará…
- Agradezco la oferta, más de lo que pueda parecer, pero no puedo. Un desterrado no tiene ningún tipo de señor, salvo si mismo.
- ¿Entonces qué harás…?
- Seguiré mi propio camino – respondió ella- ¿A dónde iréis vosotros?
- Theramore es un buen lugar para empezar – dijo Karyn- Jaina Proudmoore mantiene buenas relaciones con Thrall. Desde allí, podremos ir a Orgrimmar- Aquí miró a Higar- si a ti te parece bien, por supuesto.
- Como quieras – respondió el paladín- si encontramos un barco…
- Aquel de allí servirá, creo yo.
En la bocana del puerto, vieron como entraba un barco impulsado a vapor, uno que les era muy familiar, totalmente remozado y lustroso.
- ¿No es ese el barco de Trabson? – preguntó Higar, entrecerrando los ojos.
- Un hombre oportuno, en verdad. Podrías venir también, Elfyn.. ¿Elfyn?
Ambos miraron a su alrededor, pero la mujer había desaparecido. Ambos no pudieron más que reírse. Arrancando miradas de sorpresa, junto con algunos comentarios despectivos a los atareados trabajadores.
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Elfyn siguió caminando, desapareciendo entre el ajetreo del muelle mientras regresaba a los canales. No quería alargar las despedidas más de lo necesario. “Si en el fondo sigues siendo una sentimental, chica”- se dijo, mientras esquivaba a un estibador demasiado cargado. El camino principal estaba atestado, así que tomó uno de los callejones laterales, deteniéndose a la mitad.
- ¿A que has venido, Bel? – preguntó, reconociendo al sacerdote en la persona que se alzaba más adelante.
- Toma – respondió este, lanzando un objeto que ella recogió al vuelo en un gesto rápido.
- ¿Esto a que viene? – preguntó, sintiendo el tacto de la vaina y el familiar peso del arma en sus manos.
- En Darnassus no haría más que acumular polvo en una armería -respondió el sacerdote- tu al menos le darás uso.
- ¿Y me la das así, aquí…?
- Por favor, Elfyn. No me voy a humillar delante de unos humanos. Que las bendiciones de la Doncella de la Noche estén contigo. Y gracias, por tratarme como el imbécil que soy.
Elfyn sonrió, pero Belaldur ya había desaparecido tras la esquina. Podría ir tras él, decirle muchas cosas, pero ambos sabían que sus caminos no iban juntos, aunque se volverían a encontrar, seguro.
Se colocó la espada de nuevo al cinturón y siguió caminando, con un extraño jubilo en el alma que no sentía desde hacía mucho tiempo.
Dobló varios recodos y se adentró en un callejón, que era la trasera de una posada, cerca del distrito de mercaderes. Allí, entre los barriles viejos y los olores de basura y desechos, una sombra se alargó, separándose de un lateral y tomando una forma humanoide, cubierta con una túnica sombría, que parecía estar formada de sombras y vapor oscilante.
- Elfyn – dijo simplemente.
- Vaya, ¿ahora vuelves a los trucos de salón? – respondió Elfyn- Heudrizt, ¿o debo llamarte…?
- Paz, por favor, Elfyn. Esta vez no quiero nada.
- Perdona si no me lo creo.
- Bueno, la verdad es que si, pero es algo que te interesa. Mira.
Movió una mano, mostrando una pequeña gema en la palma. Con un gestó la lanzó hacia ella, quien la recogió con un rápido movimiento, posando su mirada en el cristal. Lo reconoció como una gema de recuerdo, usada para guardar visiones y mostrarlas después.
Pasó un dedo por encima, murmurando una palabra mientras dibujaba un símbolo arcano sobre ella. Una larga serie de imágenes se mostraron en ella, representando personas y lugares.
- ¿Qué es esto? ¿Quién…?
- Alguien a quien llevas mucho tiempo buscando, si no me equivoco.
Entonces cayó en la cuenta, sujetando de nuevo la esfera, que casi se le cae de la impresión.
- Como se trate de una broma, te juro por todo lo sagrado que…
- Con esto no jugaría, Elfyn. Pero piensa lo que quieras,
- Esto es – respondió ella, sabiendo dentro de sí que no estaba mintiendo. ¿Acaso tendría en sus manos la clave que llevaba tanto tiempo buscando, aunque nunca se había atrevido?
- Toma, vas a necesitar esto también –explicó, lanzándole un pequeño anillo con runas grabadas en la banda- y si me permites un último consejo, llévate algún compañero de confianza. Con esto estamos en paz, ¿de acuerdo?
- De acuerdo – respondió ella, guardando los objetos mientras la sombra desaparecía, deshaciéndose en el viento.
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Esperó junto a la puerta de la posada, hasta que esta se abrió, dejando salir el escándalo durante un momento hasta que la puerta se cerró de nuevo.
- Es de mala educación interrumpir una jarra de cerveza – refunfuñó el enano, limpiándose la espuma de la barba antes de colocarse el hacha de nuevo sobre el hombro – ¿Qué es tan urgente?
- Necesito tu ayuda – explicó ella.
- ¿Elfyn, la famosa cazadora, pidiendo ayuda? Se está volviendo algo muy frecuente
- ¿cuento contigo o no? – preguntó ella.
- Sabes que si, mujer, solo bromeaba- respondió el enano- ¿de que se trata?
- Es un asunto de familia. Algo personal, muy personal…
- ¿Adónde vamos?
- ¿Acaso importa, Kralim?- respondió ella, poniendo una mano sobre el hombro del enano.
- No, no importa – respondió este. Fuese a donde fuese, estaría dispuesto a seguirla. Además, si se trataba de un asunto de familia, de clan, temas sagrados para un enano.
En un momento después, un destello de luz se produjo y en la puerta de la posada no quedó ningún rastro de ellos.
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Bueno, pues aqui termina esta historia. Imagino que alguno tendra preguntas, ganas de saber, quejas, criticas, y demas.
No os corteis.
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PD: esto es una prueba que estoy haciendo, a ver que tal se me da el terror. ya me contareis.
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La noche les rodeaba, cubriendo todo con su sombra. Phil pateó el suelo de nuevo, mientras intentaba tragarse los estornudos. Maldijo el frío, mientras volvía a patear el suelo. No era mucho, pero por lo menos ayudaba a entrar en calor.
Menuda noche para tocarle guardia, allí, en medio de las infames tierras de la Plaga. A lo lejos, resaltando sobre el oscuro cielo, cubierto de las eternas nubes causada por la brujería de los nigromantes, podía distinguirse el resplandor de las llamas, que consumían la ciudad de Stratholme desde hacía años.
Sin duda todavía estaba ardiendo su casa, junto con todos los lugares que había conocido. Lugares, personas, familias enteras, exterminadas en sus lechos por el príncipe traidor. Pero eso no era lo peor, sino que después muchos de ellos, terminasen convertidos en zombis sin mente al servicio de los Malditos, empujados a devorar a sus compatriotas…
Y por eso estaba aquí, unido a los pocos que aún luchaban contra la tiranía de la no-muerte. Era un giro curioso, pasar de zapatero a soldado del Alba argéntea. Si su padre le viese ahora, después de haber removido cielo y tierra para conseguir una dispensa para su hijo, ahora este había corrido para unirse al ejército, después de enterarse que su ciudad había sido arrasada, junto con el resto de su país.
Los últimos años los había pasado luchando contra las innumerables hordas de no muertos, pero de poco había servido.
Volvió a patear el suelo, mientras un escalofrío recorrió su cuerpo. Esta vez no pudo ocultar el estornudo, aunque se acercó un poco más al brasero. Apenas si quedaba algo de brasa, pero el comandante había ordenado mantener las mínimas luces y eso incluía las hogueras para alumbrar el perímetro. Algo necesario, pero no le gustaba, y más en un invierno tan frio.
No mucho después, un tintineo de armas junto con unos pasos firmes, semejantes a los pasos de un animal se acercaban a su puesto.
Según la norma, se cuadró ante él. Era un vindicador, un paladín de los draenei, había venido con su gente desde el mundo natal de los orcos. Afirmaban seguir a la Luz, en forma de unas criaturas llamadas narus o algo así. Tal vez su aspecto no fuera muy humano, pero luchaban bien contra la plaga. Y ya había llegado a dejar de importarle si eran humanos, enanos, elfos o incluso orcos, mientas luchasen contra la plaga.
- ¿Cómo va todo, soldado? – le pregunto, hablando el idioma con un fuerte acento.
- Sin novedad, señor – respondió, cuadrándose- parece que esta noche no se moverán.
- Roguemos a la Luz por que sea así, soldado, pero no podemos descuidar la vigilancia.
- Sí, señor – confirmó el soldado, intentando no estornudar.
- Una noche fría, soldado. Esa hoguera hace poco ya, ¿No?- dijo el draenei, mirando los tenues rescoldos junto a ellos.
- Apenas queda brasa, señor.
- Si – el paladín sonrió, acariciándose los tentáculos que formaban una especie de barba. Llevó una mano a una cantimplora que colgaba de su cinturón y se la tendió.
Phil olió el alcohol cuando abrió el tapón y lo cogió, agradecido mientras bebía un trago. El licor le calentó la garganta y el resto de las tripas mientras seguía bajando. La tapó y se la devolvió.
- Esto que quede entre nosotros ¿De acuerdo? –le dijo el draenei, guardando la cantimplora en el cinto.
- Como diga, capitán…
- Klan –respondió el vindicador- Tú eras Phil, no? ¿Has visto a Xyonaien?
- ¿A quién? – Los nombres de los draeneis que se habían incorporado a su regimiento eran todos impronunciables, tanto los masculinos como femeninos.
- La llamáis Xyona –explicó el paladín- Tiene piel azul oscuro, cuernos como los de un talbuk, unas pezuñas magnificas y es muy guapa…
Phil no entendía lo que le decía, al menos no comprendía las ideas de los draeneis sobre belleza física. Si tenían pezuñas y cuernos como las cabras, ¿Cómo podría llamar hermosura a algo así? La única diferencia entre hombres y mujeres estaba en la complexión. Unos eran enormes, mientras que las mujeres eran más menudas.
- Va con un espadón y lleva un rifle equipado con una mira telescópica de este tamaño-hizo un gesto con las manos, marcando la distancia. Phil la reconoció, solo había una mujer draenei que llevase un arma así.
- ¿Un rifle? Si, pasó por aquí hace un rato – explicó Phil- No me dijo nada, solo miraba al horizonte. Se fue por allí.
- Gracias – respondió Klan, siguiendo la dirección que le señalaba el humano.
Phil le vio alejarse, metiéndose en la noche. No quiso entender lo que pretendía el paladín yendo detrás de una mujer que parecía más un animal de corral, pero había visto a demasiados compañeros perder la cabeza por unas piernas bonitas.
- Ya queda menos – se dijo, acercándose más a la hoguera. El licor del draenei le había calentado las tripas, pero no tardaría mucho en pasar el efecto.
Una nueva patada en el suelo, que vieron unos ojos ausentes, a cierta distancia, mientras un gemido abismal salía de una garganta que había perdido la capacidad de hablar mucho tiempo atrás. Antes ordenaba al rebaño a centenares de metros, pero ahora se había convertido en una maquina sin mente, que solo obedecía a un impuso: alimentarse de los vivos.
Y junto a él, muchos más, zombis movidos por una voluntad oscura, que se movían como un rebaño al que guiaba un pastor, para que se alimentasen de los desventurados que todavía osaban oponerse al señor de la plaga.
- Adelante, criaturas mías – dijo el nigromante- Ya es hora de que vean la grandeza de servir al Señor…
Con un gesto suyo, la manada de necrófagos empezó a caminar hacia el desprevenido campamento, iniciando pasos tambaleantes mientras sus podridos miembros obedecían la voluntad de su amo.
Klan caminó algunos metros, hasta que distinguió la forma de Xyona en lo alto de una roca. En sus manos manipulaba el rifle que manejaba con tanta pericia. Multitud de demonios, orcos, elfos de sangre y animales habían caído ante su poder en el pasado, y ahora caerían no-muertos.
Dio varios pasos más, hasta que escuchó el ruido del cerrojo al montar una bala en la recamara. Se detuvo, sabedor de que un movimiento en falso podía costarle muy caro. Ya le tendría encañonado y seguramente le haría un nuevo diseño en los cuernos de un balazo.
- Saludos, Xyona – dijo, manteniendo la tranquilidad.
- ¿Qué haces aquí, Klan? – preguntó ella, bajando el arma, pero sin soltarla.
- Daba un paseo – respondió, bajando los brazos- ¿Siempre tienes que estar a la defensiva?
- En este mundo nunca se sabe – cambió el arma de mano, colgándola de su espalda- y esta tierra no me gusta nada, apesta a enfermedad.
- Por eso estamos aquí, Xyona. No podemos dar la espalda a una perversidad de este tamaño.
- Eso dijiste cuando nos convenciste para venir aquí – replicó ella- Y que tendría ocasión de medirme contra monstruos y aberraciones gigantescas. Solo he matado perros rabiosos, defendiendo a los orcos – Casi no logra pronunciar la frase- y eso es vergonzoso para mí. Soy cazadora, por amor de los naaru. Y aquí parezco una pastora, protegiendo un rebaño. Tendría que haber ido con el enano, el tal Nesingwary.
Se notaba su frustración en cada silaba. Ella, una cazadora de renombre, ahora estaba aquí, convencida en buena parte por él. Detestaba a los orcos, no era ningún secreto, y además, más de una vez había estado tentada de disparar al orco primero y luego a la alimaña.
- Ten un poco de paciencia, mujer – le pidió Klan- La Luz provee a los que saben esperar.
Le iba a replicar, cuando un grito ensordecedor salió del campamento tras ellos. Junto con quejidos guturales de ultratumba, las alarmas saltaban y los soldados se levantaban para defenderse. Klan salió corriendo hasta volver al campamento, seguido de cerca por Xyona. Al volver junto a las tiendas, encontraron una manada de zombis, junto con bestias contrahechas y que les doblaban en altura, devorando a los soldados más desafortunados, mientras algunos lograban formar pelotones y parapetarse para repeler el ataque.
Klan, invocando al profeta Velen, sujetó su mazo de cristal, que brilló con los poderes concedidos por el naaru antes de estrellarse contra la podrida cabeza de un zombi.
- ¡Adelante, hombres! – exclamó en común- ¡No temáis, pues la Luz nos protege! ¡Destruiremos a estas bestias con el poder de los Naaru!
Dio una patada al suelo, mientras gritaba el nombre de la Luz. A su alrededor, el suelo se iluminó, brillando con el poder divino. Varios necrófagos entraron en el círculo, pero apenas pisaron la carne muerta empezó a consumirse. Las podridas gargantas gimieron en lo que hubiera sido dolor, pero ahora era un murmullo incomprensible.
Animados por el ejemplo del paladín, los soldados empezaron a agruparse, formando un frente conjunto para resistir la ola de no-vida que amenazaba con devorarles. Klan barría con su mazo en amplios arcos, segando las filas de zombis que se acercaban demasiado.
Un nuevo golpe aplasto la pierna de un zombi, que cayó al suelo. Klan se volvió para enfrentarse al nuevo monstruo, una aberración de casi tres metros de alto, dotada de cuatro brazos y armada con cadenas y gruesos ganchos de carnicero. Levantó de nuevo su mazo, pronunciado una salmodia. En respuesta, el poder le inundó, encendiendo sus ojos y el resto de su armadura. Antes de que descargase el demoledor golpe, uno de los necrófagos logro arrastrarse y agarrarle por los pies, derribándole.
El zombi se arrastró por encima de él, buscando morderle el cuello. Klan quiso buscar su mazo, hundido en el barro a varios centímetros de sus manos, pero el peso del zombi no le permitía alcanzarlo. Dejó de intentar coger el arma, aferrando la calavera cuyos negros dientes clamaban su carne. Hundió los pulgares en los ojos, sintiendo como los pútridos globos reventaban, soltando hediondos fluidos, pero el monstruo no lo sintió siquiera, continuando con su inhumana determinación para alcanzar su cuello.
Klan, sin que su resolución flojease, pronunció una palabra. En respuesta, la cabeza empezó a arder, mientras la negra energía que la animaba era consumida por la rectitud y la fe. La cabeza y parte del torso explotaron en llamas ante el exorcismo, dejando un negro cadáver sobre él, que apartó con repugnancia. No tuvo tiempo de celebrarlo, teniendo que rodar para evitar uno de los retorcidos ganchos de la aberración, que arrancó parte del suelo.
Un nuevo bramido de la bestia mientras alzaba el brazo en el que sostenía una enorme hacha de carnicero fue interrumpido por la seca detonación de un rifle mientras parte del enorme y grasiento hombro explotaba con el impacto de la munición, soltando nauseabundos vapores verdes. Un nuevo disparo acertó en el brazo que sujetaba el hacha, arrancando la mano que la sostenía. El mortífero instrumento cayó al barro, junto con el muñón, varios centímetros a la derecha del rostro de Klan. La bestia se olvidó del paladín, centrando la atención en el nuevo atacante.
Varios metros por detrás, Xyona manipulaba el cerrojo de su rifle, poniendo un nuevo proyectil en la recamara, mientras la bestia se acercaba a ella. La cazadora, con la calma que da la experiencia, se llevó de nuevo el arma a la cara. Los metros que separaban ambos iban desapareciendo, hasta que la boca del cañón se iluminó. El proyectil acertó en el rostro de la criatura, reventándolo igual que una calabaza podrida, el resto de la criatura cayó a los pies de la draenei, quien abrió de nuevo el cerrojo del arma.
Xyona cargó un nuevo proyectil, mientras lanzaba una significativa mirada al vindicador. Este se levantó, asintiendo a la cazadora mientras recogía su mazo. Esta sonrió con satisfacción, aunque se volvió al ver como la expresión de Klan cambiaba. Intentó levantar de nuevo su rifle, pero una guadaña se precipitó sobre ella, derribándola. Con esfuerzo se puso en pie, apuntando a la nueva monstruosidad que la atacaba. Apuntó en un instante, disparando un solo tiro, que entró en la grasienta frente del engendro. La bala atravesó huesos y hediondos sesos del monstruo, que explotaron igual que una calabaza podrida.
Un humano vestido con un casco en forma de cráneo se acercó, como surgido de la niebla verdosa que manaba del cadáver, sosteniendo un bastón similar a una madera quemada. Xyona abrió la recamara una vez más, preparando un nuevo proyectil, pero el cerrojo se atascó, negándose a encajar en su lugar. El nigromante sonrió con malicia, mientras la mujer tironeaba del mecanismo, regocijándose viéndola con miedo. Pronunció una oscura silaba, señalando al supurante cadáver. Como una respuesta, este empezó a retorcerse, hasta que el gordo estomago explotó, lanzando una lluvia de tripas y fluidos apestosos. Aún goteando las entrañas, varios esqueletos formaron, sosteniendo armas retorcidas y sanguinolentas. Las vacías cuencas se encendieron con malignidad, mientras los huesos chasqueaban, aprestando sus armas y avanzando sobre ella. Xyona dejó de forcejear con el cerrojo, tirando el arma a un lado. Sacó su mandoble, lanzando un brutal arco descendente. Uno de los esqueletos cayó, con la caja torácica y la columna partidas en pedazos. Por desgracia, el filo se incrustó en las vertebras y no salía, dejándola indefensa. Intentó recuperarse, pero las hojas goteantes cayeron sobre ella. No llegó a gritar cuando se desplomó en el suelo. Los esqueletos se quedaron sobre ella, clavando las espadas una y otra vez en la carne de su víctima. Solo se escuchaba el sonido de la carne al hendirse, junto con los chasquidos de los huesos al moverse, hasta que quedaron satisfechos.
- ¡Xyona! – exclamó Klan, intentando llegar junto a ella. El nigromante golpeó con su bastón en el suelo, llamando a sus negras artes. El suelo empezó a abrirse, mientras huesudas manos se abrían camino en la tierra.
Una hueste de esqueletos formó una barrera ante ellos, levantando herrumbrosas armas y escudos mientras el nigromante se reía. Klan sujetó su mazo, preparándose para luchar. A su alrededor, el resto del campamento estaba asediado por todos lados. “¡Por Argus!” gritó Klan, lanzándose contra los esqueletos, quienes levantaron escudos y espadas igual que soldados vivos.
Por encima de la lucha, la risa del nigromante continúo imponiéndose, mientras la resistencia se iba desmoronando. En unos pocos minutos, solo quedaban unos pocos que se dieron a la fuga, derrotados por la superioridad de la plaga.
Les dejó irse, para que pudiesen contar la historia de su derrota y transmitir el terror a los vivos.
- Se acerca la hora – dijo una voz en la cabeza del nigromante, una repleta de autoridad y amenaza.
- Sí, mi señor – respondió este, inclinándose reverentemente- todo se hará según vuestra voluntad.
Los acólitos fueron llegando, empezando a reunir los cadáveres aún frescos del campo. Degollaban a los moribundos y amontonaban los cadáveres en los carros, junto con armas y restos de armaduras. El nigromante pateó un enorme martillo de cristal que estaba tirado en el suelo, mientras seguía supervisando los cuerpos. Humanos, orcos, elfos, enanos y más, todos eran apilados como sacos sin demasiados escrúpulos. Pronto servirían con orgullo en las filas del ejército del rey Exánime, llevando la destrucción a los vivos. _________________
Por el honor, la gloria y los camaradas. Larga vida al Azote de sombras.
Mandado: Sab Jul 11, 2009 11:42 am Asunto del mensaje:
Terminar una historia en la Taberna sí que es algo épico y digno de mención. Te felicito, Elfyn, eres de los pocos que han aguantado las mareas de la inspiración literaria con la suficiente estoicidad como para llegar al mejor de los puertos posibles: el final de una historia.
Además es taaaaaaaaan larga... ¡Sí señor!
Espero poder leerla en cuanto pueda, pues disfruté bastante con Guerra en Theramoore y tu narrativa ya me es algo familiar.
De momento dejaré esto por aquí, eventualmente lo convertiré en sticky y pasará a la inmortalidad en la Biblioteca.
Mandado: Sab Jul 11, 2009 12:08 pm Asunto del mensaje:
Solo decirte, felicidades. Me lo acabo de leer (porque aunque no postease en cada capítulo yo iba siguiendo xDD) y ha estado bien.
En cuanto a la escritura, lo típico, algunas tildes y poco más.
En cuanto a la historia, sinceramente hace taaaaaaaanto que se empezó que no me acuerdo del principio, tendré que volvérmelo a leer, pero en conjunto sigo la trama.
Una queja: En el epílogo, aunque sean más importantes Higar, Karyn y Elfyn, no les has dado nada de importancia a la hora final (de despedida) a Izan y Tor, dos personajes que al menos a mí me han encantado durante el trayecto de la obra ^^.
Evidentemente si hay que votarla, ¡ya tienes mi voto!
Espero que nos sorprendas en un tiempo con otra historia (aunque con esto ya puedes jubilarte de colgar historias en wow-esp xD) y gracias por colgar esta aquí, ha sido interesante de leer ^^. _________________ 87451232549087. 6.
,1.
Mandado: Dom Jul 12, 2009 4:52 am Asunto del mensaje:
Me ha encantado!
Ha sido de los mejores si no el mejor capitulo de la novela. Me ha encantado como has dejado las cosas en su lugar y como has dejado la intriga de la continuacion de otra historia. De veras, increible el capitulo.
Solo te resalto una queja, y es que no has precisado bien todo lo referente a la lagrima de sangre. queda un poco indecisa su funcion, y no sabemos de donde salio, porque estaba ahi...
por lo demas espero impaciente la historia que sigue! promete mucho!
1 abrazo y ahora mismo te pongo mi voto! _________________ Kralim, Azote De Sombras, PVP Warrior
Mandado: Dom Jul 19, 2009 8:01 pm Asunto del mensaje:
Ya no hay votos necesarios para ir a la Biblioteca u.u
En toda la Taberna no llegamos a los 10 usuarios, así que es ridículo pedir 10 votos si acabamos tirando de amigos para votar que ni han leído el 1er capítulo.
Mandado: Mie Ago 19, 2009 11:27 pm Asunto del mensaje:
A la Biblioteca ahorita mismo.
Muchas felicitaciones, Elfyn, por haber completado esta historia.
Un saludo, camaradas.
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